La escalada bélica activa un estado de alerta energética sin precedentes
Expertos declaran a 'Público' que la crisis derivada de los ataques de EEUU a Irán no se resolverá si no se invierte en renovables para lograr una soberanía energética real.

Madrid--Actualizado a
Durante la guerra árabe-israelí de 1973, los países de Oriente Próximo embargaron la exportación de petróleo a los occidentales, lo que derivó en la conocida crisis del petróleo. El geógrafo David Harvey en La condición de la posmodernidad (Amorrortu, 2017) recuerda que este shock exacerbó la recesión de la época y conllevó "un período complicado de reestructuración económica y reajuste social y político". Precisamente esta situación de emergencia también llevó a que los países crearan la Agencia Internacional de Energía (AIE) en 1974. La misma entidad, formada por una treintena de países –incluido España– ha anunciado esta semana la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia y alerta de que nos enfrentamos a "la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial".
"Las economías contemporáneas siguen siendo estructuralmente dependientes de los combustibles fósiles, y sufrirán más aquellas que lo sean en mayor medida", declara a Público Alberto Garzón, exministro de Consumo e investigador en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB). "La magnitud del impacto dependerá en particular de la duración del bloqueo del estrecho". Tan solo en el mes de marzo, la AIE ha estimado un desplome del bombeo de ocho millones de barriles diarios. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha informado de que a España le correspondería liberar "algo más de 11 millones de barriles" de los 400 millones acordados por la AIE.
Ecofascismo de EEUU ante el declive del 'fracking'
"Hablamos de ecofascismo, de autoritarismo ecológico, que parece abstracto, pero siempre ha sido muy material", valora a este medio Marcel Llavero, coordinador del Atlas Global de Justicia Ambiental en la UAB. "Es evidente que tenemos unas élites, unas minorías globales –sobre todo en Estados Unidos– que oprimen, y establecen sus normas por encima de los demás, jugando con los desastres ecológicos y con generar escasez de las cosas más básicas como la energía".
No es la primera vez que nos encontramos con esta estrategia. En Breve historia del neoliberalismo (Akal), David Harvey comenta que "gracias a los informes de los servicios de inteligencia británicos, ahora sabemos que Estados Unidos estuvo preparando activamente la invasión de esos países en 1973 en aras a restaurar el flujo de petróleo y provocar una caída de los precios". Las operaciones actuales de Washington tienen lugar en medio del declive del fracking, el método mediante el que extraen crudo y gas. El Despacho Oval –ocupado tanto por demócratas como por republicanos– encontró en la Cuenca Pérmica de Texas un vergel a explotar, pero parece que tiene los días contados.
La Administración de Información Energética de EEUU (EIA, por sus siglas en inglés) prevé una "moderada" reducción de crudo para el 2026. En concreto, la entidad pronostica una producción media de 13,5 millones de barriles diarios, 100.000 menos con respecto al promedio de 2025. La empresa de inversión Goehring & Rozencwajg, dedicada a la investigación en el sector de los recursos naturales, también apuntaba en su informe del pasado mes de agosto que la industria estadounidense podría estar acercándose a su "crepúsculo". Marcel Llavero critica cómo "cuando las crisis ecosociales se recrudecen y los recursos escasean, tenemos esta lógica donde unos pocos quieren seguir dominando".
Echar mano de las reservas
Del mismo modo que los países árabes embargaron la exportación de petróleo en 1973, Teherán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz, por el cual se transporta el 20% del gas y el crudo mundial. Precisamente para tratar de evitar una situación como la vivida en los setenta, los países miembros de la AIE están obligados a mantener reservas equivalentes a al menos 90 días de importaciones de petróleo. En caso de crisis, la organización puede proponer la liberación de parte de esas existencias para aumentar la oferta de crudo y reducir la presión sobre los precios.
Las existencias estratégicas están compuestas por gasolinas, destilados medios y fuelóleos, además de una parte significativa almacenada en forma de crudo. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), tutelada por el MITECO, los gasóleos representan cerca de la mitad del total. Estas reservas se almacenan principalmente en instalaciones de compañías logísticas y refinerías distribuidas por todo el territorio español mediante contratos de arrendamiento. Una parte se mantiene también en países con acuerdos bilaterales en vigor.
La AIE ha advertido este jueves en un comunicado que "la guerra en Oriente Medio está provocando la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial. Con el flujo de crudo y productos petrolíferos a través del Estrecho de Ormuz desplomándose". Con todo ello, la institución valora que la liberación coordinada de reservas de emergencia "proporciona un importante y bienvenido mecanismo de contención, pero a falta de una rápida resolución del conflicto, sigue siendo una medida provisional".
¿Un alarmismo justificado?
La AIE describe la situación actual como "desesperada". Sin embargo, fuentes expertas consultadas por Público valoran que las medidas tomadas podrían exceder la gravedad real. Para Alberto Garzón, "la clave es la duración del conflicto, pues eso marcará la intensidad del problema". El exministro e investigador del ICTA-UAB remarca que "desde ya afecta al poder adquisitivo, porque eleva los precios de la energía –tanto combustibles como fertilizantes– e indirectamente a las hipotecas –el euríbor ya ha subido–, de modo que los gobiernos ya tienen una presión similar".
La crisis petrolífera es una crisis de recursos primarios y que a lo largo de la historia ha sido el motor de operaciones militares como la de EEUU contra Irán. Todo movimiento en este sentido provoca una cascada de consecuencias económicas y sociales. Los precios de la gasolina o el gasoil suben de manera directa (modo cohete) y si terminan bajando lo harán despacio (modo pluma) porque hay un oligopolio en el sector. Otros costes energéticos siguen el mismo patrón", expresa Garzón. Asimismo, señala que de manera indirecta los alimentos también se ven afectados. No obstante, aduce que "pueden sumarse comportamientos oportunistas por parte de agentes que en la cadena alimentaria aprovechen para elevar márgenes de beneficio".
Un parche a un problema estructural
Por su parte, Llavero valora que "las reservas están para estos momentos, para reaccionar a escenarios sobrevenidos donde haya disrupciones en el suministro". Pero el científico remarca que la medida anunciada por la AIE es más que un parche temporal. Las reservas "al cabo de unos meses, se agotan", recuerda. De este modo, subraya que la liberalización de los 400 millones de barriles pueden dar una soberanía energética de manera provisional, pero no una soberanía real. Para ello es necesario "reducir los consumos y relocalizar la producción energética", es decir, que tanto la generación como sus materias primas provengan del propio territorio. Una meta alcanzable a través de la penetración de renovables.
Garzón coincide con el diagnóstico e identifica problemas estructurales. "Cuanto menos dependas de combustibles fósiles, se estará menos a merced de las potencias exportadoras y de los conflictos en aquella región, por lo que acelerar el despliegue de renovables y la transición energética es crucial", insiste. De todos modos, pone de relieve que también se pueden tomar otras medidas a corto plazo, y recuerda la crisis derivada de la guerra de Rusia en Ucrania. "Si los gobiernos no responden con determinación, la frustración de la ciudadanía puede seguir alimentando a la extrema derecha en toda Europa", concluye.
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