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Madrid Central Lugares de Madrid por donde antes pasaban coches y ya no te acuerdas

Un paseo por la historia reciente de las calles del corazón de la capital en las que el peatón ganó la partida al coche

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La calle Preciados, una de las principales arterias comerciales del centro de Madrid, en Navidades. EFE

La peatonalización de las calles que componen el centro de las grandes capitales es un fenómeno imparable. Factores como la sostenibilidad, la mejora del medio ambiente y el ahorro energético son elementos clave para diseñar las ciudades del futuro, en las que el ciudadano irá ganando terreno poco a poco al espacio ocupado tradicionalmente por los automóviles.

Grandes urbes como Nueva York, Berlín, París, México o Buenos Aires emprenden actuaciones urbanísticas destinadas a que el ciudadano adquiera un mayor protagonismo en la ciudad y recupere el espacio que le arrebató el automóvil.

Madrid no es ajena este fenómeno, que no está exento de polémica, ya que los grupos políticos, los comerciantes, los taxistas e incluso los vecinos de las zonas céntricas acogen de modo diverso este tipo de reformas. En algunos casos, el tiempo da o quita la razón a unos y otros, pero la calidad de vida y la salud ambiental parecen imponerse a otro tipo de intereses.

A continuación, una mirada al pasado reciente para conocer en detalle los procesos de peatonalización de las principales calles del centro de Madrid y la repercusión que tuvieron tanto en la fisonomía urbana como en el modo de vida de los ciudadanos.

Preciados y El Carmen

Hay que remontarse al año 1968 para encontrar el precedente de la peatonalización de las calles de Madrid. Por aquel entonces el Ayuntamiento decidió suprimir el tráfico de coches durante las fechas navideñas en las calles Preciados y El Carmen, debido a las aglomeraciones que se registraban en las reducidas aceras de ambas calles.

La desembocadura de la calle Preciados en la Puerta del Sol, en una imagen de 1966.

Los dos edificios de Galerías Preciados que entonces ocupaban la zona atraían a miles de madrileños que elegían estos establecimientos para cumplir con el ritual de los regalos y disfrutar de la iluminación navideña.

La medida no fue del gusto del resto de los comerciantes de la zona, que entendían que las restricciones al tráfico iban a suponer un descenso de las ventas. Años más tarde, cuando la corporación presidida por el alcalde Miguel Ángel García-Lomas decretó en 1973 el cierre definitivo, esos mismos comerciantes saludaron la medida al darse cuenta de que el eje Preciados-El Carmen se había convertido en un punto fundamental de las compras en la ciudad.

Hoy en día, Preciados es una de las calles peatonales más transitadas de Europa y una referencia obligada a la hora de hacer compras porque en ella se concentran varios edificios de El Corte Inglés, numerosas tiendas de moda y calzado y un establecimiento de FNAC.

Parque de El Retiro

El popular Paseo de Coches del parque de El Retiro, tradicional escenario, entre otros, de la Feria del Libro de Madrid, fue peatonalizado en 1983.

La Feria del Libro de Madrid, en el Paseo de Coches del Parque de El Retiro. EFE

La zona, que cobra vida particularmente las mañanas de los domingos al ser frecuentada por patinadores, ciclistas y vecinos en general, conserva la antigua superficie de asfalto y las marcas viales.

Barrio de las Letras

La primera fase del cierre al tráfico privado en el Barrio de Las Letras, uno de los más turísticos y culturales de la capital, se produjo en septiembre de 2004, cuando el bastón de mando de la ciudad estaba en manos de Alberto Ruiz-Gallardón.

La medida afectó a una superficie de 40 hectáreas, con 4.600 viviendas y unos 7.500 vecinos. El tramo de la calle Huertas más próximo al paseo del Prado cambió de sentido y el área delimitada por las calles Huertas, Jesús, Duque de Medinacelli, Prado y Atocha quedó convertida en un Área de Prioridad Residencia.

La segunda y definitiva fase de la peatonalización se implantó en mayo de 2005. La reordenación viaria de esta segunda fase incluyó el perímetro delimitado por la calle de Atocha, la plaza de Jacinto Benavente, la calle de la Cruz, la plaza de Canalejas, la Carrera de San Jerónimo, las plazas de Las Cortes y de Cánovas del Castillo y el paseo del Prado.

Una plaza del madrileño Barrio de las Letras.

El Barrio de las Letras acoge calles dedicadas a los grandes literatos del Siglo de Oro español: Cervantes, Lope de Vega y Quevedo, y a otros creadores como Moratín, Echegaray y Jacinto Benavente.

Desde la peatonalización de sus calles, la zona se ha convertido en uno de los espacios con más encanto de la capital. Los visitantes pueden encontrar la huella de esos genios de las letras grabada en el pavimento, donde se pueden leer numerosas citas contenidas en sus obras.

La última actuación urbanística emprendida en la zona ha sido la acometida en 2006 en el entorno de Las Cortes, donde se recuperaron 3.764 metros cuadrados para el paseo y la estancia, y se redujo notablemente la presión del tráfico.
La reforma se extendió en una superficie de 20.600 metros cuadrados, desde la plaza de Neptuno hasta la calle Cedaceros. La acera del Congreso de los Diputados pasó de 9,85 metros de ancho a 16 metros, mejorándose así la accesibilidad al edificio.

Entre la plaza de Neptuno y las calles Marqués de Cubas y Prado, la calzada, formada antes por tres carriles de subida y otros tres de bajada, se redujo en un carril en cada dirección.

Arenal

La calle Arenal, en la que se atentó contra la vida de Luis Amadeo de Saboya en 1872 y en la que vivió el popular torero Frascuelo, fue reformada como calle peatonal en 2007.

La madrileña Calle Arenal, que va desde la Puerta del Sol hasta la Plaza de Ópera

Muy frecuentada por turistas y paseantes en general, esta animada y colorida calle, que alberga la Iglesia de San Ginés, el teatro Eslava y el palacio de Gaviria, es punto obligado de paso para dirigirse al Teatro Real y al Palacio Real.

La calle, que antaño era conocida por acoger las famosas tiendas de decomisos, en las que los madrileños compraban a buen precio todo tipo de relojes y pequeños electrodomésticos, está poblada ahora de tiendas de souvenirs y artículos de deporte. También suele ser frecuentada por artistas urbanos, músicos ambulantes y “estatuas humanas”.

Casa de Campo

También en julio 2007 se cerró al tráfico la Casa de Campo, el mayor espacio verde de Madrid por el que llegaron a circular 5.000 coches al día. Desde entonces, sólo los vehículos que acceden a las instalaciones del recinto en horario abierto al público, como el Zoo, el Lago, los recintos feriales, el Parque de Atracciones o la estación del Teleférico, pueden adentrarse en el interior del parque.

El alcalde de entonces, Ruiz-Gallardón, manifestó que las tres razones que permitieron decidir el cierre del tráfico en la zona fueron el fin de la reforma de la M-30, la construcción del túnel de la avenida de Portugal y la conclusión del juicio del 11-M, que se celebraba por aquellas fechas en un pabellón de los recintos feriales.

Vista de Madrid desde el lago de la Casa de Campo (actualmente desecado para su rehabilitación).

La Casa de Campo posee una superficie superior a las 1.700 hectáreas y cuenta con dos áreas diferenciadas. En la primera, colindante con el paseo de Extremadura, están ubicadas las atracciones, pistas deportivas y recinto ferial. La segunda zona es un parque forestal.

Su origen se remonta al año 1562, cuando Felipe II compró esta propiedad a la familia Vargas. Hubo que esperar hasta 1931, con la República, para que el parque se declarara de uso público.

Puerta del Sol

La plaza más emblemática y simbólica de Madrid también se ha convertido en un lugar libre de coches. Fue también durante el mandato de Ruiz-Gallardón, a finales de 2009, cuando se acometió la última reforma del entorno, en la que se incrementó el espacio peatonal, que pasó de 6.681 metros cuadrados a 10.466, lo que significó que el 83 por ciento de la superficie de la plaza se dedicó exclusivamente a uso peatonal.

Las obras comprendieron el rebajado de ocho pasos de peatones y la creación de un itinerario especial para ciegos que ocupaba un total de 400 metros. La nueva imagen de Sol y Alcalá estuvo compuesta por la incorporación de cinco nuevos árboles, 17 bancos, tres aparcabicis y 44 jardineras colgantes.

La acampada del 15-M ocupando la Puerta del Sol de Madrid. REUTERS/Paul Hanna

La escultura de El Oso y el Madroño recuperó su ubicación original, la Mariblanca adquirió mayor protagonismo junto a la calle Arenal y el conocidísimo Kilómetro 0 estrenó losa. En conjunto, la reforma duró seis meses y costó 4,6 millones de euros.

Callao, Fuencarral, Red De San Luis y Ópera

En 2009, cuatro de los más conocidos viales de Madrid pasaron a pertenecer íntegramente a los peatones. El cierre al tráfico de la calle de Fuencarral, en el tramo comprendido entre la Gran Vía y la calle Hernán Cortés, así como su conexión con la Red de San Luis y Montera, dotaron de una nueva imagen y funcionalidad a uno de los puntos de la ciudad más transitados por los paseantes porque en él confluye el eje de Gran Vía con el de Montera-Sol-Arenal-Ópera-Plaza de Oriente.

La Red de San Luis (la plazoleta que enlaza la calle Montera con la Gran Vía) cuando todavía circulaban vehículos por ella.

De los 10.631 metros cuadrados sobre los que actuó el Ayuntamiento, 9.731 (el 91,5% de la superficie total) se convirtieron en peatonales, gracias a unas obras cuyo presupuesto superó los 2,7 millones de euros. Los empleados municipales crearon un espacio dotado con 63 puntos de alumbrado público, 20 bancos y 168 árboles, de los que 30 fueron de nueva plantación.

Este proyecto se sumó a la reforma realizada dos años entre las glorietas de Quevedo y Bilbao, que comprendió una superficie de 18.000 metros cuadrados de los que más de 13.650 fueron destinados al uso y disfrute de los peatones.

En la plaza de Callao, se eliminó el tráfico procedente de las calles adyacentes y se retiraron las paradas de los autobuses municipales. Hasta entonces, muchos madrileños utilizaban diferentes líneas para acceder al lugar, situado a escasa distancia de los grandes cines de la Gran Vía.

El Rastro

Capítulo aparte merece El Rastro madrileño, ubicado en la Ribera de Curtidores, desde la plaza de Cascorro hasta la Ronda de Toldeo. Se trata de un mercadillo con más de 400 años de historia en el que se pueden encontrar tanto objetos cotidianos como obras de arte y piezas de coleccionistas, todo ello envuelto en un ambiente multicultural y festivo.

El Rastro, en la Ribera de Curtidores.

Cuentan las crónicas que la zona que ocupa El Rastro era el antiguo lugar donde se encontraban las curtidurías, muy próximas al matadero. La denominación del mercadillo proviene del hecho de que durante el traslado de las reses hasta las curtidurías se dejaba un rastro de sangre que fue el que dio origen al nombre del famoso mercado.

Carretas

El último ejemplo de peatonalización en el centro de Madrid se ha hecho realidad este 21 de noviembre, con motivo de la reapertura de la calle Carretas tras las obras que se han llevado a cabo en los últimos meses, entre la Puerta del Sol y la plaza de Jacinto Benavente.

Con un presupuesto total de 791.000 euros, la reforma se ha realizado en los 224 metros de largo de la calle, ocupando un total de 2.963 metros cuadrados. El importe se ha destinado a la eliminación de las barreras existentes, como el acceso rodado al parking de la plaza de Jacinto Benavente, la diferencia de nivel entre la calzada y las aceras, las bandas de aparcamiento y la marquesina de autobús que obstaculizaba el normal desarrollo del tránsito peatonal.

Imagen de la calle Carretas, tras las mejoras para los peatones.

Se ha diseñado una calle que permite una mayor permeabilidad peatonal, centrando la calzada para generar mayores espacios para los itinerarios peatonales y con pavimentos de granito con acabados adecuados para cumplir con los requisitos de accesibilidad.

También se han eliminado los maceteros existentes y se han talado árboles para generar nuevos alcorques en posiciones acordes con el resto de los elementos.
En cuanto a la iluminación se ha potenciado la zona próxima a la plaza de la Puerta del Sol, donde se han proyectado unos nuevos puntos de luz mediante candelabros con faroles fernandinos preparados para lámparas LED en la acera que carecía de iluminación.

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