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Madrid Central Madrid Central: vecinos satisfechos y comerciantes enfadados

Desde las 7.00 horas de este viernes se cierran al tráfico las 472 hectáreas que forman el corazón de la capital. Para los vecinos de la zona se trata de una reivindicación histórica, pero los comerciantes temen por el impacto económico y las limitaciones. 

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Área restringida en el centro de Madrid/EFE

Comienza la cuenta atrás. En 24 horas  entra en vigor Madrid Central, la primera medida del Plan A de Calidad del Aire y Cambio Climático que pone en marcha el ayuntamiento madrileño y que tiene como objetivo que el distrito Centro se convierta “en un pulmón para la ciudad en plano corazón de Madrid”. A las 7.00 horas de la mañana del 30 de noviembre 472 hectáreas se cierran el tráfico, (una superficie mayor que toda la ciudad de Teruel) y dificultarán la movilidad por el centro de la ciudad para los asiduos a coger en coche.

Nadie se atreve a cuestionar el beneficio medioambiental de esta apuesta política del gobierno de Manuela Carmena ya que las emisiones de dióxido de nitrógeno se reducirán en un 40%. Esta iniciativa, ha dejado satisfechos a los vecinos del distrito centro pero ha enfadado a los pequeños comerciantes, que aseguran que este plan "es una ratonera para las pymes". 

Se trata de una reivindicación histórica de los vecinos de los barrios más populares del corazón de la ciudad: Universidad, Malasaña, Sol, Letras, Lavapiés u Ópera, entre otros. Es el éxito de diez años de lucha para que se cortaran al tráfico las principales calles de Madrid."Está en juego la salud de los madrileños, y en concreto la de los que vivimos en el centro", manifiesta Jordi Gordón, presidente de la Asociación de Vecinos del distrito de Malasaña. "Es una medida de sentido común-insiste- en un espacio reducido se concentran al día más de 15.000 vehículos, esto tiene que cambiar". Y no le parece una excusa que existan casos particulares que se vean perjudicados por las restricciones. "Tenemos que ser racionales y no pensar solo en la comodidad", apunta. 

El proyecto Madrid Central. EUROPA PRESS/Eduardo Parra/Archivo

Aunque no todos los residentes se muestran conformes con este plan. Para Marcos Sánchez, un médico que vive en Malasaña y trabaja en Arganda del Rey (a 35 minutos en coche y a hora y media en transporte público), Madrid Central "complica la vida de sus vecinos". Marcos vivía hace poco en el barrio de Ópera, uno en los ya se había aplicado el acceso restringido para residentes. Los vecinos de esta zona tenían la posibilidad de pedir permisos de hasta cinco años para dos coches y pases puntuales para quien fuera necesario.

Marcos se queja de que todo se ha complicado para los que viven en esta zona. "Antes podías solicitar el permiso hasta por Twitter -explica-, pero ahora con Madrid Central hay que hacer mucho más papeleo: tienes que estar censado aquí, que el coche pague los impuestos en la Comunidad, que este a tu nombre...". Cree que se debe a que el consistorio ha querido avanzar "con mucha rapidez". Además, el coche de Marcos no dispone de la etiqueta medioambiental exigida para circular por Madrid Central. "A partir de ahora me tocará tragarme más de 90 minutos para ir al trabajo", lamenta. 

"Pasaje del terror" para comerciantes

Los pequeños comerciantes lideran las protestas contra la iniciativa de Carmena. Critican que "no se han diseñado las infraestructuras necesarias" ni se ha calculado "el impacto que puede tener en la economía". "Este proyecto es el pasaje del terror, de la improvisación y de la incapacidad porque no se ha planificado", lamenta Vicente Pizcueta, coordinador de la Plataforma de Afectados de Madrid Central. Pone como ejemplo la calle San Pedro, ubicada cerca de la calle Atocha, donde, entre otros locales, hay una enoteca, una escuela de pintura o una tienda de arpas. "¿Quién va a recorrerse unos 500 metros cargando con una caja de botellas de vino?", se pregunta.

"Al final los clientes preferirán ir a grandes superficies, que son las únicas que se podrán permitir estar en el centro, o comprarán por Amazon", augura Pizcueta

Desde la plataforma consideran que los negocios disminuirán sus ventas. "Al final los clientes preferirán ir a grandes superficies, que son las únicas que se podrán permitir estar en el centro, o comprarán por Amazon", augura Pizcueta. Estos mismos miedos los comparte Isabel Magarca, dueña de una tienda de muebles y portavoz de la Asociación de Comerciantes de Lavapiés. "Solo puedo autorizar a diez clientes al mes para que vengan a recoger sus compras con el coche. Y solo en caso de que ellos dispongan de la etiqueta medioambiental", manifiesta. "El horario de entrega también se reduce, y esto perjudica a nuestros compradores, y a nosotros", añade. 

Otro problema que mencionan los comerciantes es la flota de vehículos que, en gran parte de los negocios, tendrá que ser renovada. "Mi furgoneta no tiene clasificación medioambiental, a partir de enero ya no me sirve", apunta Isabel. 

Incertidumbre en el colectivo taxista

Los taxistas se muestran expectantes ante la aplicación de esta medida para comprobar hasta qué punto pueden verse beneficiados ya que, siempre que cuenten con su pegatina ecológica, podrán acceder a estas calles restringidas. Aun así, tienen dudas sobre la efectividad de este proyecto. “No se gana en evitar contaminación, la quitan de un sitio para llevarla a otro”, asegura Juan Antonio Galea, taxista que lleva 23 años ejerciendo la profesión en Madrid.“El tráfico se deriva por bulevares y calles como Atocha, ahí los atascos están siendo monumentales”, apunta. "Veremos que pasa a partir de ahora", señala Juan Antonio. 

Además, como dice un compañero suyo,  Alberto Cuenca, el tráfico en hora punta es “para cortarse las venas”. Por ello, ve que Madrid Central es la solución para fomentar el uso de los servicios públicos porque, además, “si terminamos con el exceso de tránsito podremos dejar más rápido al cliente en su destino”, justifica.

Imagen de la Gran Vía de Madrid

"O hacemos algo o acabaremos muertos”

Son muchos los ciudadanos que rechazan acudir al centro en sus vehículos privados, bien sea por no pasar por la tortura de estacionar o, directamente, por cuidar el medio ambiente. “Estoy convencido de que o hacemos algo o acabaremos muertos”, dice Tomás Tejero, un aragonés de 64 años que ha vivido la mayor parte de su vida en Madrid. “Los que usamos el coche somos poco inteligentes, yo cada vez lo cojo menos”, se justifica. Y asevera que no es necesario y que “en metro llegas a cualquier parte”. Noelia Mesoneros coge el tren cada mañana desde Fuenlabrada hasta la tienda de Gran Vía en la que trabaja. Tarda hora y media en llegar pero ir en coche no es una opción. "Sería invertir el sueldo de un día en un párking-asegura- prefiero el transporte público que invertir tiempo en buscar aparcamiento". 

Eliana Vargas aspira a que el centro de la ciudad "esté lleno de carriles bicis y calles peatonales". "Hay que fomentar la vida activa, que la gente es muy cómoda", exclama. "Tenemos que aspirar a ser como Berlín", indica.  Y, de este modo, Madrid se suma partir de este viernes a la lista de ciudades europeas en las que se han delimitado zonas de baja emisión, como ocurre en París, Helsinki, Londres, Dublín, Viena o Atenas, entre otras capitales. Como reflejan las calles de Madrid, "que la ciudad sea contigo". 

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