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"Me parece surrealista que tenga que elegir entre perder derechos o poder votar"

La repetición de las elecciones hace que comience el duro procedimiento para conseguir votar desde el exterior.

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Imagen de archivo de la celebración de Elecciones Generales.- Efe

BERLÍN.- Votar en las elecciones del próximo 26 de junio se vuelve a convertir en una carrera de obstáculos y acarrea problemas a quienes desean ejercer ese derecho desde el exterior. La derogación del “ruego” del voto es un tema que casi todos los partidos políticos llevaban en sus programas electorales del 20 de diciembre. Al no haberse producido una sesión de investidura de la que saliese un presidente del gobierno, el procedimiento para el voto externo continúa siendo el mismo que en anteriores citas electorales. El potencial votante debe inscribirse en el consulado como residente temporal (ERTA) o residente permanente (CERA). Dado que el censo que se toma como referente para las elecciones del 26-J es el anterior al 1 de marzo (antes de que se convocasen las elecciones), si alguien se ha inscrito más tarde debía reclamar su inclusión en el mismo o inscribirse por primera vez desde el 9 al 16 de mayo. Al hacerlo, podía solicitar su intención de votar rellenando un formulario. Tras esto sólo queda esperar que las papeletas lleguen satisfactoriamente y a tiempo para ser enviadas o, en el caso de los CERA, votar en el propio consulado del 22 al 24 de junio. Seguir a rajatabla este procedimiento no es garantía de que el voto vaya a ser emitido convenientemente. Uno de los casos más llamativos de las pasadas elecciones generales fue una valija diplomática con votos procedente del consulado de Fráncfort, que llegó una semana más tarde y no pudo ser contabilizada en el escrutinio. Esta irregularidad se conoció gracias a la denuncia de un emigrante que estuvo presente en el recuento electoral de su localidad y pudo comprobar in situ que, a pesar de que su voto se había emitido en tiempo y forma, no había sido enviado desde Alemania a tiempo.

Otras personas simplemente se quedan sin poder votar por no superar alguno de los requerimientos institucionales. Es el caso de Celsa Díaz, quien no ha podido inscribirse en el consulado de Berlín porque se encontraba de viaje la semana en la que se establecía el plazo para ello. “Estaba obligada a darme de alta como residente por llevar más de un año inscrita en el consulado como residente temporal. Inscribirse como residente permanente puede conllevar la pérdida de la Sanidad pública española. La incapacidad de formar gobierno no es culpa mía, sino de los políticos, y me parece surrealista que yo tenga que elegir entre poder votar o perder algunos derechos”, comenta. Ahora su opción es viajar a Madrid y votar desde allí en el colegio electoral, para lo que tendría que pedir vacaciones en el trabajo o buscarse a algún abstencionista que quiera votar por ella.
A Rafa Lapuerta la pérdida de confianza en el sistema electoral le ha hecho decidir no votar el 26J. “El problema no es sólo inscribirse, sino recopilar todos los papeles para ello. Otra complicación es viajar al consulado si no está en la ciudad en la que vives, para lo que ya tienes que perder todo el día”.

En ello coincide Guillermo Santos, que no podrá votar porque en los consulados alemanes te piden, como requerimiento extra, estar empadronado en un domicilio y actualmente se encuentra buscando piso. “Del proceso y los plazos me enteré a través de Marea Granate. Si no llega a ser por este movimiento social lo tendríamos aún más difícil para poder votar. Tuve que reenviar a muchas personas los correos donde se explicaba todo claramente porque no sabían cómo solicitar el voto desde aquí. Nosotros afortunadamente vivimos en Berlín que tiene consulado propio, ¿qué pasaría si viviese, por ejemplo, en Magdeburg?”.

El viaje no siempre es posible, puesto que se dan casos sorprendentes como que el consulado perteneciente a la isla de la Reunión sea el de París.
Sin embargo, Rafa cree que si finalmente “Unidos Podemos” llega al gobierno, los procedimientos cambiarán. “Más que nada por el rédito electoral que los emigrados suponen para Podemos, Izquierda Unida o Equo. Evidentemente no tiene mucho sentido votar a partidos que te han expulsado con sus políticas de recortes”.

Todos coinciden en que el mayor freno para que la gente se decida a votar desde el exterior es la posible pérdida de la sanidad. “Siento que me han echado y, además de ello, me hacen escoger entre seguir teniendo derecho a la sanidad pública o votar. Además, el no poder ejercer mi derecho al voto implica no poder hacer nada desde fuera para cambiarlo”, cuenta Celsa.

“Está claro que no importan las personas. Que te saquen del sistema sanitario español puede ocasionar quedarse sin cobertura sanitaria en Alemania y eso es determinante para votar o no votar”, dice Rafa. En Alemania la sanidad no es gratuita y todas las personas tienen que tener un seguro médico por el que pagan una media de 160 euros al mes. Si no se tiene trabajo es prácticamente imposible solicitar una ayuda social para hacer frente a este seguro que, en caso de no existir, dejará a la persona excluida del sistema sanitario y además las cajas de salud exigirán posteriormente su pago retroactivo.

Elena Gotor es una de las portavoces del grupo del voto de Marea Granate, el colectivo trasnacional que lucha por los derechos de la población emigrada. Explica que trabajan todo el año con el objetivo de presionar para que la Ley electoral (LOREG) sea modificada. “Es común que cada consulado interprete la ley de forma diferente, ese es uno de los principales problemas. Por ejemplo en Nueva York o Edimburgo están poniendo trabas a los estudiantes para inscribirse como no residentes, como si ya hubiesen fijado su residencia allí, y en Guayaquil directamente les informaban de que no podían rogar el voto si no se habían inscrito con anterioridad al 1 de marzo. En Berlín hemos comprobado que la veracidad de la información recibida depende del funcionario que se encuentre en ese momento en ventanilla”. Tras el duro trabajo que Marea Granate realizó en 2015 debido a la acumulación de citas electorales, la evaluación que hacen es positiva. “Hemos conseguido llevar el problema a los medios de comunicación y poner el debate sobre la mesa. Prueba de ello es el pleno del Congreso de los diputados del 20 de abril, en el que se estableció una comisión de investigación sobre el voto rogado. Además, al presionar a los consulados, hemos logrado que en muchos ya informen sobre el procedimiento por e-mail o redes sociales”.

Desde el consulado de Berlín responden que las peticiones de entrevistas se tienen que solicitar a la Dirección general de la Oficina de información diplomática de Madrid, ya que desde el propio consulado sólo pueden autorizar entrevistas a medios locales alemanes y que “Madrid nos está autorizando entrevistas con cuentagotas”. Como si el hermetismo que envuelve este complicado procedimiento para votar llegase también a lo que se cuenta desde la propia administración del mismo. Según la cónsul Pilar Gascón, “aún no han podido recabarse los datos de las personas que votaron en Alemania el 20 de diciembre. En cuanto los tengamos, los haremos oficiales. Cada consulado actúa de forma diferente. En Berlín hemos habilitado un número de teléfono específico para elecciones y hemos creado una lista de correo electrónico para informar sobre los plazos a las personas inscritas como permanentes, temporales y también a quienes se inscribieron como temporales con anterioridad al 28 de mayo del año pasado y que han podido causar baja automática. También vertimos informaciones a través de la página web y de las redes sociales”.

A pesar de estos cambios conseguidos a través de la presión social, hasta que no se derogue el voto rogado seguiremos escuchando historias como las de Celsa, Rafa o Guillermo.

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