Entrevista a Miquel Borràs"Como movimiento vecinal no nos sentimos escuchados por el Gobierno de Collboni"
Hablamos con el nuevo presidente de la Federació d'Associacions Veïnals de Barcelona (FAVB), que sitúa la vivienda, la movilidad o la masificación turística como ámbitos de ciudad centrales para la entidad.

Barcelona--Actualizado a
A finales de abril, la Federació d'Associacions Veïnals de Barcelona (FAVB) escogió a su nueva junta directiva, presidida por Miquel Borràs. También miembro de la Xarxa Veïnal del Raval, nos encontramos con él para hablar de los retos de un movimiento transversal que está fortaleciendo la red y la colaboración con entidades centradas en ámbitos más sectoriales, ya sea la vivienda, la contaminación del aire, el ruido o la denuncia de la masificación turística, entre otros. Borràs lamenta que el Gobierno municipal, que encabeza Jaume Collboni (PSC), no les escucha lo suficiente y se muestra preocupado por el crecimiento de las ideas de extrema derecha en los barrios de la ciudad, puesto que "pueden destruir la convivencia".
Hace pocas semanas fue escogida la nueva junta de la FAVB, con usted al frente. ¿Cuáles son los principales retos del movimiento vecinal en Barcelona?
El movimiento vecinal es muy transversal y recoge todo tipo de problemas y reivindicaciones. La principal dificultad es poder alcanzarlo todo, pero lo estamos intentando. Con la nueva junta intentaremos dar más ayuda y apoyo a las asociaciones federadas para que puedan dar respuesta a cada uno de los barrios. Si la pregunta es cuáles son las temáticas que nos ocupan a nivel de ciudad, pues hay una buena lista. La vivienda quizás es la más importante, pero también están la ocupación del espacio público, la movilidad...
Cada una de ellas tiene diferentes vertientes. Por ejemplo, en vivienda no es solo la gente a la que desahucian, sino la que a pesar de tener una vida y un trabajo absolutamente estándares ahora también se ve afectada por el incremento de los precios. Y también hay cuestiones como las viviendas que se hicieron en los años 60 y 70 y que inicialmente eran públicas, pero han ido pasando al mercado privado y ahora tienen problemas de rehabilitación muy graves. Esta privatización la están pagando los que han ido a vivir mucho más tarde en ellas y como no son públicas la Administración no quiere saber nada ni se hace cargo. Todos son cosas que van agravando la situación.
¿La nueva junta tiene la voluntad de trabajar conjuntamente con asociaciones más sectoriales, dedicadas al derecho a la vivienda, la gestión pública del agua, la limitación del ruido, la contaminación o los límites del turismo, entre otros?
Sí, sí, tendremos toda la colaboración posible con estas entidades, que han ido surgiendo como respuesta a una serie de problemáticas y a la necesidad de cambiar la situación. Quizás por la manera de organizarse o por la propia situación del movimiento agrupan a gente más joven, con necesidades de respuestas más urgentes, pero son reivindicaciones compartidas. Ahora mismo estamos haciendo todo tipo de encuentros y acuerdos con estas entidades, colaboramos y participamos en sus reivindicaciones y movilizaciones.
¿Esta tarea en red permite rejuvenecer a la FAVB y conectarla con luchas concretas?
Es una posibilidad que nos parece perfecta si se produce. Nosotros siempre tenemos las puertas abiertas a todo el mundo que quiera participar en el movimiento vecinal. La única dificultad aquí es que los movimientos más sectoriales tienen una convicción política mucho más acotada, tienen una ideología mucho más reforzada en cuanto a sus reivindicaciones, están mucho más seguros en lo que plantean, y en las asociaciones de vecinos, como tocamos muchas cosas, pues no acostumbra a haber tanta especialización. Pero sería deseable que esta gente que está en movimientos sectoriales también entendiera que el movimiento vecinal es una pieza muy importante para organizar a la gente y plantear alternativas a las administraciones.
¿Paralelamente, no sé si la FAVB contribuye a aportarles una mirada integral de ciudad, que va más allá de un barrio o distrito en concreto y, a la vez, de un sector u otro?
Las mismas asociaciones de vecinos tienen una mirada transversal, pero por necesidad, porque te llega de todo. Y como FAVB esto todavía se nota más, porque hay una vertiente de nuestra tarea que es representar al movimiento vecinal ante la institución y normalmente lo haces con mirada de ciudad e intentando hacer propuestas más allá del barrio. Sí que la FAVB aporta esto y esperamos que también haya gente dentro de estos movimientos sectoriales que lo entienda así y le guste participar con nosotros.
Las asociaciones vecinales tienen una mirada transversal por necesidad, porque te llega de todo
La perseverancia, es decir, la capacidad de mantener luchas durante años hasta conseguir los objetivos, y la independencia son dos de las características que definen históricamente la FAVB. ¿Es básico perpetuarlas?
Por supuesto. Además, ahora precisamente hay muchas asociaciones que están cumpliendo sus 50 años de legalidad y hacen actividades y exposiciones de su trayectoria y es muy emocionante ver cómo han contribuido a transformar Barcelona. El movimiento vecinal ha sido una de las piezas fundamentales a la hora de ir formando la ciudad y en esta línea seguirá. También es un movimiento perseverante no solo para que tenga a gente tozuda, sino también porque con más o menos intensidad ha habido relevos, con nueva gente que ha ido poniendo su grano de arena. Siempre digo que las asociaciones de vecinos si no las tuviéramos, las tendríamos que inventar. Poco o mucho, funcionando mejor o peor y con más o menos gente, han existido siempre porque siempre hay momentos donde son necesarias.
Pese a la independencia política y el rol de fiscalización del poder municipal que juega, es evidente que la FAVB defiende postulados claramente de izquierdas. En este sentido, ¿se sentían más escuchados durante la alcaldía de Ada Colau que en la actual de Collboni?
El movimiento vecinal ha sido una de las piezas fundamentales para transformar Barcelona
Lo que destacaría no es si nos escuchan a nosotros o no, si no si la forma de hacer política es escuchar más a unos u otros. A los partidos de izquierdas se les presupone más que tienen que saber escuchar a la ciudadanía en general, pero no es una exclusividad, depende un poco de cada gobierno y las ganas que tenga de dejar participar a la gente. Nosotros no nos sentimos muy escuchados por el Gobierno actual.
¿Todavía no se han reunido con el alcalde?
No, pero tenemos la reunión acordada más o menos para finales de julio. Con una reunión no resolveremos todas las cosas. Además que hasta ahora como entidad no hemos tenido una reunión formal con el alcalde, cada asociación de vecinos nos ha ido transmitiendo que durante estos dos años de mandato no ha podido reunirse y no se las ha escuchado, cuando han presentado medidas han pasado de ellas, o cuando se les ha dado algún tipo de información ha sido muy exigua. Por lo tanto, en general el Gobierno de Collboni no ha hecho los esfuerzos suficientes hacia un movimiento que lleva tantos años y que representa a una ciudadanía organizada en cada barrio.
¿Tiene la sensación de que escucha más a otros actores?
Está clarísimo, como mínimo por lo que sale a nivel de medios de comunicación, que son reuniones con otros estamentos más ligados a poderes empresariales, económicos, de negocios... Él elige y sabe a quién quiere escuchar y a quién no, pero ya llegará algún momento donde le hará falta escucharnos.
El Gobierno de Collboni escucha más a estamentos ligados a poderes empresariales y económicos que al movimiento vecinal
Lluís Rabell, uno de los concejales, fue presidente de la FAVB y, por lo tanto, conoce perfectamente la importancia del movimiento vecinal. ¿No ha sido una puerta de entrada al Gobierno?
Cuando hemos tenido contacto con el actual alcalde ha sido a través de él y su área y creo que es de los pocos miembros del Gobierno de Collboni que tiene conciencia de la importancia del movimiento vecinal, porque lo ha vivido. Esté más o menos de acuerdo con las posiciones que va cogiendo cada generación [del movimiento], lo conoce e intenta que haya cierto acercamiento con el Gobierno, pero bien es verdad que no parece que haya sido muy escuchado allá dentro, porque ha faltado mucha de esta conexión.
Han denunciado que muchas propuestas vecinales en los presupuestos participativos de Barcelona han sido vetadas. ¿Esto simboliza la concepción de participación del actual Gobierno municipal?
Ahora estamos haciendo un proceso de revisión de cómo ha funcionado en cada barrio el proceso de los presupuestos participativos y con esto intentaremos hacer una reunión con el departamento de Participación y plantearle cuáles son las cuestionas buenas y malas que hemos visto. Pero en general ha habido una serie de proyectos, que tenían que ver con carriles bici y movilidad, que han sido bloqueados por diferentes razones técnicas y, por lo tanto, no se han podido votar. También hemos visto que ha habido cierta acumulación de proyectos que evidentemente la gente los ha pedido y que tendrían que hacer pensar al Gobierno si esto no tendría que estar en los Presupuestos corrientes. Ha habido una montaña de peticiones de mejora de patios de las escuelas, de pacificaciones del entorno escolar... ¿Hace falta que hagamos unos presupuestos participativos para te des cuenta de que esto se tiene que hacer?
¿Qué papel juega la Crida pel Dret a l'Habitatge, que han impulsado con unas 60 asociaciones y entidades?
Hay toda una serie de organizaciones implicadas en el problema de la vivienda, pero no lo estábamos abordando del mismo modo. Desde grupos antidesahucios y la PAH, al Sindicat de Llogateres y los sindicatos de vivienda de barrio o los mismos sindicatos de trabajadores. Con la vivienda ahora hay toda una serie de afectaciones de capas sociales distintas que tenemos que intentar agruparlas y la Crida lo que busca es ponerlas en común e intentar conjuntar los esfuerzos de cada una de las organizaciones y de los públicos a los cuales cada una de ellas puede llegar para coordinar un poco las movilizaciones. O, incluso, para tener cierta capacidad de influencia política a la hora de negociar con los partidos o los gobiernos de manera más conjunta.
Con la Crida per l'Habitatge buscamos poner en común las movilizaciones por la vivienda
Se oponen a la modificación de la reserva del 30% para vivienda protegida, que pretende cerrar pronto Collboni. ¿Si la saca adelante, podría provocar una movilización en contra de las entidades de la Crida per l'Habitatge?
Es una de las posibilidades. Hay diferentes sectores y organizaciones que ven la cuestión como importante y, por lo tanto, se hará una tarea de presión porque el 30% no se modifique o, si se hace, que no convierta la medida en inútil. El 30% es de las pocas maneras que se puede conseguir que la iniciativa privada ponga su capacidad no solo de financiación, sino también de organización del trabajo al servicio de la generación de vivienda protegida. Porque la propuesta de que, en vez de hacerlo directamente, el promotor privado pague una tasa a la Administración y ésta ya verá dónde hace la vivienda pública se convierte en inútil, porque no hay suelo, no hay posibilidades y la Administración es mucho más lenta a la hora de construir vivienda. Tenemos que buscar maneras de que la propia iniciativa privada cree esta vivienda y no haciéndolo perdida en la montaña, sino en la ciudad.
Otro gran tema de ciudad que se arrastra desde hace años son los impactos negativos del turismo. Apuestan por que se avance hacia el decrecimiento de visitantes, pero no parece ser que esta sea la voluntad del actual Gobierno.
No. Ya sé que el libre movimiento de la gente es imparable y yo también soy turista cuando viajo, pero tienes que mesurar cuáles son los límites de cada territorio y su población para asumir esta avalancha, y qué consecuencias sociales y de habitabilidad provoca en tu ciudad. Y esto es lo que creo que el actual Gobierno no está teniendo en cuenta. Está apostando por la ampliación del aeropuerto, dice que está intentando regular los cruceros pero continúan aumentando, es partidario de generar eventos enormes porque llevarán gente a la ciudad y esto crea una serie de inconvenientes importantes a los ciudadanos. Además, el tan publicitado beneficio económico también es muy discutible, porque al final el sector turístico está muy precarizado, con la gente más mal pagada...
La ciudad en muchos casos ya ha sobrepasado sus límites turísticos
¿Cómo se puede limitar? Pues no invirtiendo dinero público en promoción turística, ni en grandes acontecimientos, no ampliando el aeropuerto, disminuyendo el número de cruceros... La ciudad en muchos casos ya ha sobrepasado sus límites turísticos y esto impacta en la vivienda, porque aumenta el precio; en la ocupación del espacio público por diferentes actividades de negocio privado, desde las terrazas, a tiendas de coches de lujo, el alquiler de bicicletas privadas... Y procurar que el sector turístico no sea el más precario de la ciudad. Se pueden hacer una serie de cosas para que el turismo no sea tan perjudicial para la ciudad, y después el Park Güell, la Sagrada Familia, la Casa Batlló o la misma Rambla no tienen una capacidad infinita y, por lo tanto, también tienes que poner unos límites, buscamos las maneras. Porque si no actuamos nos encontraremos con que mucha gente de la ciudad tiene que marcharse de la ciudad, como ya pasa.
¿Le faltó ambición o quizás presión social al Gobierno de los Comuns para ir más allá en medidas como la pacificación de la ciudad o la regulación del turismo?
La función de los movimientos reivindicativos es apretar, reclamar más, más rápido y mejor y siempre nos parecerá poco. Pero esto no quiere decir que no sepamos diferenciar entre quién realmente apuesta por una ciudad más agradable para vivir y los que tratan la ciudad como puro negocio.
¿En ocho años y dos mandatos no hay suficiente tiempo para cambiar el modelo de ciudad-escaparate que han denunciado?
Seguramente hay cosas que en ocho años no las cambias. Y después, aunque acabes ocupando la alcaldía de un municipio no quiere decir que lo gobiernes y esto a veces se olvida. Un partido político que consigue la alcaldía tiene unas herramientas, que son más importantes que las que tiene una asociación de vecinos, pero tiene unas leyes que lo limitan, un presupuesto que lo limita y, sobre todo, una actividad económica con el apoyo de una serie de leyes que le permitan hacer unas cosas que quien logra la alcaldía quizás querría evitar pero no puede. Por eso nuestra posición siempre es pedir más, más rápido y mejor.
Que ocupes la alcaldía de un municipio no quiere decir que lo gobiernes
¿Qué papel puede jugar el movimiento vecinal para frenar el crecimiento de la extrema derecha y los discursos de odio en los barrios?
Es un tema que nos preocupa mucho. Diría que a un barrio lo peor que le puede pasar es que arraiguen estas ideas de que el enemigo es tu vecino, es lo que puede destruir la convivencia, las ganas de vivir en él, el poderte encontrar bien y esto es lo que está haciendo la extrema derecha. Está aprovechando algunos problemas que son reales para magnificarlos y exagerarlos para intentar convencer a la gente de que el culpable de estas situaciones de molestia es quien está por debajo tuyo. Lo que intenta siempre es que no te des cuenta de quién son los verdaderos culpables, es decir, miente para desviar la atención, es su función, no gobernar mejor. Tenemos que intentar cambiar la mirada de la gente. Quien piensa que el recién llegado puede quitarle el trabajo, se olvida que quien toma la decisión de contratar a uno u otro es el empresario y la decisión la toma porque puede explotar mucho más una persona sin papeles que no a alguien que los tiene. Por lo tanto, si quieres tener la misma oportunidad en el mercado laboral tienes que conseguir que todo el mundo tenga papeles. Lo peor que hace la extrema derecha es señalar como culpables a quienes no tienen la culpa.
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