Los olvidados de los olvidados: el Raval de Algemesí sigue igual nueve meses después de la DANA
Una escuela y un colegio convertidos en narcoedificios y un barrio sin servicios y con las heridas de la DANA bien visibles nueve meses después. El Raval de Algemesí, que forma parte del 1% más pobre de todo el Estado, se enfrenta al olvido institucional.

València--Actualizado a
Paiporta (Horta Sud) fue la imagen de la DANA. Sirvió para ejemplificar la catástrofe que supuso para el área metropolitana de València. Pero el agua no solo causó destrozos en la bajada de la rambla del Poyo —que la gente de la comarca conoce como barranco de Torrent—, sino que también afectó al curso del río Magre. Algemesí (Ribera Alta) fue, de hecho, uno de los pueblos que más sufrió, tanto en número de población como en daños materiales.
Su situación periférica, respecto al área metropolitana de València y a la identificada como la zona cero de la DANA, sin embargo, ha hecho que Algemesí y el resto de la Ribera hayan quedado no solo en segundo plano, sino incluso olvidados. Josep Bermúdez, portavoz de Més Algemesí (coalición local entre Compromís y ERPV), ofrece un dato demoledor: en la propuesta de Plan para la recuperación y mejora de la resiliencia frente a las inundaciones en el territorio afectado por la DANA, del Ministerio de Transición Ecológica, a Algemesí solo se le dedica un párrafo.
Concretamente, el plan propone "contemplar las actuaciones de protección y adecuación del cauce a su paso por el área urbana para reducir el nivel de riesgo en ella, y por otra, facilitar que los flujos desbordados al norte de la población sigan su camino natural, a través de la autopista de peaje AP-7, hacia l’Albufera de València, provocando a su paso los menores daños posibles".
La formación que lidera Bermúdez ha presentado alegaciones, que van en la línea de concretar las palabras generales del plan. Si en la cuenca de la rambla del Poyo hay, desde hace más de una década, estudios realizados, pero sin que se ejecuten las obras, en el caso del área de Algemesí hay que empezar desde cero.
Así, Més Algemesí propone que se "realicen estudios técnicos para llevar a cabo las actuaciones necesarias para crear zonas inundables en la margen izquierda del Magre para que no todo el agua llegue a Algemesí, sino que desagüe en el marjal y en la Albufera, quitando barreras geográficas".
Por otro lado, las alegaciones también piden que se "amplíe el lecho del Magre a su paso por Algemesí", ya que, en su llegada al barrio de El Raval se estrecha considerablemente. No obstante, Més Algemesí rechaza la idea del equipo de gobierno municipal de elevar un muro de 2,40 metros, puesto que la ampliación se tiene que llevar a cabo "naturalizando el lecho del río, como recomienda el Colegio de Biólogos". Més Algemesí no comparte "la solución fácil de apostar por el hormigón".
Bermúdez resume el objetivo final de las alegaciones de su grupo: "Por Carlet [junto con l’Alcúdia, poblaciones anteriores a Algemesí en el curso del Magre], pasaron unos 4.000 m³/s, por lo que es necesario conseguir que, entre los que se tienen que derivar a las zonas esponja y a la Albufera (unos 2.500 m³/s) y los que pasen por Algemesí (que serían unos 1.500 m³/s, teniendo en cuenta que actualmente solo caben unos 900 m³/s), no se desborde el río a su paso por el núcleo urbano".
El Raval, una isla dentro de Algemesí
El 95% del término municipal de Algemesí quedó inundado por la DANA. El Magre se desbordó a su llegada al pueblo por el barrio del Raval, y eso, que podría parecer anecdótico, condicionó la catástrofe. El Raval es un barrio que se encuentra aislado del núcleo urbano. Un polígono industrial, las vías del tren y el mismo río forman unas barreras naturales para encerrar el barrio.
Las vías del tren, de hecho, actuaron como una presa aquel día y el barrio de El Raval, en cierto sentido, como un embalse. Hasta que, claro está, todo se desbordó. Aun así, se podría decir que esta condición pseudoinsular del Raval suavizó un poco la venida del agua en el resto del pueblo, a cambio, claro está, de autocondenarse. Se da la circunstancia de que, a pesar de que El Raval es la parte alta del pueblo (el desnivel es muy poco pronunciado, pero, de manera bastante ilustrativa, la calle que conecta el barrio con el centro se llama de la Muntanya), fue aquí donde el agua registró la mayor altura: unos dos metros y medio.
Nueve meses después, en El Raval el fango se ha limpiado, pero la imagen que nos devuelve el barrio deja la sensación de que el tiempo se quedó parado aquel 29 de octubre. Joan Nàcher, promotor de Igualdad de la asociación local Algemesí Solidari y miembro del Comité Local de Emergencia y Reconstrucción, explica que “cuando vas caminando por El Raval no dejas de tener la sensación de que la DANA aún está muy presente”.
Algemesí Solidari es una asociación local que hace más de tres décadas que trabaja en cooperación internacional, con proyectos en Burkina Faso, Senegal o Nepal. Ahora bien, en la legislatura 2015-19, con un Gobierno municipal del PSOE y de Esquerra Unida (EUPV), Algemesí Solidari llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento para llevar a cabo un proyecto comunitario en el barrio de El Raval.
Tocaba renovar el proyecto dos meses antes de las elecciones municipales de 2023, aún con una Alcaldía del PSOE en Algemesí, pero no se hizo. Las urnas cambiaron a un Gobierno del PP con Vox, que es el que actualmente continúa, pero el proyecto de Algemesí Solidari para El Raval quedó igualmente en el olvido.
Un barrio sin parques
La diferenciación que explica Nàcher entre la afectación que aún presenta El Raval y la que queda aún en el resto de Algemesí salta a la vista cuando se pasea por ambas zonas. Como muestra, los dos parques que hay en El Raval siguen inutilizables y con el barro solidificado casi cubriendo el mobiliario urbano, mientras que en el resto del pueblo la gran mayoría sí que se han vuelto a reabrir.
El Ayuntamiento de Algemesí, de hecho, envió una notificación por su canal de difusión local en WhatsApp el pasado marzo explicando que, “gracias a las donaciones de Juan Roig [propietario de Mercadona]”, los parques del pueblo ya estarían arreglados. El Raval, nuevamente olvidado.
El 1% más pobre
Antes de la DANA, El Raval ya era una isla, pero esta condición insular no ha hecho más que agravarse desde entonces. El aislamiento del barrio es físico, con el río, el polígono y las vías del tren actuando como barreras, pero también es mental: el Raval de Algemesí es un barrio estigmatizado, como el de la Coma, en Paterna, o el Xenillet, en Torrent. Es una de aquellas zonas que la gente del pueblo evita siempre que puede.
El Raval es un barrio de los que se califica como vulnerable. Y la DANA, tal como explica Nàcher, ha puesto en evidencia el porqué del adjetivo: de barrio vulnerable a barrio vulnerado. Una catástrofe como aquella deja sin capacidad de respuesta a un barrio que vive siempre al límite.
En este sentido, si Algemesí y el resto de pueblos de la Ribera afectados por la riada del Magre se podrían calificar como los olvidados de la DANA, en el caso del Raval, se trata claramente de los olvidados de los olvidados. Pero hay que destacar que el olvido ni comenzó ni venía de aquel día.
Los barrios de El Raval y El Carrasclet forman parte del 1% más pobre de todo el Estado. La media de ingresos por hogar se situaba en 2022, según el INE, en 20.042 euros al año. Se trata de la mitad de recursos respecto al centro de Algemesí, el barrio de más ingresos, con unos 40.373 euros anuales de media por unidad doméstica. La esperanza de vida en El Raval es diez años menor que en el resto del pueblo.
En el barrio de El Raval viven unos 1.600 vecinos (Algemesí tiene un total de unos 28.000 habitantes), de los cuales la mitad son de etnia gitana; un tercio son norafricanos, fundamentalmente marroquíes, mientras que hay una minoría también de latinoamericanos, donde destacan los cubanos.
Un problema clave que destaca Joan Nàcher para el barrio es que la estigmatización se convierte en un círculo vicioso. Cuando alguien de El Raval tiene la oportunidad, se marcha a vivir fuera, por lo que es difícil consolidar una comunidad que haya conseguido salir de la marginación y, al mismo tiempo, se quede en el barrio para mejorarlo.
Hablar de porcentajes de desempleo en El Raval no tiene demasiado sentido, ya que prácticamente no hay ningún vecino que tenga una faena fija. Y, muy sintomáticamente, casi nadie —o directamente nadie— está empleado en el polígono colindante. La mayoría son temporeros del campo y, durante la temporada de naranja y caqui, agricultura dominante en la comarca, se emplean aquí, y, si no, buscan el trabajo donde puedan, como la vendimia en La Rioja o en el sur de Francia.
¿El Raval es una prioridad?
La población de El Raval supone un 5% de la población total de Algemesí. Traducido a censo electoral, esto supone que aquí se deciden unos dos concejales del ayuntamiento, que, además, pueden resultar decisivos y decantar la balanza entre PP y PSOE. La sensación en el barrio es que la política solo hace su aparición en época electoral. Añadido el ingrediente de la marginación social, El Raval es un caldo de cultivo perfecto para el caciquismo.
Eso sí: el discurso oficial siempre afirma que El Raval es una prioridad. Sin embargo, el Comité Local de Emergencia y Reconstrucción (CLER) de Algemesí ha intentado por todas las vías mantener una reunión formal con el equipo de gobierno municipal. Sin éxito. Sus peticiones por registro de entrada no tienen respuesta. En este sentido, el CLER ha llegado a usar el turno del ciudadano, al final del pleno municipal, para hacerse oír. La respuesta que recibieron fue que El Raval era una prioridad.
Actualmente hay en marcha una modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que afecta a El Raval. Se trata, en este sentido, de una acción necesaria y positiva. Sin embargo, tanto Joan Nàcher como Josep Bermúdez denuncian que se está llevando a cabo sin contar con la participación de los vecinos. En cierta manera, la sensación que reina en el barrio es que se les trata como a menores de edad.
Un barrio con las heridas abiertas y sin servicios
Las heridas de la DANA en El Raval siguen bien abiertas y lejos de cicatrizar. Los parques, como hemos visto, siguen igual, pero con el barro solidificado. En uno de ellos, la caída de los muros supuso que quedará al descubierto la estructura de hierros que los aguantaba. Un vecino del barrio, de hecho, se ha clavado recientemente uno, en un percance que podría haber resultado fatal.
La realidad es que, ahora mismo, no hay ningún edificio público activo en el barrio. Los pocos que había los inutilizó la DANA, y así continúan. Es un barrio sin servicios. Apenas podemos encontrar una farmacia y una paradeta. Las calles, las aceras, el mobiliario urbano… siguen recordando que por aquí pasó el agua, aunque de ello ya haga nueve meses.
De escuela a centro de trapicheo de droga
Tanto la escuela municipal infantil como el colegio Carme Miquel de Conselleria se encuentran junto al río. El primer edificio, de propiedad municipal, se utilizó durante meses como un narcoedificio, y, finalmente, fue tapiado, después de la presión vecinal y la denuncia de Més Algemesí. El segundo, el colegio de Conselleria, fue totalmente arrasado por la DANA y está a la espera de su demolición. Continúa usándose como narcoedificio, al igual que algunas casas cercanas, también a la espera de ser derruidas, donde se continúa con el trapicheo y el menudeo. Hay que tener en cuenta que el Raval de Algemesí funciona como uno de los centros de distribución de droga del área de València.
Bermúdez lanza una pregunta: "¿Se hubiera consentido esta dejadez y esta degradación si se hubiera tratado de una escuela del centro?". El curso que viene las clases se reanudarán en barracones. Pero, cuando se vuelva a construir la nueva escuela, está previsto que se haga exactamente en el mismo lugar. Otra vez junto al río, pared junto al lecho. ¿La ubicación sería la misma si no fuera la escuela de un barrio como El Raval? ¿Se puede llevar tranquilamente a los hijos a una escuela que se volverá a ubicar en el mismo lugar después de la DANA?
De la guardería o del centro de participación del barrio, directamente no hay noticias, de cuando podrán volver a estar activos.
Un barrio que lucha por salir del olvido
La calidad de la vivienda en El Raval es baja. Los materiales con los que se construyeron los edificios, que ya tienen una antigüedad, se escogían por ser los más baratos. Ello supone que las viviendas, nueve meses después, siguen reviviendo la humedad, que retorna al poco de repintar las paredes.
En la avenida de Carlet, una vía que está pegada al río, hay una hilera de casas que se derrumbarán. El Ayuntamiento ha empezado el proceso de expropiación. Por cada vivienda se pagan 23.000 euros. Más allá de considerar si es un precio justo o no, la realidad es que poco se puede hacer con ese dinero. “¿Dónde van con esa cantidad los vecinos expropiados?”, se pregunta Joan Nàcher.
Nàcher, asimismo, explica que los servicios sociales municipales no están realizando tareas de acción comunitaria en el barrio. A la hora de asesorar en un proceso de expropiación o de incluso solicitar las ayudas para afectados por la DANA, en un barrio como El Raval, esto es un problema grave. De hecho, hay vecinos que se han quedado sin recibir algunas ayudas porque, simplemente, no se enteraron de que existían. Afortunadamente, el CLER de Algemesí ha contado con la ayuda canalizada por otros CLER de municipios afectados por la DANA, y mucha de esta, lógicamente, ha sido vital para un barrio como El Raval. Uno de los objetivos propuestos, en este sentido, es precisamente visibilizar y reivindicar su existencia. Para no ser siempre los olvidados de los olvidados.







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