¿Se puede repensar el turismo en Catalunya? Estas son algunas ideas de entidades sociales y ecologistas
Activistas alertan de los efectos de la masificación turística y de la apuesta de las administraciones por un modelo elitista. Reivindican un plan que proteja a los vecinos, trabajadores del sector, territorio y recursos naturales.

Barcelona--Actualizado a
No son pocas las entidades sociales y ecologistas que alertan del impacto de la masificación turística en toda Catalunya. De norte a sur y de este a oeste, entidades como SOS Costa Brava, Pirineu Viu, Zeroport, Pobles Vius o la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic (ABDT), entre muchísimas otras, reclaman un nuevo modelo económico y turístico que no expulse a los vecinos, que no precarice a los trabajadores, que no debilite el tejido comercial de los pueblos y ciudades, que no destroce el territorio y que no agrave la crisis climática.
Si nos centramos en este último elemento, los datos son significativos: según un informe de Oxfam Intermón publicado este noviembre, las empresas del Ibex-35 generan el 30% de las emisiones de CO₂ del Estado español. Y la empresa que se sitúa en la cima es el conglomerado de aviación IAG, propietaria, entre otras, de las aerolíneas Iberia y Vueling. Un hecho que evidencia el papel central del transporte aéreo en la emergencia climática y la responsabilidad directa de las grandes aerolíneas en el aumento de las emisiones en el país.
De forma paralela, según la ecologista Eva Vilaseca, portavoz de la Assemblea Catalana per la Transició Ecosocial (acTe), el aeropuerto del Prat —que el Gobierno de Illa se empeña en ampliar, a pesar de la gran oposición popular— "es responsable de entre el 7 y el 8% de las emisiones totales de Catalunya". Y añade: "Ampliarlo es absolutamente absurdo y suicida. Dispararía las emisiones alrededor de un 30% más". Así lo confirma un informe de 2021 encargado por la agencia de desarrollo urbano del consistorio barcelonés, Barcelona Regional.
La entidad acTe, junto con el centro de investigación Alba Sud y el Institut de Recerca Urbana de Barcelona (IDRA), organizó el pasado 27 de noviembre un primer encuentro para "repensar el turismo en Catalunya ante la crisis climática".
"En ese encuentro nos dimos cuenta de que era necesario construir una voz común porque todas las luchas contra la turistificación están muy segmentadas y localizadas. Tenemos que construir una propuesta potente sobre cómo queremos transformar el modelo de turismo de Catalunya. Tuvimos un debate sobre el decrecimiento turístico, si era suficiente o no, y concluimos que era necesario construir espacios de diálogo con otros actores", explica Vilaseca.
Los límites del modelo actual
Según Ernest Cañada, miembro de Alba Sud, existe una "triple crisis de malestar" en torno al turismo. En primer lugar, el malestar relacionado con el desplazamiento de la población, el incremento de los precios de la vivienda, la pérdida de tejido comercial, la masificación de los espacios públicos o las aglomeraciones en el transporte público. Un caso paradigmático es el del Park Güell y los barrios adyacentes. En segundo lugar, un malestar relacionado con la precarización de los trabajos del sector turístico. Este ha crecido mucho desde 2015, con el movimiento de las Kellys. Y, por último, el malestar de la población que cada vez tiene más dificultades para acceder a una actividad turística. De hecho, según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Idescat de 2023, un 30% de los catalanes no puede permitirse pasar una semana de vacaciones fuera de casa al año.
"En un contexto postpandémico, no hemos hecho cambios, sino que hemos mantenido la dinámica y, por este motivo, han crecido el malestar y la vulnerabilidad social", apunta Cañada. Las diferencias entre las clases populares y las élites económicas son cada vez más amplias. Un informe del Gremio de Hoteles de Barcelona reveló el año pasado que los turistas que se alojan en hoteles de lujo gastan más del doble de agua que los vecinos de la ciudad.
Preocupa especialmente la cuestión del agua a Vilaseca, después de la sequía prolongada que vivió Catalunya en 2024. "El turismo es un gran consumidor hídrico y Catalunya tendrá cada vez menos agua. No solo tenemos problemas de sequía porque no llueve, sino porque estamos agotando nuestros acuíferos. No puede ser que el agua que tenemos la dediquemos a esto", denuncia la activista.
Desde su punto de vista, más allá del impacto que pueda tener en el territorio y para la población local, la crisis climática forzará un cambio de modelo turístico en Catalunya. "Cada vez habrá más olas de calor, más sequía, deterioro de playas, menos nieve... El turismo de sol y playa y el turismo de esquí irán en detrimento. Esto se puede planificar, pero tenemos gente en las instituciones, en posiciones de responsabilidad pública, que está ignorando la realidad ecológica actual y futura del país", advierte.
Decrecimiento turístico
Uno de los principales reclamos de las entidades es apostar de manera firme por el decrecimiento turístico. "Tradicionalmente, las políticas públicas se han basado en reequilibrar el turismo en todo el territorio. Pero si no pones límites, solo estás extendiendo el problema. La gente seguirá viniendo a ver la Sagrada Familia", argumenta Cañada. Por su parte, Vilaseca se pregunta en qué términos debe decrecer: "No podemos depender de este modelo de turismo, pero ¿en qué términos decrecemos? ¿De consumo energético? ¿De emisiones? ¿Un 50%? ¿Un 30%? No queremos eliminar el turismo, queremos reducirlo. Pero, al mismo tiempo, tenemos que garantizar que no sea solo para pijos".
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha admitido en varias ocasiones que en la ciudad ya "no caben más turistas" y, por este motivo, el Gobierno municipal está apostando por un turismo de "calidad", es decir, por un turismo elitista de rentas altas. Esto se ha hecho muy evidente con la celebración de grandes eventos como la Copa América o la exhibición de la F1 en medio del passeig de Gràcia. Cañada alerta de que esta estrategia no es ninguna solución: "Nadie garantiza que haya una redistribución real de la riqueza". Además, añade, "este tipo de turismo consume mucha agua y está asociado a prácticas altamente destructivas, como los megayates o los campos de golf".
Para Cañada, hay que apostar por el turismo de proximidad para reducir el impacto climático de la movilidad. "Hay que repensar el turismo y priorizar a la población local. Barcelona, por ejemplo, siempre ha mirado hacia fuera. Hay que destinar más recursos públicos al turismo de proximidad, dejar de subvencionar la promoción internacional, parar las ampliaciones de infraestructuras y poner fin a los grandes eventos pensados para atraer a las élites", concluye.
Ante la emergencia climática y el creciente malestar social, el debate ya no es si hay que transformar el modelo turístico, sino si las instituciones están dispuestas a hacerlo antes de que los límites ecológicos y sociales del país queden definitivamente superados.

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