La resistencia contra el acoso inmobiliario en uno de los últimos corralones del centro de Sevilla
Una empresa desokupa tiene su sede en el inmueble histórico que, además, vigila para la propietaria, enfrentada a los inquilinos que denuncian un "acoso inmobiliario extremo" para echarles.

Sevilla--Actualizado a
Una encarnizada batalla se está librando en uno de los últimos corralones del casco histórico de Sevilla entre los pocos inquilinos que quedan en sus viviendas y locales para talleres y una empresa de seguridad y desokupación que, además de tener allí su sede, ha sido contratada por la propietaria del inmueble para vigilarlo. El Sindicato de Inquilinas y la Asamblea por la Vivienda de la capital andaluza han denunciado un "acoso inmobiliario extremo" contra esos inquilinos con "insultos y agresiones" para que se marchen y facilitar la construcción de un hotel y pisos turísticos.
Los corralones son antiguas edificaciones industriales de baja intensidad, con patios interiores característicos de la estructura urbana de Sevilla en torno a los cuales se disponen talleres artesanales y viviendas en régimen de arrendamiento. La mayoría se localizaban en el sector noreste del casco histórico, donde la presión inmobiliaria ha ido reduciendo progresivamente su número. Uno de los últimos que permanece en pie con la misma fisonomía de antaño es el de la calle Castellar, donde ahora se libra una dura contienda que ha motivado la convocatoria este viernes de una asamblea vecinal en el barrio para defender los derechos de los inquilinos que aún continúan en sus viviendas.
Una investigación de la doctora en Arquitectura por la Universidad de Sevilla María Barrero-Rescalvo refleja que el aumento de los precios de los alquileres, la falta de mantenimiento y la llegada de nuevo vecindario con mayor poder adquisitivo o "decisiones políticas directamente relacionadas con la gentrificación" han provocado la marcha de muchos de los artesanos e industriales que tenían sus talleres en los corralones, entre ellos quienes se dedicaban al arte sacro relacionado con las imágenes de las cofradías de la muy popular Semana Santa sevillana.
"Los propietarios de Castellar se han dedicado a buscar la mayor rentabilidad económica, alquilando espacios incluso para vivienda o más bien infravivienda", señala la investigadora en un artículo donde advierte: "Otro factor clave sería el emplazamiento, puesto que el corralón de Castellar se encuentra en una zona con dinámicas de gentrificación y turistificación más consolidadas".
En los corralones de Castellar ya no hay ahora talleres artesanos o industriales, salvo el de un tornero. En su lugar hay locales de ensayo de baile o para pequeños espectáculos de flamenco dirigidos a turistas, además de los que ha ocupado la propia empresa de desokupación que se ha instalado en los corralones, García Seguridad Integral, que ha alquilado seis de ellos para guardar los enseres que retira tras el vaciado de pisos y naves, otra de las actividades que ofrece en su carta de servicios.
También quedan algunos inquilinos en las viviendas de estos corralones, tres con contrato en vigor y otros con diferentes circunstancias, según el Sindicato de Inquilinas, que ha denunciado, junto a la Asamblea por la Vivienda y la Plataforma Salvemos los Corralones, que esos vecinos empezaron a sufrir "acoso inmobiliario" de los propietarios desde el momento que les devolvieron los pagos del alquiler y tuvieron que consignarlos cada mes en una cuenta de los juzgados.
La presión, aseguran, ha ido en aumento con diferentes acciones: cambio de cerradura del portón de acceso desde la calle sin entregar copia de las nuevas llaves a los inquilinos, insultos, amenazas y hasta pintadas en las que se les tacha de "okupas" conminándoles a que se vayan del inmueble. "Es un caso de acoso inmobiliario extremo, hasta el punto de que las inquilinas han llegado a temer por su vida", asegura a Público Jaime Jover, del Sindicato de Inquilinas de Sevilla.
Una decena de denuncias por agresiones y amenazas
Estefi Yeah es una de esas inquilinas, la que más ha sufrido el acoso de los propietarios, según ella. Artista multidisciplinar de carpintería, imaginería contemporánea y pintura, lleva viviendo en los corralones desde 2014, con una renta antigua de alquiler de 120 euros. Otros vecinos, con alquileres posteriores, ya pagan entre 400 y 600 euros. Según su testimonio, todo empezó cuando la empresa propietaria del inmueble, Garajes Santa Inés SL, con sede en Huelva, dejó de cuidar el inmueble y en una ocasión, en plena ola de calor, llegó incluso a cortar el suministro de agua y luz. Pero lo peor, asegura a Público, vino después, cuando ella comenzó a sufrir directamente el hostigamiento de la empresa de seguridad ubicada en el mismo corralón.
Fue el pasado 26 de agosto, recuerda Estefi, cuando intentó impedir que los de la empresa de seguridad quitaran la puerta de su portal para tener acceso a las zonas comunes del bloque, de la que luego cambiaron la cerradura sin proporcionarles las llaves. “Me dieron un golpe por detrás y me lastimaron el hombro”, dice la inquilina, que desde entonces ha puesto una decena de denuncias por las amenazas, agresiones e insultos que asegura haber recibido en todo este tiempo de los responsables de esa empresa de vigilancia y desokupación.
"Me gritan, me dicen que soy una okupa y hacen pintadas con mi nombre en las que ponen que soy una okupa y que me vaya. También me han puesto varias veces silicona en la cerradura para que no pueda entrar en la casa. Quieren extorsionarnos hasta que no podamos más y nos vayamos. Pero yo voy a seguir aquí, es lo único que sé. Seguiremos moviendo esto para defender los corralones, que están desprotegidos como patrimonio industrial y etnológico", advierte Estefi Yeah, el nombre artístico de esta inquilina de Castellar.
Hace unos días, una amiga suya que fue a verla sufrió también el hostigamiento de la empresa de seguridad que vigila los corralones, asegura la inquilina. "Se pusieron a insultarle, a gritarle que yo era una extorsionadora, una okupa. Mi amiga entró en pánico y se quedó en la puerta llorando. Y a mí me dicen todos los días que van a ir a mi trabajo a gritarme también", dice.
La empresa desokupa contratada para vigilar el inmueble
Miguel Ángel García, director general de García Seguridad Integral, niega, sin embargo, las acusaciones de esta inquilina y asegura que son ellos los que están siendo acosados. El responsable de una empresa que se publicita como especialista en "seguridad y desocupación, siempre dentro del marco legal y con un enfoque resolutivo" asegura a este periódico que han sido increpados y recibido amenazas y que incluso les han llegado a arrancar los letreros de la compañía que habían puesto en sus locales de los corralones.
García reconoce que su empresa ha sido contratada por la propietaria del inmueble para vigilarlo y evitar que "se meta gente", entre otras razones, dice, porque hay peligro de derrumbe. "Nos acusan de matones, y no es cierto. Pero que vengan de frente, cuando quieran, no por la espalda. Yo no me arrugo ante nadie", dice el empresario, tras asegurar que es la inquilina que ha denunciado el acoso la que va a molestarle a él y no al revés.
El Sindicato de Inquilinas y la Asamblea por la Vivienda de Sevilla consideran que el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía deberían implicarse en la defensa de los derechos de los arrendadores y de los artesanos que permanecen en los corralones de Castellar, "buscando la recuperación de un espacio esencial para comprender la cultura de la ciudad".
Esas organizaciones aseguran que una de las propietarias de los corralones, Garages Santa Inés, tiene embargado parte del inmueble por impagos a Hacienda y quiere vender su parte a otra empresa y que por eso "necesita desalojar el edificio". Además, afirman que la empresa compradora, Arenas de la Bellida SL, pretende construir un hotel y viviendas destinadas a uso turístico, tal como ocurrió con los antiguos corralones del pasaje Mallol. Este periódico ha intentado localizar a ambas empresas, pero no lo ha conseguido.
Un aparcamiento de coches junto al Palacio de Dueñas
Los corralones se utilizan también como aparcamiento de coches. En una página web se publicitan así, como si se anunciara un apartamento turístico: "Colindando con los muros del Palacio de Dueñas (propiedad de la Casa de Alba), en pleno corazón del casco antiguo de Sevilla, se encuentra uno de los espacios con más personalidad de la ciudad: los corralones de la calle Castellar (…), patios y edificios que forman parte del antiguo tejido productivo del barrio de San Luis".
En 2017, el Ayuntamiento de Sevilla informó que había sancionado por tercera vez a la propietaria de los corralones por haber incumplido el acuerdo que ordenó en 2012 la erradicación del uso del patio para el estacionamiento público de vehículos. La decisión de suprimir tal aparcamiento obedecía a que los corralones de Castellar gozan de una protección parcial de grado dos dentro del Conjunto Histórico Artístico de Sevilla.
Jaime Jover sostiene que los corralones de Castellar, como uno de los últimos espacios industriales de baja intensidad que se conservan en la ciudad, deberían ser preservados por el ayuntamiento con un uso cultural. "Es algo muy especial de Sevilla, un espacio gremial donde se juntaban artesanos, torneros, tallistas, ebanistas, imagineros de la Semana Santa, así que el Ayuntamiento tiene que intervenir", subraya.
Este miembro del Sindicato de Inquilinas dice haber sido testigo el pasado 19 de marzo, cuando organizaron en la vivienda de una inquilina de Castellar un taller sobre acoso inmobiliario, de cómo un integrante de la empresa de seguridad que vigila el inmueble se puso en la puerta de los corralones para impedir que entrara o saliera gente. "Llamamos a la Policía y vinieron hasta cuatro patrulleros, porque el hombre se puso muy violento", asegura.
Ante la convocatoria de una asamblea vecinal este viernes en el centro vecinal Felisa García de la Casa del Pumarejo, próxima a la calle Castellar, para abordar la situación de los inquilinos de los corralones, el responsable de la empresa de desokupación se proponía llamar a la Policía ante el temor de que luego se presentaran delante de su casa. "Son ellos los que vienen a por nosotros", dice el empresario a este periódico, quien asegura que buena parte de los inquilinos que permanecen en el inmueble son okupas.
Hace 20 años, una pintora que tenía su taller y su casa en los corralones de Castellar decía lo siguiente en una mesa redonda en la que se debatía el devenir de esos históricos espacios sevillanos, tal como se recoge en un archivo de la Plataforma de Artesanos del Casco Antiguo: "Mi futuro es súper incierto. Quiero saber dónde me voy a meter yo, mis materiales, mi trabajo, dónde vamos a ir a parar todos (…) Además de eso, mi bloque de vecinos lo han vendido a una inmobiliaria, completo, sin consultarnos a nadie. Con lo cual ya me veo en agosto fuera del taller y en septiembre fuera de mi casa".










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