Restaurantes de lujo y hoteles por 400 euros la noche: los faros se convierten en negocios privados
Diversos colectivos vecinales se oponen al uso turístico de estos edificios en lugares como Lugo, Murcia o Alicante. En Málaga, la construcción de un rascacielos anularía su función como señal marítima.

Madrid-
Alba es una amante de los faros y de sus historias. Cada vez que viaja a una ciudad de costa busca el más cercano. A principios de año, por su cumpleaños, su pareja le regaló dormir en uno de ellos. Dos noches en el faro de Lariño (A Coruña), a escasos metros del mar. Un emotional hotel, según se define en su web. "Fue una experiencia increíble. Es caro, pero para los apasionados del mar merece la pena", cuenta.
En España hay alrededor de 190 faros gestionados por las Autoridades Portuarias. Estos organismos están coordinados por un ente público del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible llamado Puertos del Estado. A pesar de la llegada de los GPS, estas edificaciones continúan siendo esenciales para la navegación.
En 2013, en plena primera legislatura de Mariano Rajoy, el extinto Ministerio de Fomento de Ana Pastor creó la iniciativa Faros de España. El objetivo era desarrollar actividades turísticas, tanto públicas como privadas, en espacios que ya no eran utilizados para la señalización marítima. Muchas instalaciones ya están automatizadas, eliminando la profesión del farero y vaciando sus viviendas.
A día de hoy, la web del proyecto no está disponible, pero los faros reconvertidos en hoteles o restaurantes siguen siendo una realidad.
El faro de Cudillero (Asturias), Punta Cumplida (La Palma), Cabo de Finisterre (Galicia) o el Cap de Creus (Girona) son algunos de estos edificios históricos reconvertidos en suites. Otros casos, como el faro de Artrutx (Menorca), el de Trafalgar (Cádiz) o el de Cap de l’Horta (Alicante) cuentan con proyectos, ya vigentes o en proceso, para abrir sus puertas a un restaurante.
La resistencia a estos planes se extiende a lo largo de los 8.000 kilómetros de la costa española. Desde Murcia hasta Galicia, consignas como "Salvemos El Faro" o "El Faro No Se Vende" abanderan las protestas vecinales.
Ribadeo, el primer hotel faro
"Antes no podíamos acceder a la isla porque decían que era peligroso y de repente se crea un hotel", recuerda Covadonga Suárez. Ella se enteró a la vez que todos sus vecinos de que el contorno de Ribadeo, su pueblo, iba a cambiar. La noticia les llegó por la prensa.
Suaréz, indignada por la noticia, creó la página de Facebook Por Nuestro Faro. Diez años después, el chat cuenta con 800 miembros y es ahora una asociación. Covandonga Suárez es su presidenta.
El faro de Ribadeo (Lugo) fue el primero en convertirse en hotel en España. A mediados de 2015 comenzó una concesión de 10 años que transformaría Illa Pancha, un lugar aislado y emblemático situado en las afueras de la localidad.
La empresa Eiobra A Mariña SL convirtió el antiguo edificio del faro en un apartamento turístico con dos suites. Tras abrir en 2017, el Consello de Ribadeo lo mantuvo cerrado durante más de ocho meses por diversas "deficiencias".
En 2021, al uso hotelero se sumó una cafetería con terraza, permitiendo el acceso únicamente en los horarios de apertura. "Nosotros seguíamos insistiendo en que se abriera completamente a la ciudadanía", recuerdan desde la plataforma.
El acceso público a la isla no solo era un reclamo de los vecinos, sino una de las condiciones de la concesión impuestas por el Ayuntamiento. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) lo ratificó en marzo de 2022. Una sentencia desestimaba un recurso presentado por la empresa gestora: "El acceso libre y público hasta la puerta del establecimiento ha de existir".
Illa Pancha pertenece a la Red Natura 2000, un sistema europeo de áreas de conservación de la biodiversidad. Desde Por Nuestro Faro y Ecologistas en Acción reclaman la necesidad de un Estudio de Impacto Ambiental. Según ellos, se está incumpliendo el artículo 46 de la Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, que exige, en esos espacios protegidos, que cualquier plan que "pueda afectar de forma apreciable a las especies o hábitats […] se someterá a una adecuada evaluación de sus repercusiones".
En 2025, Ecologistas en Acción galardonó a Illa Pancha con su distinción "Banderas Negras", un premio a las peores gestiones ambientales. "Es un caso paradigmático de privatización de un bien público perteneciente a un espacio protegido", declaran en su informe.
En estos 10 años, tanto esta organización como Por Nuestro Faro han remitido la situación en diversas ocasiones al Defensor del Pueblo y la Valedora do Pobo, su homóloga en Galicia. "Nos han ido dando la razón, pero al final aquello sigue igual", explican desde Ecologistas.
Ecologistas en Acción galardonó a Illa Pancha con su distinción "Banderas Negras", un premio a las peores gestiones ambientales
Por su parte, la Autoridad Portuaria de Ferrol-San Cibrao explica que la concesión "siguió todos los pasos establecidos por la ley". Resalta que la evaluación ambiental es necesaria cuando los proyectos "afectan de forma apreciable", algo que, según el organismo, no ocurre en este caso al tratarse de "la rehabilitación interior del faro y no de obra nueva". Además, dice que un informe del Servicio de Conservación de la Naturaleza (Seprona) señaló que no constan "hábitats de interés comunitario".
En julio de 2025 la concesión llega a su fin, siendo posible un prórroga de 5 años. "No tenemos ningún tipo de información", denunciaba Por Nuestro Faro a finales de junio. El alojamiento sigue disponible para los próximos meses por 400 euros la noche. 300 si lo haces con antelación.
De acuerdo con la Autoridad Portuaria, la prórroga está contemplada desde la aprobación de la concesión y no es necesario notificar su renovación. El 11 de julio, una nota de prensa del organismo comunicó "el visto bueno" a la continuación del acuerdo.
"Es inconcebible que un espacio tan identitario de Ribadeo pueda ser comprado o alquilado, o en realidad prostituido de esa manera, y sobre todo sin consultar a nadie", sostiene la presidenta de la plataforma.
Por Nuestro Faro ve una mera decisión política que "no tiene en cuenta lo que el pueblo pueda querer". Covadonga Suárez habla del faro como un templo desacralizado, un símbolo arrebatado por los intereses privados.
Málaga, a la sombra de un rascacielos
La Farola de Málaga lleva parpadeando desde 1817. Este faro escrito en femenino preside un muelle plagado de restaurantes y tiendas de moda. Ahora, podría caer sobre ella una sombra de 144 metros.
"Hablar del rascacielos es hablar de un proyecto de ciudad, porque afecta clarísimamente a lo que es la ciudad", explica Juan Antonio Triviño, de la Plataforma Defendamos Nuestro Horizonte.
En el verano de 2016, el Ayuntamiento de Málaga aprobó la concesión para la construcción de un hotel en el puerto a la inmobiliaria Andalusian Hospitality II. Un año después, Defendamos Nuestro Horizonte nació con la idea de "abrir el debate y conocer con detalle qué es lo que había detrás".
Bajo la retórica de que "una imagen vale más que mil palabras", un equipo de investigadores de la Universidad de Málaga, liderado por Matías Mérida, realizó una simulación a escala del impacto visual que tendría la construcción del rascacielos. A priori, el edificio no afectaría a la Farola, pero su sombra la inutilizaría para la señalización marítima.
Triviño recuerda cómo esta imagen encendió el debate en la ciudadanía: "La gente empezó a ver lo que suponía en el horizonte de Málaga y se empezaron a sumar". Recientemente, el Instituto de Estudios Urbanos y Sociales de Málaga actualizó la imagen atendiendo a las novedades del proyecto.
La construcción de la llamada torre del puerto obligaría a la edificación de otro faro para suplir las actividades que la Farola dejaría de hacer tras 208 años de historia.
En 2023, el Ayuntamiento completó su parte. Solo con los votos a favor del equipo de Gobierno del PP, se modificó el Plan Especial del Puerto de Málaga. Esta nueva ordenación legalizó la construcción de un complejo hotelero con "una altura de 35+3 plantas y categoría cinco estrellas", como comunicó la administración local a través de una nota de prensa.
La altura máxima se fijó en 150 metros. El nuevo rascacielos podrá opacar los 132 metros del Castillo de Gibralfaro, hasta ahora el punto más alto del centro. Meses antes, la Farola había sido nombrada Bien de Interés Cultural (BIC).
La construcción del rascacielos obligaría a la edificación de otro faro para suplir las actividades que la Farola dejaría de hacer tras 208 años de historia
Según la plataforma, el hotel "no cuenta con el beneplácito de la mayoría de la ciudadanía de Málaga". La asociación, formada por más de 30 colectivos sociales, presentó un recurso en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) contra la modificación del Plan del Puerto.
Desde que salió a la luz, el proyecto ha cambiado de altura, diseño y hasta de arquitecto. Los 135 metros iniciales pasaron a ser 116 en 2020 para luego subir hasta los 144 actuales. El arquitecto valenciano José Seguí fue reemplazado a finales del pasado año por el británico David Chipperfield. "Todo eso nos permite que sigamos manteniendo vivo el debate y sumando más personas", explican desde la organización ciudadana.
Según los medios locales, Chipperfield entregó los planes definitivos a la Autoridad Portuaria en marzo. Por el momento, no se conocen los detalles del hotel cinco estrellas. Tampoco ha sido enviado a Puertos del Estado, organismo que debe aprobarlo antes del paso final, el Consejo de Ministros.
"Hasta el alcalde dice que no conoce el proyecto", añade el portavoz de la asociación en referencia a una noticia publicada por Málaga Hoy a finales de mayo. Público se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento, que ha declinado hacer declaraciones. También con el Puerto de Málaga, que ha rechazado pronunciarse alegando que no ha habido avances al respecto.
"No es de interés público, sino un pelotazo urbanístico en la mejor parcela de Málaga", denuncia Triviño. Para Defendamos el Horizonte, la Farola es el emblema de la ciudad: "Está dibujada en el mismo horizonte, en él hay una identificación con Málaga, con el malagueñismo".
Cabo de Palos, los vecinos que salvaron su faro
"No al hotel", "Salvemos el faro", "Stop privatización"… La subida al faro de Cabo de Palos (Murcia) no olvida una lucha vecinal que comenzó en 2017 y acabó en éxito. El 14 de agosto de ese año, una manifestación recorrió las calles del pueblo bajo el lema "El Faro No Se Vende". Bajo sus pies, diversas pintadas en blanco resaltaban sobre el asfalto.
"Cuando las veía alguien de la Autoridad Portuaria mandaba operarios para taparlas", recuerda Gloria Moya, portavoz de la asociación vecinal Salvemos el Faro de Cabo de Palos. Al caer la noche, volverían para reescribir los mensajes. Todo aquel que visite hoy el faro leerá esta protesta y los intentos de borrarla.
En junio de 2017 el Congreso de los Diputados aprobó una propuesta del PP para que el Faro de Palos, localidad perteneciente al municipio de Cartagena, pudiera ser "utilizado por la gente". Teodoro García Egea, portavoz del partido, alegó que "los faros podrían tener una utilización muy parecida a los Paradores en lugares con encanto".
Semanas antes, diversos medios locales informaron de que la empresa Faros de Levante SL había expuesto un proyecto para convertir el faro en un hotel.
Pocos días después de la aprobación de la medida, y tras más de 7.000 firmas en contra, se creó la plataforma Salvemos el Faro de Cabo de Palos. Moya habla de un apoyo férreo al proyecto turístico del presidente del momento de la Autoridad Portuaria de Cartagena, Antonio Sevilla.
En julio del mismo año, la asociación convocó una reunión con los grupos políticos de la Asamblea Regional. Acudieron todos, excepto el PP. "Sirvió para que se nos tuviera en cuenta a nivel mediático. Indicaba quiénes estaban absolutamente interesados en que alguno de los suyos se llevara el pastel y quiénes estaban apoyando", explica Moya.
Poco después de la manifestación de 2017, PSOE y Podemos presentaron en el Congreso una propuesta en contra de la creación del hotel. El movimiento asociativo lo llamó el "Pacto del Faro" debido a un encuentro que tuvo lugar en el faro con todos los grupos políticos. Todos excepto el PP, una vez más.
Ocho años después, el faro no es un hotel y ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC). "Si no hubiera sido por la movilización ciudadana, eso ahora mismo tenía un neón", afirma Gloria Moya tras relatar en detalle casi una década de lucha vecinal. Sin embargo, el miedo sigue latente en esta localidad situada junto a la Manga del Mar Menor.
La asociación en Defensa de la Protección de Cabo de Palos (PROCABO), alerta de que la declaración del faro como BIC no impide el uso hotelero del edificio. "Queremos que lo público siga siendo público. No tenemos una biblioteca, no tenemos un centro cultural, los vecinos ya no se puede permitir comprar ni alquilar las casas. Por lo menos que lo poquito que queda público nos lo dejen", denuncia su presidenta, Karina de Santiago.
"Queremos que lo público siga siendo público. No tenemos una biblioteca, no tenemos un centro cultural", denuncia Karina de Santiago
La Autoridad Portuaria de Cartagena afirma que actualmente no existe ningún proyecto: "A corto plazo el faro sigue habitado y no hay ninguna propuesta ni solicitud sobre la mesa".
El faro tiene una localización especial, marca el final del pueblo. "Es un referente cultural para la gente de Cabo de Palos, un signo de identidad y un lugar de memoria. Siempre ha sido un lugar de encuentro", resaltan desde la asociación.
Tras más de 50 años en Cabo de Palos, Karina de Santiago teme perder su "calidad de vida" frente aquellos "que puedan pagar 500 euros la noche". Para ella, ver el faro convertido en hotel sería "el desastre total".
Alicante, de hogar del farero a restaurante de lujo
Entre calas, chalés con piscina y pistas de tenis, el faro del barrio de Cabo de la Huerta se mantiene en un espacio protegido que ha escapado de la urbanización. El boom turístico de los 70 cambió la imagen del litoral de Alicante, convirtiendo a Playa de San Juan y la Albufereta en una de las principales áreas residenciales y turísticas de la ciudad valenciana. Junto al contiguo Cabo de la Huerta, estos distritos acogían en 2024 a un 15,4% de la población de la localidad.
"Todavía queda un espacio con cierta naturalidad en primera línea de costa", explica Miguel Ángel Pavón, vicepresidente de Amigos de los Humedales del Sur de Alicante (AHSA). La antigua huerta alicantina da nombre a la zona, ahora mayormente urbanizada excepto por unos terrenos protegidos donde se encuentra el faro.
En 2020, el uso privado alcanzó al edificio. La Autoridad Portuaria aprobó una concesión de 15 años que crearía un restaurante de lujo con terraza en lo que fue la vivienda del farero.
"Nos quedamos pasmados", cuenta Pavón. Del rechazo surgió la plataforma Salvem el Far del Cap de l’Horta, integrada por más de 50 colectivos, partidos políticos y personas. Se recogieron más de 6.000 firmas en contra del proyecto.
A finales de año, tras más de 150 alegaciones y 200 recursos desestimados, se tramitó oficialmente la concesión. Un proceso "rápido", según la asociación, que cinco años después continúa sin materializarse.
"Por ahora está paralizado, pendiente de la recalificación del suelo y la licencia municipal", explican desde la Autoridad Portuaria de Alicante. Según este organismo, el proceso "es lento" al involucrar a diferentes administraciones. Por el momento, no parece que vaya a haber pronto un restaurante en el faro.
Desde AHSA defienden la creación de un centro de interpretación de los valores naturales, culturales y paisajísticos de Cabo de la Huerta. Según Pavón, el faro es un lugar "idóneo" donde concurren fondos marinos pertenecientes a la Red Natura 2000 y la existencia en el pasado de una torre de vigilancia del siglo XVI declarada BIC. Los restos del puesto de vigilancia se encuentran bajo las instalaciones del propio faro.
Desde AHSA defienden la creación de un centro de interpretación de los valores naturales, culturales y paisajísticos de Cabo de la Huerta
Tras estos años de silencio, la plataforma espera reactivarse cuando comience a haber noticias sobre el futuro del faro. "Alicante tiene una larga historia de desafección hacia su patrimonio, mucho ya se ha destruido", lamenta Miguel Ángel Pavón.
Los faros fueron construidos hace siglos para guiar a los navegantes en la oscuridad. Ahora, algunos también ofrecen restaurantes y habitaciones de hotel con vistas al mar. Mientras tanto, colectivos vecinales reivindican mantener su uso público en una España marcada por el turismo de sol y playa.








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