Las grietas de la sanidad más allá del escándalo de los cribados de Andalucía: "Muchas vidas se han roto"
En Andalucía, al menos 2.000 mujeres no recibieron aviso tras obtener resultados “no concluyentes”, y en el País Valencià 90.000 que debían someterse a una mamografía en 2024 quedaron sin citar.
Pacientes de cáncer de mama relatan a 'Público' las trabas que enfrentan a diario durante el proceso de su enfermedad. Reclaman más cuidados, inversión e investigación.

Madrid-
"Guerreras, sí, pero no contra la enfermedad. No por llevar una teta amputada. Guerreras, sí, pero contra el sistema". Ana Jiménez fue diagnosticada de cáncer de mama a finales de 2020, cuando tenía 35 años. Pasó por quimioterapias, una mastectomía, la extirpación de los ganglios axilares y varias sesiones de radioterapia. Parecía que la pesadilla se disipaba, pero en febrero de 2023 su cuerpo volvió a darle una señal de alarma: fuertes dolores en el sacro. Ana insistió una y otra vez para que le hicieran pruebas en la sanidad pública, hasta que llegó la confirmación que nadie quiere escuchar: metástasis óseas. Con 38 años, los médicos le dieron una esperanza de vida de cinco años.
El escándalo andaluz ha expuesto las grietas del sistema de cribado del cáncer de mama en España. En la región, al menos 2.000 mujeres no recibieron aviso tras resultados "no concluyentes", un fallo que las autoridades autonómicas atribuyen a problemas de comunicación. [En este artículo se detalla cómo debería haber operado el programa de cribado en Andalucía y se analiza dónde y por qué pudo fallar].
Recientemente, ha salido a la luz que la sanidad valenciana dejó sin citar a 90.000 mujeres que debían someterse a una mamografía en 2024. En la Comunidad de Madrid, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha comprado los tests más baratos y limitados de cinco posibles para un nuevo cribado de cáncer a mujeres de 25 a 65 años. En Cantabria, Izquierda Unida ha denunciado ante la Fiscalía los retrasos en el diagnóstico de las mamografías, donde alrededor de 4.000 mujeres están pendientes de resultados. En conversación con Público, Joan Carles March, experto en Salud Pública, contextualiza y analiza la gestión del seguimiento oncológico en las comunidades autónomas: "Según la Estrategia en Cáncer del Ministerio de Sanidad, los programas de cribado se implantaron en distintos años según la comunidad, la mayoría en los años 90, con diferentes grupos de edad objetivo. Las coberturas varían bastante: algunas comunidades alcanzan casi el 100% en el grupo tradicional de 50‑65 o 50‑69 años, mientras que otras tienen coberturas mucho menores".
Joan March, experto en Salud Pública: "La brecha territorial en los cribados provoca diagnósticos tardíos, tratamientos agresivos y menor eficiencia sanitaria"
Actualmente, aclara, se plantea ampliar el rango de edad del cribado, incluyendo mujeres de 45 a 49 años y extendiéndolo hasta los 74. Algunas comunidades, como Navarra, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia, Murcia, País Valencià y también Ceuta y Melilla, ya incluyen a mujeres desde los 45 años; y algunas, como Galicia, Murcia y País Valencià, han ampliado el cribado hasta los 74. Para March, existe una brecha territorial evidente: "La inequidad se da en edad de inclusión, periodicidad, participación, cobertura, plazos de resultados y confianza en el seguimiento clínico. En 2019, aproximadamente el 74% de las mujeres de 50 a 69 años se realizaron una mamografía en los últimos dos años, aunque los porcentajes varían según la comunidad".
Según el experto, la implementación desigual responde a la autonomía de las comunidades, diferencias en recursos humanos y materiales, presupuestos, organización del programa, factores socio‑demográficos y fallos en trazabilidad y comunicación de resultados. "Esto provoca demoras y errores en el seguimiento clínico, afectando la confianza de la población y generando desigualdades en la detección temprana". Las brechas, enfatiza, tienen consecuencias graves: "Diagnósticos más tardíos, tratamientos más agresivos, disparidades en la mortalidad por cáncer de mama y menor eficiencia del sistema sanitario".
Para reducirlas, señala, el Ministerio de Sanidad está recopilando datos sobre cobertura, participación y seguimiento clínico, mientras varias comunidades planean ampliar la edad de cribado y homogeneizar protocolos. Se proponen las siguientes medidas: establecer estándares nacionales mínimos, mayor transparencia de datos, inversiones en zonas con menor cobertura, campañas de información dirigidas a colectivos con baja participación, incremento de personal y equipos especializados, así como la coordinación interautonómica para uniformizar buenas prácticas según la evidencia y las recomendaciones europeas.
"¿Cómo vamos a volver a confiar en el sistema?"
Tras el gravísimo error en los programas de cribado de cáncer de mama en Andalucía, Ana Jiménez se pregunta: "¿Cómo vamos a volver a confiar en el sistema?". Ella, confiesa al otro lado del teléfono, no lo haría. Es paciente del sistema público de salud y reconoce sus grietas. "Fui llorando porque no podía andar, me dijeron que era ansiedad, que me tomara algo para calmarme", recuerda. Pero no se conformó. "Tuve que exigir una resonancia magnética porque sabía que aquello no era ansiedad. Sabía que lo que venía era un diagnóstico condenatorio".
Se identifica, en parte, con las miles de mujeres afectadas en Andalucía por los retrasos en los diagnósticos oncológicos. "Quienes vivimos pendientes de pruebas sabemos lo que es esa angustia. Cada dos o tres meses tenemos que volver al hospital, esperar citas, mirar el móvil constantemente para ver si nos han notificado algo... y eso genera una ansiedad tremenda porque no sabes si se les va a olvidar", relata. Recalca que la lucha no va solo de resistir, sino de vivir con dignidad: "No se trata de vivir 20 años a cualquier precio, sino de vivir el tiempo que tengamos con calidad". Para la joven, lo ocurrido en el sur de la península evidencia algo más profundo: "Nos damos cuenta de que dependemos totalmente de un sistema que no funciona bien, y esos fallos no son pequeños. Por ellos, muchas vidas se han roto".
Ana Jiménez, paciente de cáncer de mama: "Dependemos de un sistema que no funciona bien. Los fallos de Andalucía han roto muchas vidas"
Basado en lo que ha vivido, Ana desgrana las fisuras de un sistema sanitario que, confirma, abandona a los pacientes oncológicos cuando más apoyo necesitan. "Tuve que solicitar el servicio de psicooncología porque nadie me lo ofreció", recrimina. "Me daban cita cada dos meses. En mi caso, con una metástasis y dos niñas pequeñas, ¿cómo voy a esperar dos meses para poder hablar con alguien que me sostenga emocionalmente y me dé herramientas para afrontar esto?", relata. Ante la falta de respuesta pública, terminó recurriendo a la sanidad privada. Echa en falta también equipos multidisciplinares reales que integren atención psicológica, nutrición, sexología y acompañamiento social. Y denuncia los retrasos en la financiación de tratamientos innovadores, que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte: "Cuando un medicamento se aprueba en Europa, en España puede tardar más de dos años en estar disponible. Mi esperanza de vida es de cinco. ¿Cómo voy a esperar dos años, si en cinco, se supone, me muero?", se desahoga.
El pasado 13 de octubre se conmemoró el Día Mundial del Cáncer de Mama Metastásico y el 19 de octubre es el Día Internacional del Cáncer de Mama. Ana confiesa que no puede ni ver los lazos rosas. Tampoco tolera el marketing que rodea a esta enfermedad. "Estoy cansada. El cáncer no tiene por qué tener un color porque cada una lo vive de una manera. Pero si hay que descartar alguno, sería el rosa, por todo lo que implica socialmente". Rechaza la narrativa edulcorada que a menudo se asocia al cáncer de mama. "No somos números. Somos madres, hermanas, parejas, amigas e hijas". Recuerda el momento en el que comunicó a su entorno su diagnóstico: "Me dio un ataque de ansiedad y una compañera del trabajo me dijo: 'Mujer, no llores, que de cáncer de mama hoy no se muere nadie, es el bueno'". "¿El bueno? ¿Hay algún cáncer bueno?", pensó ella.
Ana Jiménez, paciente: "El cáncer no tiene por qué tener un color, pero si hay que descartar alguno, sería el rosa por todo lo que implica socialmente"
Con el paso del tiempo, la joven ha aprendido que incluso quienes logran superar la enfermedad "viven con miedo y con cicatrices emocionales". "Te quitan uno o dos pechos, y eso también hay que trabajarlo a nivel emocional", deja caer. Critica el peso simbólico que recae sobre las mujeres. "A ningún hombre con cáncer de próstata se le dice 'venga, guerrero'. Nosotras tenemos que poder con todo, ser guerreras, estar guapas y además con buena cara". "Yo sé que para mí ya es tarde, a mí no me van a salvar. Pero por detrás vendrán muchas más, y ellas merecen tener la oportunidad de cronificar esta enfermedad. Para eso hacen falta recursos públicos y una verdadera inversión en investigación", sentencia.
Inversión, investigación y dignidad frente al cáncer
El año pasado, 6.604 personas murieron por cáncer de mama en España, de las cuales 6.513 eran mujeres. Las cifras no dejan lugar a dudas: los diagnósticos siguen aumentando. Ese mismo año, se detectaron 36.395 nuevos casos. Las proyecciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) apuntan a que este año la cifra rozará los 37.700. La misma entidad alerta de que, si no se impulsa con urgencia la investigación, la incidencia del cáncer podría dispararse hasta un 60% en las próximas dos décadas y alcanzar un 77% en 2050.
Si no se impulsa la investigación, la incidencia del cáncer podría dispararse hasta un 60% en las próximas dos décadas, según la SEOM
"La prevención no puede limitarse a decirnos que llevemos una vida sana o que nos toquemos el pecho", achacan las mujeres afectadas. Entre sus reivindicaciones figuran una inversión pública sostenida en investigación, laboratorios transparentes, la creación de una farmacéutica pública y políticas presupuestarias que prioricen el desarrollo de tratamientos innovadores capaces de mejorar tanto la esperanza como la calidad de vida. También piden unidades multidisciplinares que integren fisioterapia, nutrición, atención ginecológica especializada, sexología y apoyo psicológico gratuito y estable.
Exigen centros de referencia distribuidos por todo el país, con protocolos de actuación unificados y una ratio profesional/paciente digna. Las pacientes suscriben, además, que el cáncer no puede seguir tratándose como una enfermedad de corto recorrido. Exigen una reforma laboral y administrativa que contemple su realidad: incorporaciones progresivas al trabajo, flexibilidad horaria y criterios de incapacidad coherentes en todo el territorio. Piden, en definitiva, una coordinación real entre sanidad, servicios sociales y sistema laboral que les permita vivir —y no solo sobrevivir— con dignidad.
Julene Illarramendi, portavoz de la asociación Iñurri: "El cáncer sigue siendo un tabú, y mientras no se hable de él, no se financiará"
Hace ocho años, la madre de Julene Illarramendi Elexpuru murió a causa de un cáncer de mama metastásico. Le habían diagnosticado la enfermedad con apenas 37 años, cuando su hija tenía diez. Julene recuerda que su madre le explicaba que tenía "un bicho dentro" que haría que se le cayera el pelo y que tuvieran que quitarle un pecho. Ella, con la inocencia de una niña, creía que todo saldría bien. Pero el cáncer terminó arrebatándole a la persona que más quería. "Fue un proceso largo, poco a poco y muy duro, pero también lleno de aprendizaje", cuenta ahora a Público. Tras la muerte de su madre, el mundo se le vino abajo. "Estaba enfadada. ¿Cómo que el cáncer de mama es rosa? ¿Superviviente y luchadora? Mi madre no fue una guerrera".
En 2019, Julene fundó Iñurri, una asociación con sede en Euskadi que busca visibilizar el cáncer de mama desde una perspectiva feminista. "Queremos crear referentes, mostrar cuerpos reales, romper con la narrativa superficial que rodea a la enfermedad. Nadie tiene que decirnos cómo llevar el cáncer: tenemos derecho a decidirlo nosotras mismas". Para la joven, hablar del cáncer sigue siendo "un acto político y necesario". "El cáncer sigue siendo un tabú, y mientras no se hable de él, no se financiará. Tenemos que escuchar a las pacientes oncológicas, porque el cáncer no espera: un retraso de unos meses en un diagnóstico puede costarte la vida. Cuando hay recursos públicos, la diferencia entre vivir o morir no debería depender de la suerte". E infiere: "El cáncer no es una batalla. No se gana ni se pierde".
La lucha real del cáncer de mama sale a la calle
Bajo el lema "El cáncer de mama no es rosa", miles de mujeres volverán a llenar las calles este 19 de octubre, Día Internacional del Cáncer de Mama. Lo harán con un mensaje: el cáncer no se maquilla, se enfrenta con recursos, compromiso y justicia social. Las convocantes quieren romper con la narrativa comercial que envuelve cada año esta fecha. Denuncian la precariedad del sistema público de salud, el abandono del cáncer metastásico, la exposición cotidiana a sustancias tóxicas y cancerígenas que apenas se regulan, y el uso mercantil del lazo rosa por parte de grandes marcas que, aseguran, solo destinan "una mínima parte" de los beneficios a la investigación.
Pacientes con cáncer de mama: "Se benefician de la imagen rosa mientras nosotras seguimos atrapadas en listas de espera y sin recursos"
"El cáncer de mama no puede seguir tratándose como un problema individual, sino como una cuestión de salud pública", sostienen. Piden a los responsables políticos un compromiso real con la investigación, la prevención y la atención integral a las pacientes, y exigen a las empresas que dejen de lucrarse con la enfermedad. "Se benefician de la imagen rosa mientras nosotras seguimos atrapadas en listas de espera, sin recursos y con tratamientos inaccesibles". "El cáncer no espera. Y tampoco puede camuflarse. El silencio no protege; el silencio duele, angustia, y a veces mata".
Concentraciones 19 de octubre a las 12.00 horas
Madrid: Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades P.o de la Castellana, 162
Barcelona: Plaça de Sant Jaume
Bilbao: Plaza del Arriaga
Donostia: Boulevard-eko Kioskoa
València: Palau de la Música Pg. de l'Albereda, 30




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