De Angrois a Adamuz: 778 kilómetros y 13 años
Las víctimas del accidente del Alvia de Santiago, ocurrido el 24 de julio de 2013, siguen pensando que las instituciones las han abandonado y que no se ha hecho justicia con los responsables del siniestro.

Aida L. Rosell / Luzes
El ingeniero informático Jesús Domínguez estuvo ingresado y sufrió decenas de operaciones entre julio y septiembre de 2013. Viajaba en el tren que descarriló a la entrada de Compostela ocasionando 80 muertos y más de un centenar de heridos. Cuando salió de la Clínica Centro de Madrid, donde había sido trasladado en ambulancia desde a capital gallega, se topó con una serie de informaciones que no le cuadraban. Luego supo que otras personas que también viajaban en ese Alvia o que perdieron a familiares y amigos en aquel convoy habían constituido formalmente una asociación: Susana de Miguel, Víctor Taibo (hijo de la exdiputada del PP Teresa Gómez-Limón), Paloma Domínguez, Rogelio y Gema, Luis y Laura del Moral (pareja de Domínguez)...
Ahí empieza la historia de una lucha que se prolongó durante más de nueve años hasta que se empezaron a juzgar los hechos. En su travesía, las víctimas se reunieron con representantes políticos de todos los colores, y su ambición, desde la primera manifestación el 17 de diciembre de 2013 frente al Congreso de los Diputados, era que se depuraran las responsabilidades penales y políticas por el accidente.
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Los 'Aquiles'
Septiembre de 2015. Jesús Domínguez está en el edificio de la abuela de su pareja. En el ascensor tropieza con un vecino a lo que le pide el favor de bajar con él al garaje, porque no tiene las llaves. Le pregunta por su lesión en la pierna y le acaba contando que iba en el Alvia siniestrado en Galicia. "En ese momento ya habíamos protagonizado muchas protestas como plataforma, así que imagino que le sonaba mi cara y que en realidad sabía quién era. Y él quería ayudarnos", recuerda el presidente de la asociación de víctimas del accidente de Angrois.
Ese vecino, ingeniero de caminos que trabaja en Adif, promueve dos reuniones discretas en cafeterías madrileñas en las que acerca un documento a las víctimas que les sirve para profundizar en sus recelos sobre la versión oficial del accidente, aquella en la que el maquinista era el único culpable. El kilómetro cero al que vuelven las víctimas tras el fallo de la Audiencia Provincial de A Coruña.
El documento que les entrega este colaborador espontáneo es un acta de una reunión en la que varios cargos de Adif habían hablado, ya en junio de 2011, de modificar el cuadro de velocidades en la línea Ourense-Santiago, debido al salto de 200 a 80 kilómetros por hora, antes de la curva de A Grandeira, al que se obligaba al maquinista. El mismo brusco salto de velocidad sobre el que advirtió en diciembre de ese año 2011, al poco de inaugurarse la línea, un jefe de maquinistas, sin que tras este aviso se produjera modificación alguna.
En la primera cita, a finales de 2015, Aquiles Troyano (nombre en clave que enseguida le pone Jesús) enseña el acta, pero la tapa parcialmente con las manos. El presidente de la plataforma le hace fotografías con el móvil y memoriza dos o tres nombres que le sirven para, esa noche, localizar el acta en el sumario del caso. Para entonces, la prensa (en esencia dos periodistas: Pablo González en La Voz de Galicia y David Reinero en El País) ya había sacado a relucir gran cantidad de datos con la que explicaba cómo había sucedido una tragedia así en el alta velocidad española.
En 'Vivos y muertos', Vázquez Figueroa novela un caso de corrupción que provoca accidentes en la construcción de la línea de AVE. Su protagonista es Aquiles Troyano, alias con que las víctimas llaman a algunas personas que las ayudaron
Con todo, el proceso judicial avanzaba a trompicones, sin orientación clara. En ese contexto, Aquiles Troyano acude al segundo encuentro en retirada, según la impresión de las víctimas. Pero, para su sorpresa, los representantes de la plataforma le muestran el acta y también correos electrónicos en los que él participaba alrededor de la discusión sobre el cuadro de velocidades de Ourense-Santiago. "Queda superpillado. Baja Laura con el libro de Vázquez-Figueroa y se lo regalamos", cuenta Jesús.
Aquiles Troyano es un personaje de una novela de Alberto Vázquez-Figueroa, Vivos y muertos, en la que el novelista narra las vivencias de un ingeniero de caminos que "se ve envuelto en una investigación para denunciar un caso de corrupción dentro de su propio Ministerio, a consecuencia del cuál se producen hundimientos y accidentes en la construcción de tren de alta velocidad". Arturo, el hermano de Jesús, había leído la novela y en diciembre de 2014 él y Jesús llegaron a verse con Vázquez-Figueroa en su casa, donde el escritor se interesó por su batalla aunque la dio por perdida.
Después de este primer Aquiles aparecerían muchos más. La colaboración de muchos de ellos quedó en nada, como la de un exalto cargo de Renfe, vicepresidente de una asociación ferroviaria, con el que quedaron las víctimas a través del ingeniero de obras públicas y articulista de La Voz de Galicia Xosé Carlos Fernández. La primera reunión se produjo en febrero de 2015 en un céntrico hotel madrileño. En total mantuvieron cuatro encuentros entre febrero y marzo.
Quedaban en Chamartín y les contó cuestiones relativas a los responsables de seguridad de Adif y Renfe, así como del que fue nombrado perito en la causa por designación de Adif, José Luís Pinel. Con este último se topó un día y le preguntó cómo había elaborado ese peritaje en el que, en síntesis, consideraba al maquinista como el único responsable del siniestro. Siempre según su versión, Pinel le contestó: "Me pidieron este último favor antes de jubilarme". El perito de Adif desapareció de la causa y ni siquiera fue a ratificar su informe al juzgado. Según pudieron saber las víctimas por medio de este Aquiles, "había ido a Estados Unidos la ver a los netos y no quería saber nada más”. A la quinta cita, se esfumó y dejó plantado a Jesús.
Otro 'Aquiles' crucial del caso Alvia fue el que desveló que Adif sabía que no se había hecho la preceptiva evaluación de riesgos en el tramo de Angrois
En octubre de ese mismo año 2015 se estrenó en la Seminci de Valladolid el documental Frankenstein 04155 del orensano Aitor Rei, que, como principal novedad, denunciaba un sobrepeso del tren Alvia. El prólogo del libreto que incorporó el deuvedé de la cinta lo escribió, en un guiño deliberado, Alberto Vázquez-Figueroa. Y a causa del supuesto sobrepeso contactó con la plataforma de afectados un gruista que aseguraba haber elevado los restos del tren en Angrois y poder aportar datos para refrendar esa denuncia. Jesús, Rogelio Bernardo (vicepresidente de la plataforma de víctimas) y el propio cineasta quedaron con él. Este Aquiles se vio superado por el miedo a las consecuencias laborales de dar la cara públicamente y dio marcha atrás en su intención de hablar.
Un Aquiles crucial en el caso Alvia es el que permitió que salieran a relucir actas internas de Adif que evidenciaban que la Dirección de Seguridad –de la que se ocupó Andrés Cortabitarte de 2006 a 2013– sabía que no se había encargado a la consultora Ineco la evaluación del riesgo en el tramo que comprende la curva del accidente. También informó de otros hechos relevantes, como que Adif encargó en septiembre de 2016 un certificado para la seguridad de la línea de Angrois del que carecía desde su inauguración o que un equipo de la Agencia Ferroviaria Europea estuvo en febrero de 2018 en Madrid para examinar si España cumplía las normas tras el accidente. A consecuencia de esta misión, Bruselas expedientó la España en enero de 2019
Frente al perfil del Aquiles que actúa en la sombra, llama la atención la aparición, en agosto de 2019, del extrabajador de Talgo que aseguró que altos mandos de esta empresa ordenaron el borrado de pruebas sobre averías en el convoy accidentado. En un primero momento, este profesional, que fue uno de los mecánicos de los talleres de Fuencarral de Talgo que revisó el tren antes de que saliera, escribió a las víctimas a través de una red social y les pidió que le llamaran. Arturo Domínguez llamó esa misma noche, pero no fue hasta varios días después que consiguió quedar con él en la cafetería de un hospital de la capital del Estado.
Casualidades de la vida, el centro estaba lleno de periodistas porque habían operado allí a Juan Carlos de Borbón y ese día iban de visita los reyes y las infantas. A pesar de no ser el mejor de los escenarios, el Aquiles de Talgo, acompañado de su mujer, le contó ese día a Arturo que llevaba años dudando si revelar o no la información de la que disponía, pero se escudó en que su mujer tenía miedo a las represalias para excusarse por no contar nada. Al final, su salida de la empresa le animó a dar un paso al frente. Después de múltiples conversaciones, las víctimas lograron que firmara una declaración jurada con sus acusaciones, que Talgo negó rotundamente pero que obligaron a reabrir una vez más la causa en noviembre de 2019. Reapertura que no se tradujo en nada en términos judiciales, pero que para el extécnico de Talgo significó tener que hacer frente a las acciones en su contra promovidas por Talgo.
Los expertos
Fue hacia finales de mayo de 2015 cuando integrantes de la plataforma, hartos de que no se les hiciera caso en sus reivindicaciones, comenzaron a hacer ruido reventando actos. El primer boicot se produjo en unas jornadas sobre seguridad ferroviaria en las que participaban el por entonces secretario general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, Manuel Niño, y el aún responsable de seguridad de Renfe, Antonio Lanchares, en el Colegio de Ingenieros. Estaba presente Jaime Tamarit, experto en el Sistema Europeo de Gestión del Tráfico Ferroviario, el sistema de control continuo de velocidad que fue eliminado de los últimos kilómetros de la línea en el cambio de proyecto de Ourense a Santiago.
Después del acto, Jesús escribió a varios de los participantes y Tamarit fue el único que contestó. "Gracias por sus amables palabras. Entiendo perfectamente su reacción ya que estamos consternados por ese terrible accidente. Más cuando el ministerio había realizado las inversiones necesarias para la instalación de un sistema de protección con un elevadísimo nivel de seguridad que proporciona una vigilancia continua de la velocidad. Por las manifestaciones sus y consultas realizadas veo qué entienden correctamente el entorno técnico en el que se produjo el accidente. Con mi más sincero pésame por las víctimas, les envío un saludo cordial. Jaime Tamarit".
El perito que exculpó a Adif: "Me pidieron este último favor antes de jubilarme"
Este experto acabó compareciendo tanto en la comisión del Congreso como en el juicio, donde puso de relieve las consecuencias de retirar de Angrois el sistema de máxima seguridad. En las Cortes le siguió su sucesor en el laboratorio, Jorge Iglesias. Al fin y al cabo, lo que dijo en sede parlamentaria este doctor en Ciencias Físicas no difería de lo que con anterioridad habían repetido varios peritos en sus informes entregados al juez, y de lo que subrayaría un mes después también en las Cortes españolas el exjefe de seguridad de la Agencia Ferroviaria Europea, Cristopher Carr: que si el ERTMS hubiera estado instalado en el tramo de Angrois en 2013, el siniestro no se habría producido.
"Con 80 muertos encima de la mesa es obvio que había un agujero de seguridad", aseveró también Iglesias. Por su parte, Aquiles Troyano reconoció haberse "animado" por el "gesto" de Jorge Iglesias, de modo que él también envió un correo electrónico en noviembre de 2018 la integrantes de la comisión de investigación, pero en su caso solo a un grupo político al que se había acercado.
Las asociaciones
Además de la Plataforma Víctimas Alvia 04155, también se creó otra, la Asociación de Perjudicados por el Accidente Ferroviario del Alvia, Apafas, cuya marcha fue controvertida con el paso de los años. Se convirtió en el colectivo más combativo pero en su seno se vivieron desavenencias, como a que enfrentó a Teresa Gómez-Limón con parte de la junta directiva en el año 2018.
Psicóloga y perito forense, pleiteaba con su propio abogado como parte presente en la causa judicial, de modo que complementó la acción del letrado que representa a la plataforma (cuyos honorarios afrontaron Jesús y Laura). En julio de 2018, en la tradicional asamblea que la organización celebraba en Santiago uno o unos cuantos días antes del aniversario del accidente, Gómez-Limón anunció su dimisión por discrepancias con otros compañeros. La constitución de la comisión de investigación parlamentaria y la elección de personas de la asociación para que ejercieran como portavoces había acelerado los roces. Teresa publicó ese agosto en su blog personal un duro artículo titulado Defender una causa justa no le convierte a uno en justo, en la que citaba a Macbeth para reprobar "la más mínima tentación de caer en la vanidad o en la soberbia, despreciando a personas próximas que luchan por el mismo".
"Si alguien siente aludido, que saque consecuencias", advertía, en referencia velada al presidente de la plataforma tras protagonizar un fuerte choque con el vicepresidente, Rogelio Bernardo, en las Cortes. Ese año fue su hijo, Víctor Taibo (presente desde el origen de la plataforma) fue quien volvió a leer el manifiesto de las víctimas en la plaza do Obradoiro y un año después las aguas volvieron a su cauce.
De nuevo la cercanía del comienzo de los trabajos de la comisión provocó turbulencias, en este caso entre Apafas y miembros de la Plataforma Víctimas Alvia 04155. Con fecha de 11 de junio de 2018, la primera de las asociaciones remitió un comunicado a sus socios en el que su presidente, Cristóbal González, aseguraba: "En los últimos días de esta semana, recibí de tres personas por distintas vías (Whatsaapp, llamadas telefónicas, email…) una batería de críticas hacia mi persona, así como a la asociación que presido; críticas que en algunos casos se convierten en insultos, amenazas, intimidación, etc".
"Es una reunión atípica, con una mesa presidencial elevada, marcando mucho las distancias con los afectados. La sala está llena y se percibe la tensión y el drama entre los asistentes. Parece todo muy dirigido y forzado"
Más adelante especifica: "Con respecto a la comparecencia en la comisión parlamentaria, a celebrar posiblemente a finales del mes de junio, Apafas no la solicitó, si no que se logró gracias a la intervención de la Plataforma". Y añade: "No hay ningún problema en que dicha comparecencia la haga quien se considere oportuno (eso sí, en representación de Apafas)".
En realidad, este incidente tiene antecedentes. Y es que aunque Apafas defendió a decenas de afectados en los meses posteriores al accidente, su actividad decayó. Hasta tal punto que incluso el juez llegó a afirmar en un auto que “después de una serie de confusas rectificaciones llegamos a la conclusión de que dicha asociación no representa a nadie más que a sí misma”.
En su página web, Apafas narra que la asociación "surgió en el propio hospital La Rosaleda de Santiago. Muchas víctimas se acuerdan de cómo, estando aún hospitalizadas, recibieron la visita de representantes de despachos de abogados interesados en litigar en su nombre. En agosto fueron colocados carteles en el tablero de anuncios del Clínico de Santiago, donde estaban la mayoría de los heridos, de la Fundación Avata y otro con el nombre de Asociación Afectados Accidente Tren Madrid-Ferrol con teléfonos de contacto.
Fue Avata la que recomendó a las víctimas la creación de una asociación, en una reunión desarrollada ese otoño en Madrid. Allí, según relata Arturo (no es capaz de precisar, pero piensa qué fue en septiembre u octubre), donde Paloma y Laura "conocen a Luis, Rogelio, Susana, Víctor y sale el germen de la futura asociación".
El 22 de noviembre de aquel año 2013, el bufete que se había encargado de defender a los afectados por la tragedia de Spanair organiza, conjuntamente con Apafas, una reunión en un hotel en Madrid. Los integrantes de la plataforma deciden ir. Arturo Domínguez rememora así aquel encuentro: "Es una reunión atípica, con una mesa presidencial elevada, marcando mucho las distancias con los afectados. La sala está llena y se percibe la tensión y el drama entre los asistentes. Parece todo muy dirigido y forzado, nos van contando cosas tanto un abogado, como una psicóloga… Todo parece superficial, poco creíble y me recuerda a esa especie de estafas piramidales. Hay algo raro… así que allí se certificó definitivamente el caldo de cultivo de la asociación independiente de la de Apafas", sostiene.
Entre ambas hubo tensiones en los recibimientos por parte de ministros de Fomento como Íñigo de lana Serna (PP) y José Luís Ábalos (PSOE). El problema, para la plataforma, era si la legítima reivindicación de mayores indemnizaciones era utilizada por el Gobierno de turno para dar una respuesta fácil y evitar otros objetivos como la depuración de responsabilidades.
La política
Hasta aquí, los "mamíferos" que pueblan la trastenda de Angrois son, como en el poema de Jesús Lizano, personas curvas. Aquiles con miedo a represalias, Aquiles valientes que dan la cara, los que se achantan, los que se esconden. En política, las víctimas encontraron también de todo. La cooperación de algunos diputados estuvo a la altura de las circunstancias. Sin embargo, hubo quien no. De acuerdo con el relato que realizan miembros de la plataforma, un asesor de Gabriel Rufíán, les envió audios vía Whatsapp advirtiendo que su jefe dejaría de desempeñar con el mismo ímpetu su labor en la comisión parlamentaria de investigación si no le hacían más caso a través de Twitter, hoy X, con retuiteos y demás. Pablo Iglesias, sostienen las mismas fuentes, se mosqueó porque las víctimas no salieran a la puerta del Congreso de los Diputados a hacerse una foto con él, a propósito de los líos en los que podían meter a la plataforma, inmersa en un juego de difíciles equilibrios políticos.
Fue a través de Pilar Careaga, que perdió en el accidente a su hija Carla Revuelta, productora, realizadora y directora, como la plataforma contactó con el político vasco Odón Elorza. Quedaron con él en el Congreso, en una primera reunión a la que asistieron Jesús, Laura, Teresa, Víctor y Rogelio. Elorza mostró mucho interés y la sensación de los afectados fue que, dentro del PSOE, él era el díscolo, el verso suelto. Y es que en ese momento su acercamiento a la plataforma suponía llevar la contraria a la postura oficial de su partido.
La organización se encontraba entonces totalmente dividida entre los afines a Pedro Sánchez y los susanistas, que por el momento aún mandaban en el Congreso. César Ramos, de esta última ala del PSOE y portavoz en la Comisión de Fomento, también participó en aquel primer encuentro. No fue en esa ocasión, sino en otra, con la presencia únicamente de Jesús Domínguez, cuando Elorza pidió que la plataforma dejara de llevar a sus protestas las caras de los exministros estampadas en sus pancartas.
Óscar Puente: "No vamos a consentir que pase lo mismo que pasó en Angrois. Por eso aprobamos esta medida. No vamos a consentir que haya víctimas que estén diez años esperando a recibir una indemnización"
"Fue la única reunión en todo este tiempo en la que estuve yo solo. La única. Luego me di cuenta de que lo buscó Elorza", reflexiona Domínguez. Tras una negociación difícil en un hotel frente al Congreso y bajo invitación de Domínguez (solo Tamarit los invitó a comer una vez que se vieron), éste accede a retirar las caras, algo de lo que después le costó mucho convencer a los miembros de la asociación. Y van a las Cortes a concentrarse sin caras. Es el día en que salen de la Cámara Baja varios representantes políticos, incluido el exlíder de Podemos.
Elorza fue clave para hacer presión con el PSOE. Él les dio el teléfono de Margarita Robles, por entonces la portavoz. Cuando la vieron, en julio de 2017, ella les trasladó que llevaría al comité ejecutivo la posibilidad de votar a favor de la creación de una comisión de investigación en el Congreso sobre el caso del Alvia, "que le parecía de justicia pero no dependía de ella", recuerda Domínguez. Sentada a la mesa estaba ese día también la gallega Pilar Cancela, quien lloró ante las víctimas afectada por lo que había sucedido en Angrois.
Después de que se materializara el giro de los socialistas y ya constituida la comisión, Elorza dio un paso atrás. Nunca trascendió si voluntariamente u obligado por su formación. Como portavoz en la comisión actuó casi siempre Cancela, quien mantuvo una posición muy criticada por las víctimas. "Llegó a decir cosas como: ‘Aquí no venimos a cuestionar…". Cosas lamentables", reprueba Jesús Domínguez. Una vez concluidas las comparecencias y antes de la disolución de las Cortes que supuso un final sin resultado de la comisión, Odón Elorza intercambió varios mensajes con Rogelio, al que le comentó que ya tenía las conclusiones del trabajo parlamentario, pero que no las quería "gastar".
A 778 kilómetros de distancia, las víctimas de Adamuz se negaron al homenaje de Estado que en su momento también motivó indignación en Compostela. "No vamos a consentir que pase lo mismo que pasó en Angrois. Por eso aprobamos esta medida", defendió el ministro de Transportes, Óscar Puente, después de que el Gobierno aprobara un mecanismo de indemnizaciones dotado de 20 millones de euros para las víctimas de los accidentes ferroviarios en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona). "No vamos a consentir que haya víctimas que estén diez años esperando a recibir una indemnización", remachó.









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