La protesta en Catalunya pasa por uno de sus peores momentos de la última década
Ante los datos del Departament d'Empresa de la Generalitat, entidades como el Col·lectiu Ronda advierten de la desafección y la percepción de los trabajadores de que la reivindicación ha dejado de ser una herramienta útil.

Barcelona--Actualizado a
Los trabajadores del sector del metal de la demarcación de Barcelona, ámbito en el que están ocupadas unas 180.000 personas, amenazan con otras dos jornadas de huelga, planteadas para el 3 y el 10 de diciembre, tras las desarrolladas el 29 y el 30 de octubre, por el desacuerdo con la propuesta patronal respecto al incremento de los salarios y la reducción de la jornada. Paralelamente, el 31 de octubre se iniciaba la primera de las cinco jornadas de paros en el Trambaix y en el Trambesòs –la red de tranvía del área metropolitana de Barcelona-, después de que los trabajadores hayan acumulado un año de negociaciones sin avances para la mejora del convenio colectivo.
A pesar de estos dos casos, que han protagonizado parte de la agenda mediática en los últimos días, el estado de salud de las huelgas en Catalunya pasa por uno de sus peores momentos de la última década. Así lo constata la Estadística de huelgas y cierres patronales, elaborada por el Departament d'Empresa i Treball, que concluye que entre enero y julio de este año se han contabilizado 84 huelgas, la cifra más baja desde 2015, excluyendo las 81 de 2020, el año de la pandemia de la covid.
Más allá de los 84 paros entre enero y julio de este año, que han implicado convocar a 103.982 empleados de 2.613 centros de trabajo, la estadística más relevante es el llamado índice de incidencia, un cociente que se obtiene de dividir a los trabajadores participantes entre la plantilla convocada expresada en un porcentaje. El valor permanece en el 13,1%. En 2024 fue del 10,8% y en 2023 del 5,8%, pero hace una década, en plena crisis económica, subía al 71,1%.
Fruto de estos datos, las reacciones de los agentes sociales y laborales se centran en la línea de atribuir al cansancio y a la no identificación de la huelga, a pesar de ser una herramienta constitucional de reivindicación laboral, como una opción útil para resolver un conflicto en el mundo del trabajo. Así lo ve Natxo Parra, abogado laboralista y socio de la cooperativa Col·lectiu Ronda, que introduce el concepto de la cultura de la movilización. Es decir, "en lugares como Euskadi, un territorio con los salarios más altos y los mejores convenios del Estado, es donde más capacidad tienen de convocar huelgas". El último ejemplo es el de las trabajadoras de las residencias geriátricas de Guipúzcoa, que este mes volverán a ir a la huelga, después de las tres jornadas de paros en septiembre, por sus condiciones laborales precarias y la brecha salarial.
Sin proyecto colectivo
"Los trabajadores están manifestando, con el poco seguimiento de las huelgas, que no la ven como una herramienta efectiva". Natxo Parra explica que la desafección resulta generalizada respecto a los recursos ordinarios de la clase obrera: desde el rol de los sindicatos tradicionales o los mecanismos de movilización, como los paros. Además, precisa que "cada vez son más difíciles las huelgas sectoriales y se opta por las empresariales". Esto, según el abogado, implica la desintegración del concepto de unión de los trabajadores para una lucha compartida.
En un contexto de desigualdades económicas, la irrupción de modelos empresariales como el de los riders, los falsos autónomos o las compañías subcontratadas ayudan a la disgregación del proyecto colectivo de reivindicación obrera. En este sentido, Natxo Parra asegura que los datos del Observatori d'Empresa i Treball visualizan una realidad con dos focos: la desafección respecto a quien la convoca y el descrédito con relación a su efectividad como instrumento de presión.
Para Natxo Parra las huelgas están perdiendo su capacidad real de ser motor de cambios mediante la activación del poder colectivo. Por su parte, el anterior secretario de acción sindical de la CGT de Catalunya, Òscar Murciano, considera que no es así sino que estamos ante un cambio de paradigma en relación a los sindicatos convocantes de huelga y sus efectos.
El incremento de convocatoria de huelgas de sindicatos alternativos no suple, por el momento, la caída en movilizaciones sectoriales pero está conseguiendo numerosos avances materiales. El pasado año 2024 fue récord de huelgas en Catalunya. Desde la propia CGT se reivindica su crecimiento de afiliados en los últimos años y su liderazgo en la convocatoria de huelgas. Sin embargo, Murciano dibuja dos retos pendientes: la huelga sectorial y la huelga general.
Entre un paro de sector y uno que paralice totalmente la economía, la CGT de Catalunya plantea un punto medio, en el que las empresas trabajen coordinadas para gestionar conflictos laborales de forma simultánea, que acaben escalando con el resultado de una huelga sectorial.
A veces se producen coincidencias entre sindicatos en apariencia alejados, como la huelga general que se convocó el pasado 15 de octubre en Catalunya para condenar el genocidio en Gaza. Impulsada por la Taula Sindical de Catalunya, integrada por la propia CGT, la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC), el Sindicat de Comissions de Base (CO.BAS), la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Coordinadora Obrera Sindical (COS) y Solidaritat Obrera (SO), tuvo un cierto seguimiento con algunos cortes de carreteras, incidencias en los transportes público y manifestaciones en diferentes puntos de toda Catalunya.
Por primera vez, no sólo en Catalunya, sino en toda España, los sindicatos alternativos y los más tradicionales, como UGT y CCOO, secundaron una huelga y una serie de movilizaciones por una causa común y en algunos casos, las protestas tuvieron carácter unitario. Un episodio similar ocurrió a finales de octubre, cuando los sindicatos CCOO, UGT, CSIF y CGT se concentraron de forma conjunta en la plaza Sant Jaume de Barcelona para reclamar un convenio digno para los trabajadores municipales.
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