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Sunt, el miembro más joven de la XI Legislatura

La Fundación ONCE del Perro Guía entrena a un can de raza flatcoat en las dependencias del Congreso de los Diputados para guiar a Clara, una joven letrada de la Cámara baja

Clara Garrido, con Sunt en el Congreso.

JUAN ANTONIO BLAY

MADRID.- Hace apenas cuatro semanas no se conocían y a partir de ahora convivirán unidos la mayor parte de las horas del día durante los próximos ocho o diez años. Se convertirán en una pareja habitual por los pasillos del Congreso de los Diputados y hasta en el propio hemiciclo de la Cámara baja. Ella se llama Clara y pertenece al cuerpo de letrados de las Cortes Generales; él responde al nombre de Sunt, y es un perro flatcoat de color chocolate. Ella en estos momentos asesora a la Junta Electoral Central; él aprende a ser el perro guía que suple la falta de visión de sus ojos.

Dos semanas atrás, aprovechando la escasa actividad en el salón de plenos, Sunt anduvo olisqueando los escaños de sus señorías y aprendiendo a desenvolverse entre ellos, especialmente en la zona de la presidencia del hemiciclo donde se sientan los letrados que asesoran a los miembros de la Mesa. “Es un perro tranquilo y sociable que se esta acoplando muy bien con Clara”, explica Cristina Ruiz, la instructora de La Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG) que se ha encargado de enseñar a Sunt las dependencias parlamentarias.

Clara Garrido llegó a la Cámara baja hace año y medio. Aprobó el duro ingreso en el selecto cuerpo de letrados de las Cortes Generales después de estar ocho años en la Asamblea de Madrid, en la que desempeñó la misma función. “Entré con bastón y luego llegó Sam, un perro labrador negro que se acaba de jubilar después de estar ocho años conmigo. La verdad es que Sam era una bestia parda, pero también muy bueno en su función. Me lo he quedado en mi casa de Majadahonda”, explica Clara con gran determinación y cierta emoción. La letrada  viajó en su día a Rochester, en Estados Unidos, para recibir al ahora jubilado Sam, en un viaje también a cargo de la ONCE.

Clara Garrido llegó al Congreso hace año y medio, tras aprobar el duro ingreso en el selecto cuerpo de letrados. Antes, estuvo ocho años en la Asamblea de Madrid, en la misma función

La presencia de Sunt junto a Clara ya se ha hecho habitual entre el personal de la institución parlamentaria y también entre los diputados que se han cruzado con ellos. “Al principio pensé que era una visita”, reconoce una diputada novata. “Otro día observé que hablaba con otros diputados y letrados y ya me explicaron que es de la casa”, añade con naturalidad

La asignación por parte de la FOPG de un perro guía a una persona invidente es un proceso complejo. “Se le hacen varios informes: médico, psicológico, social, y de orientación y movilidad; luego viene la elección del perro idóneo. Para la ONCE es una inversión muy grande y este tipo de perros no son en ningún caso una mascota”, expone Cristina, con 25 años de experiencia desde que empezó a entrenar perros-guía en Inglaterra. “El primero se llamaba Goya”, recuerda.

El Hemiciclo de la Cámara baja ha sido uno de los primeros lugares que ha conocido Sunt junto a Clara. “Es importante que sea así porque yo estoy asignada a la asistencia parlamentaria y deberé estar en las sesiones plenarias, donde se juntan muchas personas en un espacio reducido. Y Sunt debe aprender a desenvolverse; pero aprende rápido”, dice sonriendo mientras acaricia al animal que ya alcanza una notable envergadura.

“La raza de flatcoats no se asocia a los perros-guía, pero son muy tranquilos e inteligentes. Y se mueven con soltura en medio de aglomeraciones”, puntualiza Cristina.

El vínculo que se ha establecido entre Clara y Sunt es muy fuerte, "y lo será todavía más en poco tiempo”

En el Congreso “todo es tranquilo. En estos días y en las próximas semanas me dedico a pasear con Sunt por todas las dependencias parlamentarias para que se vaya acostumbrando. Fuera de horario se me puede ver por cualquier rincón de esta casa”, añade Clara, quien recalca el apoyo que ha recibido por parte de todo el personal de la institución parlamentaria para desarrollar su trabajo junto a su nuevo y joven acompañante.

El vínculo que se ha establecido entre Clara y Sunt es muy fuerte. “Y lo será todavía más en poco tiempo”, apunta Cristina. La entrenadora del perro es la protagonista de lo que acaba de afirmar. Entra en el despacho de Clara cuando el perro está recostado junto a la letrada hablando con el periodista. Su presencia hace que Sunt se levante, se le acerque y mueva la cola. “Me ha reconocido después de unos días, me huele pero nota el olor de otros perros…, se volverá junto a Clara”, dice. Dicho y hecho. Después de unos segundos Sunt vuelve junto a la letrada y allí se queda mientras se desarrolla la conversación.

Momentos después, camino del salón de Pasos Perdidos para hacer unas fotografías, Sunt demuestra que es con Clara con quien debe estar y apenas presta atención a su antigua entrenadora. “En unas semanas más ya no me recordará”, sentencia Cristina, para quien la personalidad del usuario invidente es muy importante. “Clara es una persona especialmente disciplinada y ese comportamiento se transmite al perro. Eso es muy importante para estabilizar la relación”, agrega.

La letrada relata que en el año y medio que lleva en la Cámara baja, con dos perros guía diferentes, no ha tenido ningún problema. “En la Asamblea de Madrid sí los hubo porque un miembro de la Mesa, que ya no es parlamentario, se opuso a que Sam entrara en el hemiciclo alegando que soltaba pedos. No era cierto, pero enredó mucho con eso”, comenta Clara con sorna no exenta de cierta amargura.

“La inversión que hace la Fundación ONCE con cada perro guía es muy grande. Si no lo asumiera la ONCE sería como comprar un coche Mercedes de alta gama cada ocho años. La labor social que desarrolla es impresionante; sin su ayuda yo no sería hoy letrada de las Cortes Generales”, explica con fuerza Clara; junto a ella Cristina asiente. 

En la actualidad, apunta Cristina, “hay unos mil perros-guía en España con personas ciegas. Son pocos aún, y el coste de todos ellos corre a cargo de la ONCE”.

La educación de un perro guía es un proceso minucioso y comienza desde que nace una camada (por cierto, los nombres que se dan a los futuros guías sigue un estricto y complejo orden alfabético), y se alarga durante unos 12 ó 14 meses. En ese tiempo, el cachorro pasa a una familia de adopción temporal para socializarlo, siempre bajo la supervisión de un técnico de la FOPG. “Luego ya se elige a la persona con la que va a estar”, concluye su explicación la instructora.

“Siempre hay un primer momento de ver qué pasa cuando recibes el perro guía. Me pasó con Sam y luego hace poco con Sunt. Pero se supera rápido. Una cosa hay que tener clara: quien manda eres tú, no el perro; el me guía, pero soy yo quien conduce. Ahora bien, es él quien te saca a pasear, no eres tu quien lo pasea”, explica Clara. E insiste en que nunca ha tenido un problema con sus dos perros.

“Son animales muy sensibles. Hay que tener en cuenta que desde que nacen, siendo muy pequeños, sienten que cuando hacen las cosas bien se les abandona en manos de otras personas; eso les pasa durante el primer año y medio al ir de su entrenador a la familia de adopción, luego otro entrenador y finalmente a la persona invidente. Deben hacerse un lío”, reflexiona Clara.

“Yo tengo derecho a que el perro entre en lugares públicos como un restaurante o una cafetería. Y  tengo la obligación de que el perro vaya perfectamente limpio y aseado"

La letrada, una mujer que transmite determinación en cada frase que dice y en cada gesto que hace, solo guarda un disgusto: la polémica con el conductor de un autobús de la línea de cercanías de Madrid que mostró “escasa comprensión” a la hora de exigir la colocación del perro en el interior del vehículo como señalan las normas. “Cuando fue a situarlo debajo del asiento, el autobús arrancó y, como es grande y pesa, acabamos los dos en el suelo. En fin, espero que no vuelva a pasar”, sonríe sin dejar de lamentar las trabas añadidas a su situación.

La sensibilización social del papel que desempeñan los perros-guía es alta, comentan tanto Cristina como Clara. “Yo tengo derecho a que el perro puede entrar en lugares públicos como un restaurante o una cafetería. Y yo tengo la obligación de que el perro vaya perfectamente limpio, aseado y sin oler. Esa relación es fundamental”, explica Clara. Y Cristina añade: “Hay controles semestrales, por ley, a los perros, tanto sanitarios como de todo tipo”.

“Voy a plantear a la ONCE que pida espacios específicos en ese tipo de autobuses para los perros-guía. Eso no cuesta dinero a las empresas”, anuncia la letrada. Tal vez incluso algún miembro de la Cámara baja se interese por ese asunto y promueva una legislación positiva al respecto. “No es mala idea, pero primero lo plantearé a la ONCE”, dice Clara, quien no cree disponer de “ventajismos” por trabajar en un lugar como el Congreso de los Diputados.

“Estoy en esto porque me gustan los asuntos públicos y la política. Y este lugar es perfecto para eso”, sentencia. Y a continuación Clara entra como un torrente en el debate que se suscita sobre el momento político actual y sus consecuencias en la actividad parlamentaria, tan novedosa como desconocida hasta el momento. Pero esas cuestiones, dice, “no son para publicar”.