¿Cómo superar el duelo por la DANA cuando los responsables no asumen sus errores?
La salud mental ha sido uno de los ámbitos que menos se han tratado al respecto de las afectaciones producidas por la DANA, pero hay que resaltar su tratamiento comunitario.

València--Actualizado a
Desde el día siguiente de la DANA de octubre de 2024, reconstrucción es la palabra omnipresente en el País Valencià. Ahora bien, cuando se usa, siempre —o casi siempre— se refiere a la reconstrucción, digamos, material. Pero ¿y la reconstrucción psíquica o mental? Una catástrofe de la magnitud de la DANA tiene un impacto inevitable en este ámbito pero, sin embargo, la afectación de la salud mental de la población de las zonas golpeadas por la inundación no ha sido, probablemente, un tema al que se le haya dado la importancia que se merece.
¿Cómo superar la fase del duelo cuando los responsables no asumen sus errores?
Rosa Álvarez, presidenta de la Asociación de Víctimas Mortales de la DANA, que perdió a su padre en aquella tragedia, denunciaba recientemente que Carlos Mazón había puesto como ejemplo de políticas dirigidas a paliar las afectaciones en la salud mental los bonos de viaje por los cuales la Generalitat subvenciona parte del coste de la estancia hotelera en el País Valencià de los vecinos de los municipios de la zona afectada por la DANA.
Álvarez, además, ponía el dedo en la llaga y señalaba la imposibilidad de llevar a cabo el correspondiente proceso de duelo "mientras el responsable principal de no avisar del peligro sigue en su puesto sin asumir ningún error".
Encuentros de malestares
Para el psicólogo Javier Erro, que junto a la educadora social y facilitadora de grupos Ana Cameros han tratado desde el primer momento el problema de la salud mental en la zona de la DANA, comprender esta dimensión social de la tragedia es básico para poder establecer parámetros de actuación óptimos.
En este sentido, Erro explica que "una reparación implica que la persona tenga una intención real de hacerse cargo de lo que ha hecho mal; si no, el dolor de lo que te ha hecho esa persona permanece ahí, clavado". Es, por lo tanto, "muy difícil reparar el dolor mientras la persona que te ha perpetrado un daño sigue con su vida como si nada, ya que sientes que tu daño no es suficientemente importante como para ejercer un cambio".
Javier Erro y Ana Cameros pusieron en marcha espacios que bautizaron como Encuentros de malestares. El objetivo era poner en común las experiencias de manera que "el malestar no tuviese el efecto de deteriorar los lazos comunitarios, sino todo lo contrario, de reforzarlos, de permitir que se reconstruyera esa parte colectiva y subjetiva".
En este sentido, Erro razona que una catástrofe como la DANA tiene una condición colectiva innegable. Así, cuando hay un nuevo episodio de lluvias tempestuosas, y se genera una reacción emocional de miedo, esta se produce porque "se identifica con una amenaza contra la cual no se les protegió y no parece que se les vaya a volver a proteger, puesto que no hay una asunción real de los errores cometidos".
Un miedo derivado de la desconfianza frente a unas instituciones que abandonaron a la población
Es decir, "se trata de un miedo derivado de la desconfianza", ya que antes de la DANA "pensábamos que, si sucedía un evento catastrófico de estas dimensiones, habría un Estado, unas instituciones, una sociedad, un entramado social, que nos defendería". Sin embargo, "lo que se vio en la DANA es que ese entramado social, esas instituciones y ese Estado no estaban; ese gobierno no estaba".
Por lo tanto, según Erro, "el miedo proviene, en este sentido, de un aspecto emocional, de lo que podríamos llamar en términos clínicos como trauma, pero que en términos políticos tiene que ver con la desconfianza frente a esas instituciones, porque no está claro si van a proteger a las zonas afectadas o no".
Los Encuentros de malestares, tal como explica Ana Cameros, surgieron como herramienta para "colectivizar el malestar", de apoyo mutuo también en ámbitos que superan la cuestión estrictamente material. Estos espacios eran importantes, puesto que permitían que "quien no estuviera aún preparado para exteriorizar alguna preocupación, sí que la pudiese escuchar en boca de un semejante, con un efecto tranquilizador y sanador".
En este sentido, las preocupaciones y las afectaciones tenían mucho en común, ya que partían de unas vivencias colectivas. Así, los Encuentros de malestares sirvieron para "ir más allá de la idea individualizada que habitualmente se tiene de la salud mental y subrayar su carácter colectivo", señala Ana Cameros.
Armar una respuesta para el acompañamiento psicosocial
Este enfoque comunitario es también el que fundamenta el proyecto de Unidades de Salud Mental en Emergencias (USME), que, desde el pasado junio, está en marcha en la zona afectada por la DANA. Se trata de una respuesta estatal, que, inicialmente, tiene una duración hasta julio de 2026 y que está impulsada por el Ministerio de Sanidad, a través del Comisionado de Salud Mental, y que ejecuta la Fundación Manantial.
José Francisco Borja, responsable de coordinación sanitaria del proyecto USME, explica que este proyecto consiste en "armar una respuesta para el acompañamiento psicosocial y la recuperación del tejido comunitario para toda la población afectada por la DANA". Las USME están integradas en los centros de salud, pero están compuestas por equipos de intervención psicosocial, formados por psicólogos, terapeutas ocupacionales, educadores sociales, trabajadores sociales e integradores sociales.
Según explica Borja, las afectaciones más habituales hablan de cuadros muy vinculados a malestares que tienen que ver con el insomnio, con pesadillas, pero también con cuadros complejos, en los cuales se puede entender que se dan las condiciones y los criterios para poder hacer diagnósticos de trauma por estrés postraumático, pero todos ellos muy ligados con las condiciones materiales y las condiciones sociales en las que todavía siguen estando muchas personas de la zona afectada.
Así pues, desde el proyecto USME se intenta establecer un plan de cuidados y de acompañamiento que se pueda vincular a posteriori con la posibilidad de armar grupos colectivos y espacios de reunión, ya que, como puntualiza Borja, "queremos tratar un abordaje más colectivo y más comunitario y poner a la gente en relación y trabajar desde un contexto que nos iguala a todos", puesto que "las raíces del malestar de cada una de las personas que pueden estar participando en esos grupos son las mismas".
La clave, pues, está en "partir desde una mirada despatologizadora e intentar poner sobre todo el foco más en los determinantes sociales del malestar; desde la premisa que, si enfermamos en unos contextos concretos, la posibilidad de recuperar agencia y recuperar salud tiene que partir desde las mismas lógicas en las que se ha enfermado".
Acceder a las ayudas del sistema cuando se está excluido del sistema
Entender el contexto social y actuar a partir de este y no en el vacío es, por lo tanto, clave para una intervención adecuada en materia de salud mental cuando se dan catástrofes como la DANA. Así, hay que tener en cuenta que los temporales siempre llueven sobre mojado; es decir, las afectaciones generadas por el nuevo golpe se añaden a una situación cotidiana previa que no pocas veces ya era urgente y precaria.
Este es el caso, más aún, de, por ejemplo, los colectivos migrantes, sobre todo aquellos con una condición administrativa de exclusión. Estas capas de población fueron el foco de atención de Psicólogas sin fronteras, una organización antirracista, decolonialista y feminista con 30 años de experiencia, que se sitúa del lado de las personas vulnerables y defiende el derecho a la salud mental.
Para Yessica Díaz, coordinadora de la red de salud humanitaria, en catástrofes como la de la DANA, más allá de enfocar la salud mental solo con la intervención clínica, que, sin duda, es necesaria, se precisa también la atención psicosocial, que es una atención integral, así como psicólogos y psicólogas comunitarios para la recuperación de esta atención psicosocial.
Dicha atención psicosocial no solo se focaliza en el individuo, sino también en todo lo que está pasando en un entorno determinado. Así pues, Psicólogos sin fronteras trabaja a nivel multidisciplinar con trabajadoras sociales o con el sistema sanitario de salud para llegar también a las personas vulnerables, ya que, tal como alerta Díaz, "no se puede olvidar que muchas de las personas afectadas por la DANA ya eran vulnerables previamente, como la población migrante, por ejemplo, que, sin padrón, no podía acceder al sistema de ayudas".
Desde Psicólogas sin fronteras se hacía el acompañamiento necesario para esta población excluida, más teniendo en cuenta que, como explica Díaz, "a causa del crecimiento de los discursos de odio, muchas personas migrantes tienen miedo incluso de pedir ayuda". Muchas personas migrantes, de hecho, tuvieron que volverse a sus países de origen, y muchas otras siguen esperando, un año después, una cita para obtener el DNI, según denuncia Díaz.
Psicólogas sin fronteras, tal como se puede constatar en un informe publicado recientemente por la organización, estructuró la respuesta a la DANA en dos fases complementarias: una primera de atención en el terreno las semanas posteriores a la catástrofe, que se llevó a cabo en cinco municipios afectados (Paiporta, Sedaví, Benetússer, Massanassa y Chiva), que se alargó hasta diciembre y durante la cual se atendieron 302 casos, y una segunda, en marcha desde enero, con un dispositivo de atención psicosocial continuada focalizado en los municipios de Sedaví y Benetússer, con 115 casos, un promedio de seis sesiones por persona y 754 horas de atención individualizada. Así mismo, también se han atendido más de 1.000 personas telefónicamente.
Una sociedad traumatizada con un duelo colectivo
Finalmente, Mariló Gradolí, presidenta de la Associació de Víctimes de la DANA-29 d'octubre de 2024, señala que ya durante las primeras reuniones para poner en marcha la asociación surgió el problema de la salud mental como uno de los primeros para poner encima de la mesa, ya que "considerábamos que éramos y somos una sociedad traumatizada con un duelo colectivo que necesitábamos sanar desde el punto de vista psicoemocional".
Gradolí, de hecho, señala que "hay muchas personas que no salen en ningún listado de víctimas, pero que aquella noche lo pasaron francamente mal, personas que casi pierden la vida, que tuvieron que ser trasladadas a un hospital para salvarse, que vieron pasar por delante personas muertas, que tuvieron que ser rescatadas o que fueron ellas mismas las rescatadoras… muchísimas víctimas de aquella tragedia que no aparecen en ningún listado".
Gradolí también insiste en la naturaleza reparadora de la justicia y señala el carácter colectivo de las reivindicaciones también en materia de salud mental, ya que "nos ha afectado un desastre natural convertido en una tragedia humana por la gestión negligente y criminal de Carlos Mazón y de su equipo".



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