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Transexuales pandemia La pandemia golpea doble al colectivo trans: "A muchas las han tirado a la calle"

Los efectos económicos de la covid-19 se han cebado con los más vulnerables, dejándolos sin recursos para pagar alquileres o comida y ahondando las secuelas psicológicas y laborales de un grupo en el que ocho de cada diez están desempleados: "Personas que funcionaban solas han vuelto a depender de entidades sociales", dicen las ONG.

Alexia, una joven trans que se ha visto sin trabajo tras el estado de alarma. Imagen cedida por la ONG Rescate Internacional.
Alexia, una joven trans que se ha visto sin trabajo tras el estado de alarma. Imagen cedida por la ONG Rescate Internacional.

La vida de Alexia podría ser el paradigma de cómo ha afectado en España la pandemia y el estado de alarma. Contratada a tiempo parcial en una peluquería madrileña, los dos meses y medio de confinamiento han hecho que pase de una situación de empleo indefinido a engrosar las listas de miles de personas en ERTE.

Podría ser el ejemplo perfecto de no ser porque, además de camerunesa, Alexia es una joven transexual.

"La situación ha sido muy dura", responde a Público por teléfono la joven, de 19 años, que ha conseguido salir adelante gracias a la ayuda de la ONG Rescate Internacional y el Proyecto Ámbar. La primera, una organización dedicada al trabajo de inserción de personas migrantes y refugiadas por cuestiones que incluyen la orientación sexual o la identidad de género. El segundo, una iniciativa de la Fundación 26 de diciembre para fomentar la empleabilidad del colectivo transexual.

El próximo 23 de junio se cumplirán dos años de la llegada de Alexia a España. 24 meses en los que ha pasado por un proceso de adaptación e integración que le llevó a conseguir un empleo en una peluquería del madrileño barrio de Malasaña, donde trabajaba hasta la declaración del estado de alarma. Todo se cerró y las peluquerías no fueron una excepción, así que Alexia acabó en un ERTE y pasó de valerse por sí misma con su propio sueldo a volver a necesitar ayudas sociales.

"Gracias a Proyecto Ámbar me han ayudado a vivir con una tarjeta regalo de cuarenta euros a la semana para poder hacer la compra", explica. La cantidad, insuficiente para ella, que además convive con más personas, contrasta con la libertad que supone ganarse su sustento: "Me sentía muy mal porque con mi sueldo puedo hacer lo que quiero, pero con la tarjeta...", asegura.

Con el país cerrado a cal y canto y millones de personas pendientes de prestaciones cuya llegada se antojaba eterna, las colas en los bancos de alimentos y entidades sociales se han multiplicado exponencialmente y todavía hoy, pese a desescalada, son muchos quienes han de recurrir a estas ayudas.
Además, en un colectivo tan estigmatizado como el transexual, en el que alrededor de ocho de cada diez personas se encuentran sin empleos normativizados, la situación no ha hecho más que empeorar.

Irene Sotelo es trabajadora social en Rescate Internacional y ha seguido muy de cerca el caso de Alexia y de otras muchas personas que vienen a España en busca de refugio. "Personas que ya funcionaban solas con su propio trabajo, pagando sus rentas y alimentación se han visto sometidas a tener que depender de nuevo de entidades sociales por la situación en que se han encontrado", afirma.

No solo eso, sino que otras personas en pleno proceso de adaptación o de solicitud de asilo han visto cómo los trámites quedaban congelados sine die por el estado de alarma. 

Confinado sin papeles de asilo

Es el caso de Hendrick: "Un par de días después de llegar a Rescate ya estábamos en estado de alarma", dice, recordando el estrés que supuso la situación de encontrarse viviendo con gente desconocida y de adaptarse a las medidas del confinamiento. Además, a esto hay que sumarle una particularidad: su proceso hormonal. "Era bastante estresante conseguir el medicamento. Estaba bastante preocupado porque no sabía cómo podría ir al hospital a conseguir la receta médica".

Hendrick: "Estaba bastante preocupado porque no sabía cómo podría ir al hospital a conseguir la receta médica"

Salvadoreño y químico farmacéutico de profesión, todavía no ha podido integrarse en el mercado laboral debido a que no tiene permiso de trabajo. Otra consecuencia de la paralización estatal, sus papeles del asilo están tardando más de lo habitual, lo que ha impedido que en plena pandemia haya podido ayudar con su carrera.

En Barcelona, otro de los principales focos de la pandemia a nivel nacional, la Asociación Acathi, se encarga también de dar apoyo al colectivo LGTBI migrante o refugiado, que les brinda acompañamiento para fomentar su autonomía e integrarlos en la sociedad española, tal y como explica Carolina Murcia, una de sus colaboradoras.

"El estado de alarma ha afectado muchísimo a las chicas porque es una visibilización obligatoria. Han tenido que salir de sus habitaciones y de su lugar de trabajo por la emergencia, por no saber cómo pagar su habitación, por no tener qué comer", asegura Murcia por teléfono.

"A muchas las han corrido y tirado a la calle. Entonces hay que acudir a refugios que ofrece el Ayuntamiento, pero estos no son espacios transitados y no están preparados para dar servicio a las personas transexuales", afirma, lo que hace que, en muchas ocasiones, al entregar documentación con nombres masculinos, las mujeres trans sean tratadas como varones.

Yona lleva cuatro años en España y el confinamiento hizo que perdiera su trabajo. Ejercía de peluquera en un local de Barcelona, pero el dueño decidió adelantar su jubilación coincidiendo con el cierre del país. Por suerte, ella, hondureña que llegó a España como solicitante de refugio, contaba con dos meses de paro que le permitió pagar su alquiler. Al tercero, Acathi contactó con Cáritas para conseguir una ayuda para sufragar su alojamiento.

"Durante el confinamiento he sentido mucha incertidumbre porque aunque tenía el paro, tenía que pagar alquiler, alimentación... Gracias a Dios, a través del Ayuntamiento de El Prat de Llobregat me consiguieron alimentación en el banco de alimentos de la Cruz Roja. Mi paro no era mucho y una vez pagaba la renta me sobraban unos 100 euros", cuenta Yona a Público por teléfono.

La pandemia y el confinamiento ha agravado las situaciones de vulnerabilidad de colectivos que ya de por sí son vulnerables, insiste el presidente de Acathi, Rodrigo Araneda, una organización que se ha adaptado a la asistencia telemática y que abrió una caja de resistencia para pagar alquileres o alimentación.

Araneda: "Lo que más falta nos ha hecho durante la pandemia han sido recursos para cubrir necesidades"

"Lo que más falta nos ha hecho durante la pandemia han sido recursos para cubrir necesidades", relata Araneda. "Muchas de las ayudas anunciadas solo cubren a las personas que tienen hijos, o que han estado trabajando, o que cumplen una serie de elementos. Muchas de las personas trans no cubren esos criterios y se quedan fuera".

Yona ha tenido suerte y esta semana ha comenzado un nuevo trabajo, pero las condiciones distan de ser ideales: "Estoy haciendo un turno de once horas diarias de pie. El contrato todavía no lo he visto, pero supongo que viene. La semana que viene comienza mi turno normal, cuarenta horas, por 1.000 euros al mes".

A pesar de todo, tanto Alexia como Hendrick como Yona son positivos con sus perspectivas, quizá con la visión de quienes han tenido que padecer penas mayores.

"¿Planes de futuro? Quiero ser modelo, maquilladora...", responde Alexia. "Yo me siento bastante optimista porque cuento con el apoyo de la organización. Tenemos a una persona que se dedica exclusivamente a intentar insertarnos en el ámbito laboral", dice Hendrick.

"Mira, yo al mal tiempo buena cara, cariño. Soy una persona perseverante en mi vida y nunca me doy por vencida por nada. El hecho de que yo viva en una sociedad que todos los días me dice que una persona como yo no debe existir a mí no me ha detenido para seguir mis sueños y tratar de realizarme como ser humano. Es lo que trato de hacer cada día que me levanto de la cama: una mujer gorda, trans, migrante y ya de cuarenta años. Y, sobre todo, mujer. Lo único que puedo hacer es tratar de quitarme todos estos ejes de discriminación y ver el mundo de manera positiva", zanja Yona.

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