Entrevista a Belén López, secretaria general de CCOO Catalunya"La vivienda es el gran factor de empobrecimiento de las personas trabajadoras"
Hace poco más de un mes que fue elegida, convirtiéndose en la primera mujer en acceder al cargo.

Barcelona-
Hace poco más de un mes que Belén López fue elegida secretaria general de CCOO Catalunya, convirtiéndose en la primera mujer en acceder al cargo. Tras haber obtenido el apoyo del 98% de los delegados y delegadas, lo que supuso 574 votos de un total de 585 emitidos, ha aterrizado en el sindicato en un momento de gran actividad, como la conmemoración del Día de la Seguridad Laboral o la gran manifestación del 1 de Mayo. Más allá de actos y presentaciones recientes, Belén López lleva más de dos décadas afiliada a CCOO. Hasta ahora, era la líder del sindicato en las comarcas de Girona. Ahora, sustituye a Javier Pacheco, que estuvo al frente de la organización en los últimos ocho años.
Nacida en 1976 en Les Masies de Voltregà (comarca barcelonesa de Osona), en el seno de una colonia industrial de una fundición de cobre, ha ejercido su trayectoria sindical en Vic y Girona. Docente de formación, cree que en sectores como la educación y la sanidad los trabajadores todavía no han recuperado los derechos que perdieron en las dos últimas crisis económicas. Apuesta por que el ámbito de los cuidados se convierta en un nuevo pilar del Estado de bienestar, junto con la vivienda. Entre los retos de futuro, dibuja incorporar a los migrantes y las ocupaciones de alto valor añadido al sindicato, con el propósito de reflejar de forma más fiel la composición actual de la sociedad. Eso sí, sin dejar de lado el componente clásico, vinculado al sindicalismo tradicional, de actuar para transformar la realidad.
Llega a la secretaria general en un momento de gran efervescencia y muchos frentes abiertos de negociaciones. ¿Cómo lo afronta?
Aunque llevo más de dos décadas en la organización y soy consciente del ritmo que hay, lo afronto con ganas y con la fuerza que me dio el reciente congreso, en el que se demostró la cohesión que, ahora mismo, forma parte del sindicato. Ha sido un mes de mucha actividad sindical, pero que ya nos ha servido para situar, sobre todo el 1 de Mayo, una de nuestras principales reivindicaciones, que es la reducción de la jornada laboral. Aunque a nadie se le escapa las dificultades para aprobar la medida por la aritmética parlamentaria, con la ilusión de que salga adelante. Paralelamente, el año 2025 es el de la negociación de los convenios colectivos más importantes de Catalunya, que ahora se encuentran atascados.
Como primera mujer al frente del sindicato, ¿qué retos inmediatos deben afrontar en un entorno político, también en Catalunya, sin unos presupuestos aprobados?
La reivindicación de la necesidad de que haya presupuestos la estamos poniendo sobre la mesa de forma reiterada, ya que sin ellos no se pueden desarrollar políticas estructurales que vayan en la línea de lo que nosotros pensamos que necesita el territorio. Entre las iniciativas, deberíamos avanzar en una agenda social potente, reforzar los servicios públicos e invertir, por ejemplo, en el sector de los cuidados. Es imprescindible un sistema nacional de cuidados, homologable a los de salud o educación. Esto significa una estructura, recursos, una plantilla o una cartera de servicios para hacerlo viable. En otros sectores, si queremos cambiar nuestro modelo productivo y apostar por la industria o las energías renovables, también son necesarias políticas públicas e inversión de recursos para facilitarlo. Debemos situar por encima de la táctica política la necesidad de realizar estrategias de país.
¿Cómo se puede articular esta transformación del modelo productivo, que debería centrarse en una industria más sostenible?
Nuestra apuesta, visibilizada en el Pacte Nacional per a la Indústria, que ya ha empezado a tomar centralidad, es acelerar la diversificación, a la vez que debemos ser capaces de aprovechar una ventaja competitiva, que radica en el despliegue de las energías renovables. Hasta ahora, el posicionamiento y el factor de competitividad de las empresas a nivel europeo eran los salarios bajos y la precariedad laboral. Con este nuevo paradigma podemos ofrecer una energía limpia y más barata, pero igualmente competitiva. Por eso, es necesaria una inversión y una política industrial pública que vaya alineada con este propósito. Aunque notamos que el Govern de la Generalitat está siguiendo ese camino, necesitamos celeridad y presupuestos.
¿Cómo hacer cambios estructurales en sectores como el turismo o la hostelería que, precisamente han basado su éxito en este modelo de salarios bajos?
Debemos pensar y situar la conveniencia de articular y concretar un Pacte Nacional per al Turisme. Al igual que ya hemos reflexionado sobre qué tipo de industria queremos, cómo la queremos o hacia dónde debemos dirigir los recursos, quizá sea necesario realizar este ejercicio para convertir el turismo en un motor de la economía y en un dinamizador de puestos de trabajo de calidad. Hay que transformarlo, no demonizarlo, sino lavarle la cara en un escenario de concertación.
Existe la sensación de que las luchas sindicales se han ampliado en los últimos años con la incorporación de temas como el turismo, la vivienda, la energía, la Renta Mínima Garantizada... ¿Cómo se gestiona todo ello desde el mundo sindical?
Siempre hemos colocado como principal lucha la mejora de las condiciones laborales, pero con el componente imprescindible de las mejoras sociales. De hecho, al hablar del reparto de la riqueza, que forma parte de la disputa de los salarios, nos gusta analizar y denunciar cuál es el diseño de la política fiscal. Si el sistema tributario resulta progresivo y quien más tiene más aporta, o si se gravan más las rentas del trabajo que las procedentes de las plusvalías del capital o del patrimonio. Nuestro ideal implica construir unos servicios públicos que supongan la mejor forma de organizarnos colectivamente.
Siempre hemos impulsado las reivindicaciones sociales. Ahora mismo, lo que más condiciona la vida de la gente es la vivienda. La vivienda es el gran factor de empobrecimiento de las personas trabajadoras. Aunque negocies un incremento de los salarios, si el precio de los pisos sube el doble, de nada sirve. En ocasiones, parece que los convenios colectivos sean una negociación para beneficiar a los bolsillos de los rentistas. Aparte, debemos conseguir una limitación de precios en los ámbitos esenciales y básicos para la ciudadanía, como la vivienda, la energía o los alimentos. En el caso de la vivienda, deben prohibirse los usos especulativos y articular medidas para movilizar un parque de pisos públicos. No tendríamos ningún problema si los pisos que se han construido en democracia, con recursos públicos destinados a la protección oficial, no se hubiesen derivado hacia el mercado libre. Con dinero público, hemos permitido las prácticas especulativas. Una de nuestras propuestas es que, dada la situación de emergencia, en vez de reservar un 30% de las viviendas de las nuevas promociones para pisos de protección oficial, este porcentaje se eleve al 50%.
Las dos recientes crisis económicas han derivado en una enorme pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras, mientras se han disparado los beneficios empresariales y los precios. ¿Cómo revertir esta situación?
En la última década, los beneficios empresariales se han incrementado el triple, o más, que los sueldos. El desequilibrio entre las rentas del trabajo y las del capital cada vez se ensancha más. Desde 2008, este desequilibrio ha ido a más a consecuencia de unas políticas regresivas que iban encaminadas a empobrecer a la clase trabajadora, haciéndola responsable de pagar los platos rotos de las crisis. La estrategia ha ido acompañada de un recorte de los servicios públicos. De hecho, nosotros reivindicamos que para escapar de esta situación, muchas de las reformas en el ámbito de la concertación social en los últimos tiempos son propuestas de origen sindical. Ya las planteamos en la crisis del 2008. Entre las medidas que ya reclamábamos hace casi dos décadas, se encuentran la necesidad de hacer ERE en lugar de despidos, la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o evitar los recortes de las pensiones. Conseguimos hacer de cortafuegos de algunas medidas, como la reforma laboral de 2012, que era un ataque a la línea de flotación de la negociación colectiva.
En el tema de actualidad de la reducción de la jornada laboral, ¿cómo se vehiculan las exigencias patronales y sindicales en un contexto de pérdida de productividad, pero también de un incremento de las horas extras no remuneradas?
Desde el sindicato hemos elaborado un estudio sobre los niveles de productividad del tejido empresarial catalán y hemos comprobado que se han incrementado de forma espectacular, también en las pymes. En este escenario, nunca nos hemos opuesto a que las empresas que tengan dificultades para implementar la reducción de la jornada tengan ayudas, alternativas y medidas de acompañamiento, como bonificar las nuevas contrataciones. Como ejemplo, debemos recordar que las patronales pusieron el grito en el cielo con la subida del SMI, o con la reforma laboral, culpabilizándolas de la subida del paro o de un posible cierre de la actividad, y en la realidad no ha sido así. Ahora mismo, estamos en récords de empleo. Además, consideramos que, haciendo caso de las indicaciones de la Carta Social Europea, el despido debe ser el último recurso de las empresas y el Gobierno central debe realizar una reforma para que se establezcan indemnizaciones que lo desincentiven.
Desde el sector empresarial se denuncia que no se encuentra personal para desempeñar determinados trabajos, especialmente en el sector servicios vinculado a la hostelería.
Yo, que vengo de Girona y conozco perfectamente cómo funciona la ocupación estacional en la Costa Brava, les preguntaría qué condiciones les ofrecen. ¿Seguro que no son precarias? En el momento en que, en Catalunya, el paro rozaba el 20%, los empresarios disponían de un ejército de trabajadores en la reserva para presionar con condiciones laborales a la baja. En la actualidad, en tiempo de bonanza económica, toca establecer las condiciones económicas al alza. También deberían replantearse por qué los trabajadores y trabajadoras no quieren ir o se marchan de determinados sectores. Seguramente se encuentran en unas condiciones laborales marcadas por la precariedad laboral o por el incumplimiento sistemático del convenio colectivo.
¿Ha salido reforzado el papel de los sindicatos en las crisis económicas de las últimas dos décadas?
Hemos experimentado una parte buena y una mala. Por un lado, especialmente en esta última, hemos desmontado el dogma neoliberal que propugna que, en una situación de crisis, sólo se puede perder empleo, aplicar recortes y contener el gasto para superarla. Nos ha servido para transmitir el mensaje de que existen alternativas diferentes y que resultan viables. Se ha evidenciado que el modelo no es tener menos Estado, sino reforzar los pilares del bienestar, que no sólo es más justo, sino económicamente más eficiente. La pobreza y la desigualdad, pese a los mitos que hay detrás, acaban siendo más ineficientes económicamente y menos competitivas, no sólo son injustas socialmente. La erosión y degradación de los servicios públicos todavía no se han recuperado. Estos elementos favorecen el cuestionamiento del sistema democrático, lo que da alas a los discursos de extrema derecha y a una desafección de los ciudadanos por las instituciones y los espacios de intermediación y concertación social. Debemos continuar con nuestra labor de agregar intereses para transformarlos en propuestas.
Desde otras organizaciones se acusa a CCOO Catalunya de haberse convertido en un sindicato de postal, que ha perdido su carácter reivindicativo y con menor capacidad de movilización. ¿Cómo valora esta crítica?
El objetivo de un sindicato y la valoración de su actividad no deben medirse en función del número de huelgas que convoca. La pregunta que debemos hacernos es cuál es la incidencia de tu actividad en la transformación de la vida de la gente. Nuestro propósito implica conseguir acuerdos para mejorar la vida de la sociedad. Si éstos se alcanzan a través de la negociación, concertación o huelgas, resulta indiferente. Se debe analizar el resultado final, ya que siempre hemos utilizado el binomio movilización-negociación.
¿Qué perfil de trabajador o trabajadora quiere incorporar a CCOO Catalunya en su mandato como secretaria general?
Debemos hacer un trabajo ingente con el colectivo de migrantes. En Catalunya, suponen el 26% de la población y no están representados en igual medida en porcentaje de afiliaciones. La clase trabajadora catalana es cada vez más diversa y plural y nosotros debemos aspirar a ser un reflejo de esta realidad. Debemos parecernos a ellos para que encuentren en nosotros una herramienta para mejorar sus condiciones laborales y sociales.


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