Rodajes malditos: las historias más misteriosas y accidentadas del cine
Hay algunas películas que su mera existencia es todo un hito a tenor de las penurias a las que se tuvieron que enfrentar durante la filmación.

Zaragoza--Actualizado a
“Ser director de cine consiste en sobrevivir al caos”. La cita es de Manuel Gutiérrez Aragón y la pronunció durante su inducción en la Real Academia Española en 2016. Se trata de una de las píldoras más clarividentes sobre el milagro que, en ocasiones, implica hacer una película. El número de variables que pueden afectar a un rodaje de una manera a otra tiende a infinito, por lo que todo vaya bien es casi la excepción.
Sin embargo, dentro de la dificultad que implica poner en línea a toda la gente que se necesita para hacer una película, existen niveles de desastre dentro de un rodaje. Hasta el punto de que algunas películas se han considerado condenadas por lo difícil que resultó hacerlas. Auténticas tragedias sucedidas en torno al plató que constituyen la historia menos conocida y misteriosa del séptimo arte. Estas son las películas malditas de la historia del cine.
'La Profecía' (1976)

Muchas de las películas malditas son, en efecto, cintas de terror. Por ello cabe la duda razonable de cuestionar cuánto hay de verdad en su leyenda negra y cuánto de maniobra publicitaria. Sin embargo, hay hechos que no se pueden fingir. Es el caso de La Profecía (1976), una de las películas de terror más influyentes de la historia, pero cuya historia real es casi más perturbadora.
Se cuenta que su protagonista, Gregory Peck, aceptó el papel como forma de catarsis para superar la muerte de su hijo, quien se acababa de suicidar. El propio protagonista fue víctima de uno de los hechos anormales que rodearon al filme cuando, al viajar a Londres, su avión fue golpeado por un rayo. Hasta ahí nada raro, en realidad. Sin embargo, poco después, el avión del productor Mace Neufeld también fue alcanzado por un rayo cuando viajaba a Los Ángeles. No fueron los únicos incidentes relacionados con los rayos ya que el avión en el que viajaba el guionista David Seltzer también sufrió problemas con un relámpago, mientras que el productor Harvey Bernhard se salvó por los pelos de ser alcanzado por uno en Roma.
Pueden ser coincidencias, desde luego. Sin embargo, muchos quisieron ver en esta serie de incidentes aéreos algo más. No hay que olvidar que se trataba de una película que abordaba el satanismo en plena psicosis satanista en Estados Unidos. No obstante, el hecho más terrorífico que rodeó a la película también involucró a un avión, aunque afortunadamente a nadie del equipo. Debido a un retraso en el rodaje, tanto Peck como parte del equipo no tomaron un avión privado a Israel que tenían alquilado para viajar al set. Aquella aeronave salió con otros pasajeros, estrellándose al chocar con una bandada de aves. Ninguno de los ocupantes sobrevivió al accidente, tampoco los ocupantes del vehículo con el que colisionó al caer a tierra.
El director Richard Donner también vio la muerte de cerca pues el hotel en el que se alojaba en Londres fue objetivo del IRA, que colocó una bomba en él. También saltó por los aires a causa de un atentado un restaurante londinense al que solía ir a comer Neufeld. No obstante, el giro más truculento se dio una vez había terminado el rodaje. John Richardson, encargado de los efectos especiales, viajaba junto a su ayudante, Liz Moore, de camino a su próximo proyecto. Lamentablemente, la pareja sufrió un accidente de tráfico en el que ella perdió la vida decapitada. Se dice que junto a la escena había un cartel que rezaba: Ommen 66,6 km (el título de la película en inglés es The Omen). Aunque esto fue replicado por numerosa prensa de la época, lo cierto es que no existe ninguna evidencia de que dicho cartel existiese.
'El Exorcista' (1973)

El Exorcista es probablemente la película de miedo por excelencia. El pináculo de un género que ha dado grandes dividendos a la industria del cine a lo largo de la historia. Sin embargo, la obra maestra de William Friedkin bien pudo no haberse estrenado a tenor de las muchas penurias que sucedieron durante su rodaje. De hecho, toda la filmación estuvo repleta de quejas provenientes de técnicos y miembros del equipo que aseguraban haber escuchado voces o haber presenciado presuntos sucesos paranormales. Claro que esto puede ser fruto de la sugestión.
Lo que sí sucedió de verdad es que, días antes del rodaje, un incendio en los estudios de la Warner Bros consumió casi todo el atrezzo de la película y le costó la vida a tres trabajadores. Solo sobrevivió la decoración destinada a dar vida a la habitación en la que se iba a realizar el exorcismo. Como consecuencia de aquel incidente, el rodaje tuvo que retrasarse seis semanas. No sería la única vez que tuvo que ser pospuesto.
Dos días después del inicio de las grabaciones, el protagonista, Max Von Sydow, pidió ausentarse debido al fallecimiento de su hermano. Poco después fue la protagonista, Linda Blair, la que tuvo que faltar para atender al entierro de su abuelo. La muerte también afectó directamente al reparto de la película pues los secundarios Jack MacGowran y Vasiliki Maliaros fallecieron durante el proceso de postproducción y no pudieron asistir al estreno de la cinta. No fueron las únicas personas relacionadas con El Exorcista en morir aquellos días, pues también falleció el técnico responsable en refrigerar el set o el conserje nocturno, quien fue disparado. “Creo que hubo nueve muertes durante el rodaje, lo que son un montón y da mucho miedo”, dijo la actriz Ellen Burstyn al respecto.
'El Cuervo' (1994)

El Cuervo son los 90 in a nutshell. Su estética gótica mezclada con su banda sonora compuesta por rock industrial marcó el imaginario de una subcultura que eclosionó años más tarde con el estreno de The Matrix (1999). Sin embargo, si algo marcó la adaptación a la gran pantalla del comic creado por James O’Barr fue la muerte de su protagonista, Brandon Lee, durante el rodaje.
La historia es bastante conocida. Durante una escena de acción, Lee debía ser disparado con una pistola de fogueo. Sin embargo el arma contaba con una bala real, que le causó la muerte instantánea. La culpa la tuvo, además de la imprudencia, la falta de presupuesto. Previamente a la fatídica toma, la producción decidió utilizar una bala real para rodar un primer plano del arma cargada. Este proyectil, aunque no tenía pólvora, sí contaba con detonador. Por ello quedó atascada dentro del cañón. Acto seguido, al filmar la toma del disparo a Lee, la carga de fogueo utilizado sirvió para impulsar la bala atascada, que le costó la vida al protagonista en el acto. Una simple comprobación de seguridad le hubiese salvado la vida.
Aunque fue un accidente, aquello desató la especulación en los medios de la época. Sobre todo porque Brandon Lee era el hijo de Bruce Lee, quien había fallecido años antes en extrañas circunstancias. Aunque se supo que el maestro de las artes marciales pereció a causa de un edema cerebral, muchos fueron los que quisieron ver en su fallecimiento a los 32 años algún asunto turbio. Respecto a El Cuervo, el equipo logró terminar y estrenar la película a pesar del fallecimiento de su protagonista. Algo que técnicamente fue un prodigio en aquella época.
'La campana del infierno' (1973)

El fantaterror fue una etiqueta cinematográfica que sirvió para darle un nombre al cine fantástico y de terror que se hizo en España en las décadas de los 60 y 70. Fueron años marcados por la censura de la dictadura franquista, por lo que muchos cineastas encontraron en estos subgéneros cierta libertad creativa que escaseaba en el cine más convencional. Una escena que también posee su particular leyenda negra.
La campana del infierno fue una coproducción hispanofrancesa dirigida inicialmente por Claudio Guerín, uno de los realizadores más prometedores de su generación. Aquel estaba destinado a ser su segundo largo, aunque no pudo terminarlo. El director falleció el 16 de febrero de 1973 mientras rodaba una escena en lo alto del campanario de la iglesia de San Martiño de Noia.
El templo solo tiene una torre acabada, por lo que la producción apostó por construir una segunda torre de atrezzo en la que poder colocar la cámara. Se accedía a través de una pasarela situada a unos 20 metros de altura, por la que se precipitó Guerín. Perdió la vida al instante. Aquel accidente dio mucho que hablar en la prensa franquista de la época, incluso se llegó a aducir a una supuesta maldición que caería a todos aquellos que quisieran completar la fachada de San Martiño. Una versión que ha calado profundamente en la memoria colectiva y en el folclore local de Noia, pero de la que no hay documentación previa.
La película tuvo que ser terminada como pudo por Juan Antonio Bardem. No había notas del director, tampoco directrices de cara al montaje, por lo que el resultado final no fue especialmente brillante. Si bien llegó a ser estrenada en el festival de San Sebastián, pasó completamente desapercibida en taquilla (algo más de 500.000 espectadores, que hoy serían un éxito pero que para los estándares de asistencia a las salas de entonces fueron muy pocos). Con el paso de los años la cinta ha alcanzado el estatus de mítica debido, sobre todo, a la historia que la rodea.
'Apocalypse Now' (1979)

Apocalypse Now es una de las grandes obras maestras del cine mundial. También un auténtico milagro, pues lo más normal es que hubiese sido un completo desastre. Es, probablemente, el rodaje más complicado y accidentado que se ha realizado nunca. “Mi película no va sobre Vietnam. Es Vietnam”, dijo Francis Ford Coppola sobre ella en el festival de Cannes. Si dirigir películas es sobrevivir al caos, no hay mayor ejercicio de supervivencia que esta obra maestra.
Básicamente, desde el inicio al final de la grabación fue una sucesión de problemas. De hecho, los contratiempos llegaron ya en la preproducción. Ninguna de las grandes estrellas de la época quiso interpretar al Capitán Willard, protagonista de la cinta. Finalmente, y sobre la bocina, el elegido fue Harvey Keitel, quien nunca convenció a Coppola y que terminó despedido a mitad de rodaje. Entonces llegó Martin Sheen y, con él, sus problemas agudos de alcoholismo.
Completamente borracho, el actor de orígenes gallegos se cortó en una mano durante la grabación de una escena y le tuvieron que dar 20 puntos. Poco después sufrió un infarto de miocardio a causa de su abuso del alcohol. No era el único miembro del reparto con problemas de adicción severos, claro. Dennis Hopper era adicto a las drogas y se pasó el rodaje completo colocado. De hecho se cuenta que pidió 25 gramos de cocaína como condición para formar parte del rodaje.
No fue el único en abusar de las drogas, eso desde luego. De hecho el propio Coppola aguantó las jornadas maratonianas puesto de sustancias varias, principalmente cocaína y anfetamina. Completamente absorto en su megalomanía, reescribía el guion por las noches y se pasó ampliamente del presupuesto inicial. Mención aparte merece Marlon Brando, quien llegó más tarde a la producción y lo hizo con 40 kilos de sobrepeso y sin saberse el guion. De hecho se negó a memorizar líneas, improvisando durante todo el filme. Cuando se cumplieron las tres semanas de su contrato desapareció de Filipinas, pese a que todavía le quedaban algunas escenas pendientes por grabar.
Estos solo fueron algunos de los problemas de un rodaje que tuvo que lidiar con retrasos por monzones, problemas con el ejército filipino, incidencias con animales salvajes e incluso se rodó una toma con unos cadáveres reales robados de un cementerio cercano, lo que hizo que la policía local interviniera el set. La película fue un éxito absoluto y Coppola no aprendió la lección. Eso sí, colapsó en su siguiente rodaje: Corazonada (1982).



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