De Walter White a Homelander: cuando lo mejor de la serie es el malo
Aunque como telespectadores debamos identificarnos con el protagonista de la serie, en muchas ocasiones es el villano quien nos hace permanecer pegados a la pantalla.
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“Una historia es tan buena como lo sea su villano”. Aunque la cita suele atribuirse a Alfred Hitchcock sin que conste registro exacto de que la pronunciara en público, la frase ha trascendido como una verdad incontestable de la narrativa audiovisual. No en vano, pone en valor una figura que, durante una época, fue ninguneada con frecuencia. Y es que, si bien es cierto que existen obras sin un antagonista claro, en la gran mayoría se trata de un personaje central para retener la atención del espectador y dar valor a lo que se quiere contar.
Al fin y al cabo, el antagonista es quien sostiene el pulso dramático y, por oposición, enriquece y pone a prueba al protagonista. Un villano de opereta, sin más motivación o fondo psicológico que la pura maldad, condena la obra a la irrelevancia. En cambio, cuanto más complejo y formidable es el obstáculo que ha de superar el héroe, mayor es la trascendencia de su hazaña. En los últimos años, la ficción televisiva ha llevado esta premisa al extremo, colocando a personajes moralmente oscuros en el epicentro para explorar sus sombras y dilemas sin caer en la justificación simplista. Muchas de estas producciones figuran hoy entre las mejores ficciones de la historia.
A continuación, repasamos ocho series donde el villano no solo eclipsa al resto, sino que se convierte en la auténtica razón para verlas.
'Los Soprano' (1999-2007)
No existe mejor lista de mejores series de la historia que no incluya a Los Soprano en sus puestos de cabecera. Los motivos son muchos y variados, aunque no se puede negar que la principal razón tiene nombre y apellidos: Tony Soprano. El don de la familia DiMeo, cuyo punto de partida de la serie es la contraposición que existe entre su desempeño criminal y los ataques de ansiedad que sufre a causa de la misma. De esta manera, HBO puso en el centro de la historia a un villano, a quien el espectador comienza a comprender e incluso con quien llega a empatizar… pero que no deja en ningún momento de ser el malo de la historia.
Tony es machista, violento y un hipócrita consumado. En resumidas cuentas, un ser indeseable. Y lo es a lo largo de toda la serie, aunque por contraposición en ocasiones nos encontremos a personajes todavía más negativos que él. Sin embargo, consigue un efecto extraño en el espectador, que se sumerge en su lógica mafiosa gracias al gran trabajo psicológico que posee el personaje, además de la documentación realizada que llevó a la mafia neoyorquina real a pensar que tenían algún topo entre sus filas. Los Soprano es una serie seminal, y lo es por su villano. O villanos, mejor dicho, porque en un mundo tan corrupto como el que retrata, pocos se salvan del escrutinio.
'Breaking Bad' (2008-2013)
Justo cuando terminó Los Soprano llegó a la programación la otra gran serie protagonizada por un villano: Breaking Bad. Su punto de partida logró enganchar por ser muy humano: un profesor de ciencias descubre que tiene un cáncer terminal y decide comenzar a traficar para dejar a su familia cubierta. De esta manera, y desde un inicio, Walter White era un personaje con el que era fácil de empatizar, pese a que los métodos que había elegido no eran los correctos. Aunque lo interesante de la serie, y por lo que es historia de la televisión, es que, a medida que avanza la trama, la redención no llega nunca.
Heisenberg, como llama a su alter ego narcotraficante, se va corrompiendo más y más a medida que saborea el poder y el dinero que implica controlar el tráfico de metanfetamina azul en Albuquerque. Hasta un punto en el que, lo que comenzó como una medida desesperada con un fin comprensible, se difumina por completo. De hecho, el gran acierto de la serie de AMC es que, en la catarsis, lo que se olvidan son las autojustificaciones. El personaje interpretado por Bryan Cranston abraza sus actos y, sobre todo, la motivación real tras los mismos. Es el villano de la historia, ni más ni menos.
'El Pingüino' (2024)
El Pingüino completa el trío de grandes series de televisión protagonizadas por villanos. Hay más, claro, pero no son tan brillantes. El personaje, interpretado por un irreconocible Colin Farrell, fue presentado durante la película The Batman (2022), donde tenía un papel residual. Es, sin embargo, en la miniserie que lleva su nombre en la que desarrolla todo su potencial como protagonista, y como malo de la historia. Porque aquí, una vez más, no hay redención ni moralina; desde el primer momento hasta el final el espectador asiste a la historia de un hombre malvado, pero cuyo carisma e inteligencia son adictivos.
De hecho, si existe un medio que ha abusado a lo largo de la historia de los malos simples ese es el de los superhéroes, tanto en el cómic como en sus adaptaciones audiovisuales. Pero, también, probablemente sea el género que mejor ha trabajado los antagonistas. El ejemplo por excelencia es otro villano de Batman, el Joker, cuya traslación a la pantalla grande le ha generado grandes parabienes a actores como Jack Nicholson, Heath Ledger o Joaquin Phoenix. El Oswald Cobblepot de Farrell no les va a la zaga, gracias sobre todo a su inteligencia puesta al servicio de la maldad más pura.
'The Boys' (2019-2026)
No abandonamos el mundo de superhéroes para abordar el que probablemente sea el última gran villano carismático de la televisión: Homelander. El personaje al que da vida Antony Starr es, en esencia, el reverso oscuro de Superman. Un ser todopoderoso que, en lugar de salvar a la humanidad, es egoísta, caprichoso y está profundamente traumatizado. En realidad, su versión televisiva es mucho más profunda y compleja que la que se vio en los cómics, donde sus motivaciones eran mucho más planas. Sobre todo porque el showrunner Eric Kripke lo utilizó para hacer una metáfora nada disimulada del momento político de Estados Unidos (y por ende de Occidente) tras el ascenso al poder de Donald Trump.
Homelander es, de lejos, lo más interesante de The Boys, sobre todo desde el punto de vista psicológico. De hecho, Butcher, el líder de los héroes interpretado por Karl Urban, un personaje que también tiene muchos matices oscuros, resulta mucho más plano y monolítico en comparación. Nuevamente, la serie de Amazon Prime Video demuestra que un buen villano es capaz de sujetar un producto de éxito y convertirlo en historia de la televisión, sin necesidad de que sea el protagonista absoluto.
'Daredevil' (2015-2018 / 2024-actualidad)
La serie de Daredevil ha tenido dos etapas claramente marcadas y, dentro de ellas, han pasado varios villanos por la pantalla. Sin embargo, si alguien ha dejado una huella especial en la cultura popular es el Kingpin de Vincent D’Onofrio, el gran antagonista del hombre sin miedo. De hecho, esta dualidad entre lo que son dos caras de la misma moneda son las que sostienen gran parte de la serie; tanto en su iteración original en Netflix como en el soft reboot que ha protagonizado recientemente en Disney+.
Kingpin es un personaje educado y muy inteligente, pero también despiadado y tenebroso. Tanto que es capaz de justificar sus acciones, en las que busca acumular poder y reconocimiento, disfrazándolas de un supuesto interés general. Algo que se ve especialmente en su faceta como alcalde de Nueva York, desarrollada en la segunda temporada de Disney, con toda seguridad el mejor tratamiento que ha tenido el personaje en televisión. La interpretación de D’Onofrio, profundamente contenida, es paradójicamente lo que le hace tan temible. La contraposición perfecta para Daredevil, quien abraza la oscuridad de su persona en pos de hacer algo positivo para su ciudad.
'Death Note' (2006-2007)
Death Note también funciona muy bien por la simbiosis especial que se genera entre sus dos personajes principales: Kira, el protagonista y a su vez villano, pues tiene un cuaderno mágico con el que puede producirle la muerte a quien quiera, y L, el detective encargado de capturarle. Todo el anime es, en esencia, un duelo intelectual entre ambos. Dos personajes superdotados que buscan desenmascararse el uno al otro, en una serie de confrontamiento psicológicos que están escritos con gran brillantez.
Kira es el motor de la historia y también su antagonista moral. Para matar a sus víctimas debe escribir sus nombres en el cuaderno conociendo previamente sus rostros, un poder que no duda en explotar sin miramientos. Si bien arranca justificando sus actos bajo una distorsionada noción de justicia, adoptando el perfil de antihéroe, sus intenciones pronto derivan hacia un ego desmedido. L, por el contrario, representa el rol del héroe al perseguir a un asesino en serie, pero dista mucho de ser intachable. De hecho, su verdadera motivación no radica tanto en el deber moral, sino en el reto de demostrar su superioridad intelectual sobre su rival.
'Juego de Tronos' (2011-2019)
Aunque si hablamos de personajes grises, entonces es mención obligatoria Juego de Tronos. En la serie inspirada en la obra de George RR Martin hay buenos y malo, pero sobre todo lo que existen son los intereses cruzados y un cinismo vital que lo inunda todo. No obstante, excluyendo malos sobrenaturales como el Rey de la Noche, no existe mayor villana que Cersei Lannister, tampoco mejor personaje. Es, sin duda, uno de los principales atractivos de la serie, sobre todo por su habilidad para salirse casi siempre con la suya.
La interpretación de Lena Headey resulta sobresaliente ya que dota al personaje de una inmensa riqueza de matices, algo necesario en una trayectoria marcada por triunfos implacables y caídas humillantes. Esa tridimensionalidad, sumada a la fuerza visceral de sus motivaciones (la protección de sus hijos y la preservación de su estirpe), permite comprender sus actos y conectar con su rabia, incluso cuando sus decisiones devastan a los personajes más queridos por la audiencia. Cersei es una de esas antagonistas a las que da gusto odiar, que es probablemente el mejor piropo que se le pueda decir.
'Dexter' (2006-2013)
Dexter tiene uno de los peores finales de serie de la historia, que sin embargo no ha podido empañar el recuerdo que dejó. Tampoco los varios spin-offs que se han realizado posteriormente, y que no han conseguido la relevancia de la serie original. En buena medida, esto se debe a que su high concept, un asesino en serie consciente de su condición que canaliza sus impulsos bajo un estricto código moral, ya no produce el mismo impacto rupturista que a mediados de los años 2000.
En su época de máximo apogeo, el debate entre los espectadores fue constante: ¿es Dexter un héroe o un villano? En sentido estricto encaja en la figura del antihéroe, alguien que recurre a métodos atroces para eliminar a quienes escapan de la justicia. No obstante, más allá de cualquier barniz justiciero, el espectador asiste a lo largo de sus temporadas al retrato íntimo y perturbador de un asesino en serie.
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