Jardín romántico, sueño surrealista y secreto bélico: en poco más de catorce hectáreas el parque El Capricho ofrece diversas facetas que hacen de él una de las joyas verdes más brillantes de Madrid. Iniciada su construcción a finales del siglo XVIII gracias al impulso de María Josefa Pimentel, duquesa de Osuna, no llegó a terminarse hasta cinco décadas después, pocos años más tarde de que la propia duquesa falleciese.  

A lo largo de su historia El Capricho ha sufrido diversos avatares: de refugio bélico a escenario de duelos, de aterrizaje forzoso a desolador abandono. Fue finalmente en los años 70 cuando el Ayuntamiento retomó el control del parque y llevó a cabo una larga rehabilitación que le ha devuelto su antiguo esplendor. Nos damos una vuelta por El Capricho para redescubrir este tesoro madrileño. 

El ‘capricho’ de la duquesa de Osuna 

Parque El Capricho
Fuente: Pixabay

Nacida en Madrid en 1752, María Josefa de la Soledad Alfonso-Pimentel y Téllez-Girón era la XII duquesa de Benavente pasando a ser consorte de Osuna una vez se casó con Pedro de Alcántara, IX duque de Osuna. María Josefa fue una de las mujeres más decisivas en el ambiente artístico madrileño de la transición del XVIII al XIX encarnando la figura de mujer ilustrada en la corte de Carlos III.  

La duquesa promocionó uno de los salones literarios más importantes de su época además de ser una de las primeras mujeres en formar parte de la Real Sociedad Económica Madrileña. También fue presidenta de la primera Junta de Damas de Honor y Mérito. Conocida fue su amistad con Goya que derivó en un mecenazgo: el pintor le devolvió el favor con muchos cuadros y uno de sus mejores retratos.  

Parque El Capricho
Fuente: Wikipedia

Fue en 1783 cuando los duques de Osuna compran un terreno en las afueras de Madrid con el propósito de construir una finca de recreo. María Josefa toma el mando del proyecto y vuelca en el diseño del parque buena parte de sus influencias culturales. En este sentido, se dice que El Capricho es una combinación de diferentes estilos de jardines europeos: el paisaje inglés, el parterre francés y el giardino italiano. Y es que lo que comenzó como un delicado capricho, acabó derivando en una obra maestra del paisajismo madrileño que se desarrolló durante más de cinco décadas. 

Los primeros diseños recayeron en Jean-Baptiste Mulot que había estado al servicio de María Antonieta y que dotó de aire francés al jardín al oeste del palacio erigiendo estanques en el canal principal que conducía al Casino del baile. Al sur está el jardín italiano que incluye el laberinto, uno de los enclaves más fascinantes del parque mientras que el resto del espacio se concibe como un jardín paisajístico inglés de atmósfera romántica plagado de rincones bucólicos. 

Parque El Capricho
La ermita. Fuente: Wikipedia

Cuentan que, durante la Guerra de Independencia, las tropas francesas llegaron a usar el parque como lugar de descanso: no sería la última vez que el Capricho tendría una función bélica… Una vez terminada guerra, Antonio López Aguado completa el plan constructivo de la duquesa de Osuna que se da por finalizado en 1839

Durante las décadas siguientes, El Capricho fue uno de los lugares más frecuentados por la aristocracia madrileña, pero con el paso del tiempo fue cambiando de manos hasta que en los años 50 del pasado siglo comenzó a sufrir una lenta decadencia. En 1974, el Ayuntamiento de Madrid compra los terrenos y lo declara Bien de Interés Cultural en 1985 evitando la construcción de un hotel en sus instalaciones. Desde hace años se lleva trabajando en un museo que girará en torno a la figura de la duquesa de Osuna cuya apertura está prevista para 2021. 

Recorriendo el parque de El Capricho 

Parque El Capricho
La Casa de la Vieja. Fuente: Wikipedia

La entrada al parque de El Capricho se encuentra a unos diez minutos andando de la parada de metro homónima en el barrio de Alameda de Osuna al noreste de Madrid. Durante la estancia del visitante en el parque —cuyo acceso es gratuito— hay que cumplir unas normas rigurosas que incluyen la prohibición de acceder con alimentos, animales o bicicletas, todo ello con el objetivo de preservar este tesoro paisajístico 

Nada más entrar en el parque nos encontramos con una gran rotonda desde la que se abren varios caminos: el principal es la avenida que lleva al palacio que cruza primero el Invernadero y después el Parterre de los Duelistas. Este jardín cuenta con dos columnas a una distancia de cuarenta pasos… la distancia oficial de un duelo: cuenta la leyenda que aquí se produjo el duelo entre el infante Don Enrique de Borbón, primo hermano de Isabel II —que falleció— y el Duque de Montpensier, hijo de Luis Felipe I, rey de Francia.  

Parque El Capricho
Atmósfera ideal para un duelo en el Parterre de los Duelistas. Fuente: Wikipedia

El nombre de la Plaza de los Emperadores deriva de los doce bustos de césares romanos que se colocaron en ella en la segunda fase de construcción del parque, hacia 1815. Esta plaza es dominada por la exedra con un templete de columnas jónicas. Más allá de los Emperadores encontramos un parterre fruto de la restauración del parque de los años 40 del pasado siglo que conduce el palacio erigido a finales del XVIII el cual sufrió diversas modificaciones a lo largo del tiempo: en su interior se albergaban numerosos cuadros de Goya. 

A la derecha del palacio, el visitante se encuentra con dos de las grandes joyas del parque El Capricho: el laberinto que fue reconstruido varias veces, la última tras un aterrizaje forzoso en los años 40 de un avión que había salido de Barajas. A su lado se localiza el Jardín Bajo diseñado al modo de giardino segreto italiano. Y en la fachada norte del palacio, el visitante se encuentra con la entrada del búnker que albergó el Cuartel General del Ejército del Centro de la II República, otra joya histórica de El Capricho que puede visitarse gratuitamente mediante reserva

Parque El Capricho
El laberinto de El Capricho. Fuente: Wikipedia

Al norte del palacio, se localiza el famoso templete y al abejero. Y más al norte la estatua de Saturno devorando a sus hijos y el fortín que nos conduce a la zona de estanques con al Jardín de Juegos y, más allá, la Casa de Cañas. Aproximadamente en el centro geográfico del parque se encuentra la ermita, una construcción que ya en origen quiso dar una apariencia ruinosa en consonancia con el temperamento romántico que se desarrolla en buena parte del parque. 

Nuestro recorrido por El Capricho termina pasando por el Casino de baile, uno de los lugares más importantes de las fiestas de la aristocracia madrileña del XIX, y por la Casa de la Vieja, una imitación de una casa de labranza que tenía por objetivo recrear este ambiente campestre dentro del jardín, incluyendo unos automátas que simulaban el trabajo en el campo. El último ‘capricho’ de este maravilloso artificio, único en Madrid.   

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