5 consejos para convivir con un gato si eres alérgico
Muchas personas no descubren que son alérgicas a los gatos hasta que les toca convivir con uno.

Zaragoza-
Los gatos son una de las mascotas más populares del mundo. Conocidos por su independencia y limpieza, aunque también por su afecto para con los humanos, siempre que se bajo sus propios términos eso sí, son el compañero de piso elegido por muchas personas y familias a lo largo del globo.
Sin embargo, convivir con un gato puede tornar en algo complicado para una serie de personas, y no precisamente por su comportamiento travieso y tendente a desatar el caos. La alegría a los gatos es una afección muy común que impide una cohabitación satisfactoria con esta especie. Algo que puede llegar a ser muy problemático, pues se trata de una animal omnipresente en nuestra sociedad.
Cuáles son los síntomas de la alergia a los gatos
La alergia a los gatos es una reacción del sistema inmunológico producida por las proteínas presentes en algunas secreciones realizadas por los felinos. Los síntomas más comunes de la alergia a los gatos son: estornudos, picazón, congestión nasal, ojos llorosos y dificultad para respirar, esta última las más complicada de todas y que aparece únicamente en los casos más graves.
Se trata, ademas, de una alergia muy común. De hecho la alergia a las mascotas, entre las que los gatos poseen un papel prominente, es la tercera causa de alergia más común entre los seres humanos, solo por detrás de el polen y los ácaros.
Las causas
La alergia a los gatos está producida por la saliva, la orina o la caspa de los mininos. Esta, compuestas por escamas muertas de la piel que se desprenden del animal, puede quedarse flotando en el ambiente, produciendo reacciones alérgicas incluso sin que el felino esté presente en la habitación.
Concretamente se han identificado hasta ocho tipos de alérgenos presentes en los gatos. Se trata de ocho tipos diferentes de proteínas que, ante su presencia, los anticuerpos de las personas con alergia los identifican como dañinos, aunque no lo sean. Es por ello que cuando se produce el contacto, la respuesta del sistema inmunitario es luchar contra ellos, generando una inflamación en las fosas nasales o en los pulmones.
Los mejores tratamientos
Lo ideal es que una persona alérgica a los gatos evite la convivencia con los mismos. Aunque los síntomas puedan ser tolerables en un inicio, lo cierto es que una exposición prolongada a los alérgenos puede producir la inflamación crónica de las vías respiratorias, lo cual es muy peligroso.
No obstante, suele ocurrir que una persona no descubre su alergia a los gatos hasta que convive con uno la primera vez. O que no tenga otra opción que compartir su espacio con un felino por la razón que sea. En ese caso, debe ser muy cauteloso y seguir estos cinco consejos para minimizar el impacto.
Pelo corto mejor que largo
Todos los gatos producen sustancias capaces de generar reacciones alérgicas. O lo que es lo mismo, el gato hipoalergénico no existe. Es importante tener en cuenta esto, pues existe bastante desinformación al respecto. Además, como hemos visto, el pelo del animal en sí no es un alérgeno.
Sin embargo, el pelo del animal sí que ejerce en ocasiones de vehículo para transportar los alérgenos. Es por ello que, para una persona con alergia, es más recomendable convivir con un felino de pelo corto a hacerlo con uno de pelo largo. Sin embargo, nuevamente, esto no es garantía de nada, pues la capacidad de producir alergia se encuentra en secreciones como la saliva, la orina o la caspa.
Ser meticuloso con la limpieza
Por ello hay que ser muy meticuloso con la limpieza. Es muy importante mantener el habitáculo donde resida el gato extremadamente limpio, evitando así la presencia de alérgenos en la superficie.
Evitar alfombras, moquetas, tapizados, etc.
Acorde con los niveles de limpieza, es importante retirar del hogar todos aquellos materiales que tienen a retener estos alérgenos durante mucho tiempo, fundamentalmente: moquetas, alfombras, tapices… Además, tanto las fundas del sofá como la ropa de cama deben ser lavadas con mayor frecuencia, y a poder ser el reemplazarlas por materiales hipoalergénicos.
Restringir el movimiento de la mascota
También es una buena idea que el gato no tenga acceso a habitaciones cruciales de la casa, fundamentalmente los dormitorios. Los míninos pasan por ser animales libres y muy curiosos, por lo que puede ser una tarea difícil de acometer. Sin embargo, evitar el contacto del gato con, por ejemplo, la ropa de cama en la que va a dormir una persona alérgica es fundamental para minimizar los efectos de la alergia.
Mantener al gato aseado
Los gatos son famosos por ser un animal muy limpio, algo que no siempre juega a favor de las personas alérgicas. Fundamentalmente porque los felinos se acicalan con su propia saliva, donde se encuentra el alérgeno. Es por ello que cepillar de manera regular a un gato minimiza las posibilidades de alergia, pues sirve para deshacerse de todo ese pelo que potencialmente puede portar la proteína capaz de desatar la reacción alérgica. Es la misma lógica que se aplica a la hora de limpiar bien la casa de manera frecuente, aunque adelantándose un paso. En la medida de lo posible, el aseo del gato debería ser llevado a cabo por alguien no alérgico y realizarse en el exterior, eso sí.
Además, los gatos poseen la costumbre de realizar sus necesidades en un cajón de arena. Como decíamos, la orina de gato también produce alergia, por lo que el cambio constante de la arena es necesario para minimizar riesgos.


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