El lenguaje de las abejas: una forma de comunicación única en la naturaleza
Las abejas poseen una de las estructuras sociales más complejas del reino animal, lo que implica una necesidad de comunicarse entre ellas.

Zaragoza-
Las abejas poseen uno de los sistemas de organización más complejos del mundo animal, prácticamente solo comparable al de las hormigas. Cada colmena se divide en tres castas, cada una con una función específica a cumplir. La abeja reina es la única fértil, por lo que es la encargada de poner huevos y regular la población. Por su parte, los zánganos poseen la misión de fecundar a la reina, sin aportar nada más a la comunidad. El resto de tareas quedan en manos de las abejas obreras, quienes construyen y defienden el hogar, se encargan de la alimentación o realizan la siempre importante polinización.
Para poder llevar a cabo tales desempeños de manera eficiente y coordinada, las abejas han desarrollado un alambicado sistema de comunicación que es único en la naturaleza. Hasta el punto de que la primera vez que fue planteado por el etólogo Karl Von Frisch, parte de la comunidad científica le miró con escepticismo. Sin embargo, el científico austriaco acabaría ganando el Nobel de Fisiología o Medicina en 1973, compartido con Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen, gracias a su trabajo sobre el comportamiento de las abejas.
La danza de las abejas
Sin duda alguna, el descubrimiento más importante de Von Frisch fue lo que se denominó la danza de las abejas, y que forma parte de su particular manera de comunicarse unas con otras. Resumiéndolo mucho, probó que con un movimiento de su abdomen, las abejas exploradoras eran capaces de comunicar al resto de la colmena donde se encontraba el alimento, señalando tanto la dirección como la distancia del mismo.
Se trataba de un tipo de baile que varía según la información que desea trasmitir la abeja exploradora. De esta manera, si el movimiento describe una trayectoria circular, implica que la fuente de alimento se encuentra cerca (más o menos a unos menos de 100 metros de distancia). Sin embargo, si la comida están más lejos, la abeja realiza una danza más complicada. Concretamente se trata de una especie de ocho con un zigzag en el centro. Esta parte es clave, pues es la que sirve para comunicar tanto la distancia como la dirección.
Cuanto más largo es ese zigzag, más lejos están los alimentos. ¿Pero cómo trasmiten la dirección? De nuevo, la fase del zigzag es fundamental. En este caso, Von Frisch descubrió que las abejas utilizan el sol para orientarse. Concretamente, el ángulo respecto a la vertical del sol que trazaban con su baile es lo que determina la dirección de las flores. Una transmisión de información que nos habla de un lenguaje mucho más complejo de lo que cabría esperar.
El papel del olor
Von Frisch realizó estos hallazgos mediante la pura observación. Es decir, se dedicó a ofrecer alimento a una de estas abejas para, después, identificarla con pintura antes de su regreso a la colmena. Cuando ésta volvía con el grupo descubrió aquellos misteriosos bailes, los cuales fue descodificando poco a poco.
La danza de las abejas sigue siendo una teoría en vigor en la actualidad, si bien es cierto que ha sido matizada por la comunidad científica. Por ejemplo, todavía se acepta que las abejas utilizan este particular baile para transmitir la dirección en la que se encuentra la fuente de alimentos. Sin embargo, actualmente se sabe que el olor juega también un papel fundamental dentro de la comunicación. Concretamente, la abeja exploradora regresa a la colmena con olor a polen, lo que pone en alerta al resto de integrantes de la comunidad. Además, segrega una sustancia química llamada feromona de nasonov, la cual sirve de guía hasta las flores. No solo eso, sino que también ayuda a las abejas a encontrar el camino de vuelta a la colmena.
De hecho, técnicos de la Freie Universität de Berlín han logrado comunicarse con las abejas por medio de un robot que simula ser una de ellas. Este diminuto aparato, llamado Robobee, replica el baile de las abejas dentro de la colmena, además de segregar la feromona de nasonov e imitar su temperatura corporal. De esta manera han conseguido que varias abejas lleguen a la fuente de alimento deseada, probando que los los hallazgos de Von Frisch no iban nada desencaminados.
La comunicación por feromonas
Además de la feromona utilizada durante la danza de las abejas, estos insectos poseen otras maneras químicas de comunicarse entre sí. Especialmente importante es la feromona segregada por la abeja reina, pues es la encargada de inhibir el desarrollo de ovarios en las obreras. Esto la mantiene como la única en toda la colonia con capacidad de reproducirse, además de servir de llamada a los zánganos en pos de la fecundación.
No solo eso, sino que cuando una abeja se siente amenazada emite una feromona de defensa que pone en alerta al resto de sus compañeras. Es por ello que muchas veces saben cuando atacar de manera coordinada, pues sienten el miedo de las otras y se preparan para la defensa colectiva de la colmena.

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