Por qué es buena idea seguir visitando granjas escuela en familia
Estas instituciones llevan en España desde 1978, aunque ahora quizá estén más vigentes que nunca.

Zaragoza--Actualizado a
Apenas el 9,4% de la población vive en áreas rurales, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Algo llamativo, sobre todo si tenemos en cuenta que este ocupa el 84% del territorio español. Dos cifras que, puestas una al lado de la otra, nos hablan de la fuerte despoblación que existe en algunas zonas del país -fundamentalmente la denominada España vaciada, aunque no únicamente-. De hecho, si miramos a la Unión Europea, vemos cómo el 21% de la población vive en zonas rurales. El desajuste es sensible.
Pero yendo más al detalle, esta aglutinación en torno a los grandes núcleos urbanos hace que muchas personas no tengan contacto alguno con el medio rural. Y por extensión, tampoco con la naturaleza. El asfalto y el hormigón son el paisaje diario de mucha gente. Entre ellos muchos niños, claro. Algo que afecta directamente a su desarrollo personal, pues apenas conocen una única realidad de las muchas que existen dentro de la sociedad española.
Qué es una granja escuela
Una granja escuela es un centro educativo que adquiere la forma de explotación ganadera para que los visitantes -básicamente infantes, aunque no únicamente- aprendan el cuidado de los animales. Una enseñanza práctica, pues la idea es que los más pequeños de la casa participen en las tareas propias de la granja, siempre en la medida de sus posibilidades claro.
Es decir, se les anima a ordeñar una vaca, recoger los huevos de las gallinas o alimentar a los conejos, por poner solo unos ejemplos. No solo eso, además la mayoría de las granjas escuela también abarcan la agricultura, generalmente en forma de huerto. Lo que supone el primer contacto de muchos con el sector primario en líneas generales. Algo que puede ser más novedoso de lo que se cree en entornos urbanos, donde la comida se consume ya procesada y empaquetada desde el supermercado.
La primera granja escuela se fundó en España en 1978, un año crucial en la historia de nuestro país. Lo hizo además desde un punto de vista progresista, que basaba su modelo en la metodología de la antigua Institución Libre de Enseñanza, que abogaba por la educación activa y el contacto con la naturaleza. Una metodología que fue confrontada por el franquismo y que se trató de recuperar con este modelo. Pero, ¿tiene sentido en 2026?
Beneficios pedagógicos de la granja escuela
Por definición, la granja escuela potencia la enseñanza práctica y proactiva. Es decir, los niños aprenden mientras realizan las tareas, en lugar de recibir una aburrida lección dentro del aula. Está comprobado que este tipo de actividades estimulan la curiosidad y potencian la atención, por lo que el aprendizaje es más efectivo. Al fin y al cabo, no es lo mismo hablar de que la leche proviene de la vaca que verlo in situ, pudiendo incluso participar en el proceso.
Pero además, también ayuda a que los infantes se sensibilicen con los animales. Por norma general, los pequeños urbanitas no tienen la posibilidad de interactuar con un animal doméstico más allá de una posible mascota. Se sabe que la presencia de un ser vivo de cuatro patas en casa sirve para desarrollar la empatía o la responsabilidad, aunque se puede tender a pensar que todos los animales siguen las lógicas de un perro o un gato. Sin embargo, poder tocar, acariciar o alimentar a especies tan distintas entre sí como lo pueden ser los caballos, las gallinas o los cerdos también ayuda a abrir las fronteras mentales y, por ende, a entender que cada uno posee sus propias necesidades en orden de que tengan una vida cómoda y feliz.
Conexión con el mundo rural
Y hablamos de los animales porque, sin duda, es lo que siempre más llama la atención de una granja escuela, aunque es extensible a la naturaleza en sí misma. Nuevamente, el contacto con la naturaleza, y con el medio rural por extensión, es algo que quizá damos por sentado. Sin embargo, sobre el terreno, no está garantizado debido a la forma en la que se ha conformado la sociedad actual. De hecho lo habitual es el otro extremo, personas que solo conocen el día a día de los núcleos urbanos sin tener en cuenta las peculiaridades de aquellos que viven en zonas rurales o se dedican al sector primario.
La granja escuela sirve para conocer esa otra realidad, aunque sea temporalmente. También para evitar idealizaciones. Es importante para los niños, aunque para ellos lo más impactante y memorable siempre va a ser el contacto con los animales. Pero también para los adultos. No en vano, la visita a la granja escuela se puede hacer con el colegio, pero también en familia. De hecho, es un plan perfecto para hacer con los niños.
Plan familiar
Porque lo importante es entender que no se trata de un plan para acompañar a los niños, sino que se trata de una experiencia compartida. No en vano, el desconocimiento sobre el mundo rural y el sector primario está más extendido de lo que pudiera parecer. Pero, además, es una manera ideal de romper la dinámica tradicional para, por una vez, estar padres e hijos situados en un mismo plano, aprendiendo algo nuevo para ambos.
En resumidas cuentas, visitar una granja escuela en familia no busca despertar vocaciones agrarias ni idealizar una forma de vida concreta. Su valor reside en algo más sencillo y, a la vez, más profundo: ofrecer una experiencia compartida que amplía la mirada. Para los niños, supone descubrir de dónde vienen los alimentos, cómo se cuida a los animales y qué implica trabajar con la naturaleza. Para los adultos, es una oportunidad de reconectar con una realidad que también les es ajena y de acompañar desde el ejemplo, no desde el discurso. En un contexto cada vez más urbano, acelerado y desvinculado de los procesos naturales, la granja escuela sigue teniendo sentido porque no enseña solo contenidos, sino comprensión, respeto y memoria.

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