Cómo las mascotas benefician la salud emocional y social de los niños
No hay duda que una mascota puede marcar la infancia de muchos niños y condicionar su desarrollo posterior.

Zaragoza-
En todo hogar con niños pequeños tarde o temprano se gesta la misma discusión: el anhelo por añadir a la familia un nuevo integrante procedente del reino animal. Puede ser un perrito o un gatito, aunque también son habituales los pájaros, hámsters y tortugas. Es entonces cuando se ponen sobre la mesa los pros y los contras de abrir nuestra casa a un nuevo ser. Generalmente la conversación suele centrarse en temas logísticos o materiales. Con los niños se discute sobre las obligatoriedad de hacerse cargo de las necesidades del animal y quién se va a ocupar de ellas. Los adultos, por su parte, hablan sobre el dinero que cuesta tener una mascota.
Sin embargo, en muchas ocasiones se pasa por alto las implicaciones que la convivencia con un animal implica para el desarrollo personal del niño. Generalmente porque existen opiniones preconcebidas acerca del desarrollo del sentido de la responsabilidad y la empatía como valores positivos, o sobre la necesidad o no de enfrentarse a la inevitable pérdida a una edad temprana. Sin embargo, un estudio llevado a cabo en el marco del proyecto INMA (infancia y medio ambiente), coordinado por el CIBERESP (Consorcio Español para la Investigación Biomédica en Epidemiología y Salud Pública), y que busca estudiar el impacto de los factores ambientales en el desarrollo infantil, ha buscado aterrizarlo desde un punto de vista científico.
En qué consiste el estudio
En el estudio, publicado por la revista científica World Journal of Pediatrics, participaron 1.893 familias de València, Sabadell, Asturias y Gipuzkoa. Los investigadores analizaron la presencia de distintos tipos de mascota (perros, gatos, pájaros y "otros animales", como peces, roedores, tortugas o reptiles) en los hogares cuando los niños tenían 1 año y de nuevo cuando tenían 4 o 5 años. A los 7 u 8 años, evaluaron la salud emocional y conductual de los niños mediante el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ), un cuestionario ampliamente utilizado para detectar problemas emocionales (ansiedad, tristeza, somatización) y conductuales (impulsividad, hiperactividad, dificultades con compañeros).
Las conclusiones, si bien deben tomarse con cautela porque existen posibles condicionantes que el estudio no pudo medir, sí resultan interesantes y aportan matices importantes sobre el papel de las mascotas en la infancia.
Los efectos positivos durante la infancia
Los análisis revelaron que la tenencia continuada de "otros animales", como por ejemplo peces, tortugas o hámsters, se asocia con un efecto protector frente a problemas emocionales (depresión, ansiedad o bajo estado de ánimo). La explicación sería que este tipo de mascotas, al generar vínculos emocionales más débiles debido a su distancia filogenética respecto a los humanos, podrían favorecer una relación más estable, lo que potencia el bienestar psicológico de los niños.
En declaraciones recogidas por la Universidad de Valencia, la investigadora Ainara Andianera comentó que “incluir este tipo de animales en las rutinas diarias de los niños podría contribuir al desarrollo de responsabilidades en un entorno donde el afecto y la empatía se ponen en práctica”.
El curioso efecto de los gatos en la infancia
Por su parte, el estudio no detectó una asociación general significativa entre tener cualquier mascota (ni perros, ni pájaros) y una menor cantidad de problemas de salud mental a los 7 u 8 años. Sin embargo, un dato sí llamó la atención de los investigadores: los niños que tenían solo un gato cuando tenían entre 4 y 5 años presentaban algunos problemas emocionales o de conducta cuando llegaban a los 7 u 8.
No obstante, tal y como recalca el propio estudio, este hallazgo debe interpretarse con mucha prudencia. Los autores insisten en que este resultado no implica causalidad y que podría deberse a factores no medidos. Entre ellos, el tipo de relación que el niño tenía con el gato, si el animal murió y esto le generó tristeza o estrés, el entorno familiar o las diferencias en los estilos de crianza entre familias. También señalan que ciertos perfiles familiares podrían tener más probabilidades de optar por un gato, y que esas mismas características podrían influir simultáneamente en el desarrollo emocional del niño.
Por tanto, aunque el dato resulta llamativo, los propios investigadores advierten de que no debe extrapolarse de forma concluyente ni utilizarse como una recomendación a favor o en contra de tener gatos.
Otros estudios relevantes
Un análisis reciente, recopilado en la revisión A Systematic Review of the Positive Effects of Pets on Child Development (2025), ha reunido los principales estudios realizados en los últimos años sobre la relación entre las mascotas y el desarrollo infantil. La revisión concluye que, aunque los resultados no son uniformes, existe un patrón común: la convivencia con animales puede favorecer ciertos aspectos del bienestar emocional, la competencia social y el desarrollo cognitivo.
Eso sí, los autores subrayan que los efectos tienden a ser modestos y dependen mucho del contexto familiar, la edad del niño y el tipo de mascota. La revisión también destaca que la calidad metodológica de los estudios disponibles es muy variable, por lo que se necesitan de investigaciones más sólidas antes de sacar conclusiones definitivas.
No obstante, el conjunto de la evidencia apunta a que los animales pueden desempeñar un papel positivo en el desarrollo infantil, siempre que la relación se integre en un entorno familiar seguro, afectivo y con hábitos de cuidado bien establecidos.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.