Qué está pasando con las belugas en Canadá y por qué se quieren sacrificar masivamente
El parque temático Marineland ha dado el ultimátum: o el Gobierno canadiense se hace cargo de 30 belugas o les aplicarán la eutanasia.

Zaragoza-
Las belugas son criaturas fascinantes. Se trata de un mamífero cetáceo de gran tamaño, pues pueden alcanzar los 4,5 metros de longitud en su etapa adulta. Lo que no es óbice para que se muevan de manera grácil en el mar. Conocidas popularmente como ballenas blancas debido a su color, si por algo destacan estos gigantones es por su inteligencia. Cuentan con un gran cerebro tanto en tamaño como en complejidad, lo que les permite tener una memoria y capacidad de aprender muy por encima de la media animal.
Por ejemplo, su neocórtex, la parte involucrada en el pensamiento analítico, la autoconciencia, el razonamiento, la percepción y la comunicación, posee más pliegues, incluso, que el cerebro humano. Lo que indica una notable capacidad potencial para procesar información. Solo así se puede explicar, por ejemplo, su alambicado sistema de comunicación, que le permite interactuar con otras belugas a través de sonidos, expresiones faciales y gestos corporales.
Además, igual que sucede con los delfines, han logrado desarrollar un sistema de ecolocalización que les permite saber en todo momento tanto dónde se encuentran ellas, como los miembros de su familia. Algo imprescindible para la supervivencia bajo el hielo del ártico, donde la visibilidad es prácticamente nula. Por si fuese poco, las belugas son animales muy curiosos y sociales. Así lo demuestran en la mayoría de sus interacciones con los humanos, por ejemplo. ¿Quién podría querer sacrificar a estos simpáticos e interesantísimos animales?
Qué está pasando con las belugas en Canadá
La noticia provocó una gran conmoción internacional: el parque de atracciones Marineland, en Ontario, Canadá, anunció el pasado mes de octubre su intención de sacrificar a 30 ballenas beluga debido a su incapacidad para cubrir los costes de su mantenimiento. Previamente, en 2024, el recinto había cerrado sus puertas tras una tormenta de escándalos y procesos judiciales que habían afectado negativamente su reputación.
Entre los problemas legales que llevaron a su clausura se incluía la investigación del Servicio de Bienestar Animal canadiense por la muerte de varias ballenas beluga en los años anteriores. Según informó la agencia Canadian Press, unas 20 ballenas habrían fallecido desde 2019 (una orca asesina y 19 belugas), cinco de ellas en 2024. Una información que se sumaba a las denuncias por presunto maltrato animal realizadas por varios extrabajadores del parque, que detallaron las malas condiciones en las que vivían los animales.
El año 2019 es clave en toda esta historia, pues fue cuando el Gobierno canadiense aprobó la proposición de ley que prohibía mantener en cautividad a delfines, orcas y ballenas bajo multas de hasta 200.000 dólares canadienses. Aunque el texto incluía excepciones como la cláusula para los animales que ya se encontraban en cautividad, la ley impedía tanto la reproducción de aquellos que se encontraban en el parque como el que Marineland adquiriese nuevos animales. Algo que, en la práctica, extinguía su modelo de negocio en el medio plazo, ya que se trataba de uno de los pocos parques que poseía cetáceos en cautividad. No solo eso, sino que la legislación reflejaba un sentir cada vez más mayoritario en la sociedad, postulada en contra de las prácticas que una vez caracterizaron al parque. Las denuncias y sospechas sobre Marineland hicieron el resto.
El veto a China
Con las puertas cerradas y sin ingresos, desde Marineland trataron de dar una salida a sus animales para evitarse el gasto que implica su mantenimiento. Finalmente llegó a un acuerdo con el parque temático Chimelong Ocean Kingdom, situado en la ciudad china de Zhuhai. Sin embargo, el Gobierno canadiense no aprobó la exportación de los animales ya que las belugas no solo continuarán en cautiverio, sino que volverían a dedicarse al entretenimiento; algo que a su juicio contradice el espíritu de la ley aprobada.
Esta prohibición fue el detonante para que desde Marineland emitieran el ultimátum que ha escandalizado al mundo: o les dejaban enviar las belugas a China, o el Gobierno canadiense se hacía cargo de sus costes de mantenimiento. De lo contrario procederían a practicar la eutanasia a los 30 ejemplares que todavía residen en sus instalaciones.
Posibles alternativas para las belugas
Desde los grupos ecologistas canadienses proponen una alternativa: realojar al grupo de belugas en los santuarios de ballenas existentes en Nueva Escocia o Islandia. Sin embargo, también se trata de una operación muy compleja y costosa. El traslado a uno de estos santuarios requiere una evaluación individual de la salud de cada cetáceo, además de una logística que puede ser tremendamente cara de ejecutar. Los costes pueden ascender al millón de dólares y Marineland no está dispuesto a costearlo.
Aunque algunas voces han abogado por soltar a las ballenas en el mar, lo cierto es que esta opción no es tan sencilla como puede parecer en apariencia. Los animales que han pasado grandes temporadas en cautividad pueden tener graves problemas para adaptarse a un entorno salvaje, por lo que su supervivencia no está ni mucho menos asegurada.

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