Qué son y cómo funcionan las colonias felinas
Claves sobre su gestión, control y normativa en España y su impacto en la convivencia urbana.

Zaragoza-
La figura del gato callejero ha sido ampliamente utilizada por la cultura popular, generalmente para representar valores de taciturnidad, independencia o picaresca. Aunque algo de eso hay en la naturaleza, la realidad siempre suele ser más prosaica. Si bien son animales independientes, en un estado salvaje los gatos comunes tienden a agruparse en aquellas zonas donde hay comida. Allí establecen relaciones y, en última instancia, forman grupos de población. Son las llamadas colonias felinas.
Qué son las colonias felinas
Técnicamente, una colonia felina es un grupo de gatos comunes (de la especie Felius catus) que viven en un estado semi-salvaje de una manera estable y organizada. Ubicándose en aquellos lugares en los que tienen disponible comida, agua y refugio. Aunque son poblaciones ferales, su interacción con el entorno humano es habitual. De hecho, aunque son animales cazadores, una de sus principales fuentes de sustento suelen ser los desperdicios humanos, por lo que es habitual que se ordenen en torno a cubos de basura o vertederos.
Para ser considerada una colonia, el grupo debe contar con una población más o menos estable, aunque algunos miembros puedan ir y venir, así como con una organización jerárquica interna. Estas colonias felinas tienden a formarse en torno a uno o varios machos territoriales, que se encargan de marcar el territorio con su olor, y un conjunto de hembras que sí permanecen en el núcleo junto a los integrantes más jóvenes. La integración de nuevos adultos al grupo es algo raro.
Cómo se gestionan y cuál es la normativa
Una gata adulta puede tener de 12 a 15 cachorros en un año natural. Si bien no todos sobreviven, lo cierto es que su gran capacidad de reproducción pueden hacer que las colonias felinas se conviertan en un problema de salubridad. En España, la gestión de las colonias felinas recaen en los Ayuntamientos. Si bien el marco general queda supeditado a la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, conocida popularmente como Ley de Bienestar Animal. Y más concretamente a la Directriz Técnica de la Dirección General de los Derechos de los Animales sobre la gestión de las poblaciones felinas.
Esta recoge que la gestión de las colonias debe hacerse respetando su escasa o nula socialización con los humanos, así como el vínculo con el territorio en el que residen. La principal herramienta para controlar las colonias felinas es el llamado método CER, siglas de captura, esterilización y retorno. El mecanismo se explica por sí mismo: la idea es capturar a todos los miembros de una colonia establecida, marcarlos para poder llevar un censo correcto, esterilizarlos para que no se reproduzcan más, y devolverlos a su entorno. De esta manera se puede controlando la superpoblación, mejorar su salud y garantizar una convivencia armónica.
Además, otras medidas que se pueden llevar a cabo son para asegurar la higiene de la zona son: acciones de limpieza y mantenimiento de la colonia, establecer puntos de alimentación, iniciar un programa de bienestar y salud y la retirada para la adopción e integración en la sociedad de aquellos gatos susceptibles de ser adoptados. Según explica el propio Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, estos serán los cachorros nacidos en la colonia siempre y cuando sean mayores de cinco semanas, pues alejarlos de su madre previamente se considera contraproducente para ambos.
Cuáles son sus beneficios
El establecimiento de colonias felinas posee varios objetivos, entre ellos el garantizar el bienestar de los animales que forman parte de las mismas, sobre todo eliminando aquellos métodos más agresivos como lo eran el sacrificio en ocasiones con métodos que no respetaban su naturaleza como seres sintientes. Además, buscan mejorar la convivencia entre los animales y los seres humanos. No en vano, las colonias pueden generar varios conflictos vecinales a causa de los ruidos, la suciedad o los olores que de ellas se desprenden. Con un control de las mismas se logra minimizar todas estas molestias.
Al mismo tiempo que se protege la salud pública, claro. Como seres vivos que son, los gatos también son portadores de enfermedades. No solo eso, sino que una colonia sin cuidar puede generar un foco de suciedad que sirva como caldo de cultivo para bacterias, virus y hongos.
Cómo legalizar una colonia de gatos
Aunque no existe un trámite de legalización per se, las colonias de gatos se pueden reconocer oficialmente una vez que Ayuntamiento correspondiente es consciente de su existencia. Para ello, se debe dar un aviso al consistorio, el cual deberá incorporar la colonia a un registro municipal en el que se documenten datos como: el número de individuos, su localización, el estado sanitario de la misma o quienes son los responsables de la misma. Por ejemplo, en el Ayuntamiento de Madrid, posee un apartado específico dentro de la sección Trámites de su página web. La normativa aboga por llevar un censo lo más ajustado posible, aunque es consciente de la dificultad del mismo.
Un aspecto importante es la persona cuidadora de la colonia, que será la que se responsabilice de la misma. Es importante tener en cuenta que este concepto es variable según la tipología de municipio, así como otras cuestiones relevantes tales como la disponibilidad ciudadana o la existencia de asociaciones creadas al respecto. Por ello, los responsables de una colonia dependen íntegramente del municipio, aunque el voluntariado al respecto debe seguir las normativas estatales, autonómicas y locales en materia de voluntariado. Además, estas personas deben recibir la información necesaria por parte de la autoridad local.

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