¿Es verdad que los gatos son más independientes que los perros? Lo que dice la ciencia
Existe una imagen bastante estereotipada de los gatos, pero ¿de verdad son tan indiferentes con nosotros?

Zaragoza--Actualizado a
Perros y gatos son las dos especies domésticas más extendidas en los hogares españoles. Según la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), se calcula que en el país residen entre 9,3 y 10,1 millones de perros, mientras que el número de felinos oscila entre 5,8 y 6,4 millones. De hecho, es habitual que muchas personas sientan predilección por una u otra especie. No es raro ver a gente definirse como “de perros” o “de gatos”, en el sentido de que prefieren las características de uno u otro.
Debido a la compañía que aportan al ser humano, en ocasiones se les suele englobar en una misma categoría. Pero la realidad es que son especies distintas con necesidades diferentes y comportamientos que varían entre sí. También para con los humanos, por mucho que nos confíen algunos de sus cuidados más básicos. Entre ellos la comida, un refugio, una higiene básica o una atención veterinaria.
Es decir, ambas son especies dependientes. Sin embargo, en la cultura popular tenemos asimilado que los gatos son más independientes que los perros. ¿Es esto así?
Dependencia en necesidades físicas
Lo primero que hay que determinar es qué es la independencia en un animal de compañía. Si hablamos de las necesidades más físicas, no se puede negar que los perros delegan más que los gatos en nosotros. O lo que es lo mismo, en ese sentido, se puede afirmar que los gatos son más independientes que los perros. ¿Por qué? Básicamente porque los canes requieren de actividades como salir a hacer ejercicio de manera diaria o tareas de educación para que aprendan las normas del hogar y así hacer más cómoda la convivencia.
En ese sentido, los gatos son animales más autosuficientes. Por ejemplo, realizan sus necesidades fisiológicas en un arenero y son menos maleables desde un punto de vista conductual. Ojo, lo que no quiere decir que no se les pueda educar. Está demostrado que los mininos pueden aprender mediante el refuerzo positivo acciones como acostumbrarse a viajar en un trasportín, cooperar durante el aseo o, incluso, acudir a una llamada por su nombre. Sin embargo, tareas complejas como pueden ser las que desarrollan los animales de trabajo no son enseñables a un gato.
No obstante, cuando hablamos de dependencia, en realidad solemos referirnos a la dependencia emocional. O dicho de manera muy coloquial: ¿es verdad que los gatos pasan de nosotros? En la mente colectiva está incrustada la creencia de que el perro ofrece al ser humano un cariño incondicional, mientras que el gato es un ser interesado. Una imagen injusta tanto en cuanto a que codifican en términos humanos comportamientos animales. Pero, ¿qué dice la ciencia?
¿Es el gato más independiente que el perro?
Resumiéndolo mucho, la ciencia respalda la creencia popular de que los gatos son más independientes en el plano emocional respecto a los humanos que los perros. No obstante, es importante matizarlo para no caer en el error de la caricaturización del animal. A este respecto, el estudio más citado es la investigación Domestic cats do not show signs of secure attachment to their owners, de 2015, ya que propuso una medición objetiva y comparable para medir el apego que un animal muestra respecto a los humanos.
Los resultados del test arrojaron que los gatos no muestran un cambio de conducta significativo independientemente de si están acompañados por su dueño o por un extraño. Es decir, ni buscaban consistentemente a su dueño para lograr un confort, ni exploraban más con su dueño presente que junto a un extraño, ni mostraron una angustia claramente diferenciada cuando su dueño se iba de la sala. Tres supuestos que sí ocurren cuando es un perro el que se somete a la prueba. Por ello, se puede afirmar con evidencia científica que los perros posee una mayor dependencia emocional y social de las personas.
Ojo, y esto es importante, el estudio no niega en ningún momento que se formen lazos afectivos entre un gato y una persona. De hecho, la creencia popular en la comunidad científica es que la relación entre personas y gatos sí es social y afectiva, solo que se expresa en unos parámetros diferentes a la que sucede entre perros y humanos. Quizá, por ello, hay gente que se declara “más de perros que de gatos”, o viceversa. Pues tampoco todas las personas tienen las mismas necesidades afectivas, o buscan las mismas cosas cuando deciden compartir su vida con un amigo de cuatro patas.
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