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Alberto Jiménez dice que el teatro es una vida concentrada que nace y muere cada noche

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El actor Alberto Jiménez piensa que el teatro es una "vida concentrada" que nace y muere en la escena cada noche, una experiencia vital en la que los actores y espectadores comparten sentimientos y realizan un "acto de comunicación sagrado".

Jiménez, un reconocido actor que ha grabado más de 40 películas, saltó a las fama tras conseguir 4 Goyas por su interpretación en la película "El Bola", de Achero Mañas.

Estos días protagoniza la obra "Medea", en el papel de Jasón, junto a Blanca Portillo, dentro de la LV edición del Festival de Mérida y, en declaraciones a Efe, valora el "acto comunicativo" que se crea en cada función, un acto que define como un "viaje esporádico" entre personas que comparten espacio, pueden tocarse y pueden llegar a sentir su olor.

Se trata, en su opinión, de uno de los actos comunicativos "más sagrados", por encima del sistema de comunicación mediático del siglo XXI, en el que los espectadores no participan y se convierten en meros receptores pasivos.

Por el contrario, a su juicio, el teatro sólo dispone de una o dos horas para convencer al espectador, frente al bombardeo continuado de mensajes que se reciben a diario mediante toda clase de soportes.

Jiménez, un hombre temperamental y enamorado de su profesión, confiesa sentirse "muy honrado" por actuar en las ruinas del Teatro Romano de Mérida, un lugar "mágico" donde debutó como actor profesional en 1990 con una versión de "Calígula" del director José Tamayo, y al que no había regresado desde entonces.

Reconoce, entre sonrisas, sentir una "profunda emoción" en cada uno de los ensayos que ha realizado con "Medea" bajo la dirección del esloveno Tomaz Pandur, que ha creado un "magnífico" proceso evolutivo que estalla en cada representación teatral.

Para el actor, también es un "placer" trabajar con un texto de Eurípides, un virtuoso poeta que escribió escenas y diálogos que siguen gozando de plena actualidad.

Los conflictos esenciales que movilizan y torturan al ser humano siguen siendo los mismos 2.500 años más tarde y los clásicos hablan de la esencia del ser humano, de sus luces y sus sombras, señala Jiménez.

De su personaje Jasón, valora la capacidad de dejarse llevar por sus sueños para ser feliz, un ejemplo de vida que defiende en su vida cotidiana siempre y cuando no se haga daño a las personas que le rodean.

Por el contrario, declara no ser capaz de comprender la figura de Medea, a la que acude cuando desea conocer "qué es lo que no se debe hacer".

Según dice, "no existe justificación posible" para dejarse llevar por la venganza y matar a sus hijos, aunque Jasón la abandone para casarse en segundas nupcias con Glauce, la hija del rey Creonte de Corinto.

El actor espera seguir trabajando en el futuro en más proyectos teatrales aunque, según dice, su "acentuada superstición" le impide adelantar detalles.

Por Jesús Conde Duque.