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El bombardeo sobre la deuda europea no llegó del frente enemigo

El miedo a tener que incluir en sus balances el riesgo de mercado de los bonos estatales ha espantado a las entidades financieras del mercado 

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En el fragor de la batalla es difícil discernir de dónde caen las bombas. Por eso, durante toda la semana pasada, cuando las primas de riesgo de los países europeos, ya sin distinción de periferia y centro, subían sin parar hasta los niveles más altos de la era del euro, se estuvo hablando de un ataque contra los cimientos de la moneda única.

El banco de inversiones JPMorgan había aconsejado a sus clientes apostar con seguros de impago (los conocidos como CDS) a que la deuda española caía más que la italiana. Morgan Stanley sugería vender euros en el mercado de divisas. 'Se han jugado esas estrategias bastante, pero dentro de que se ha movido muy poco dinero esta semana. Incluso los hedge funds (fondos de alto riesgo) estuvieron poco activos', aseguran fuentes del mercado de deuda.

Fitch amenaza con rebajar a la banca de EEUU por su exposición a Europa

Tras analizar la metralla desplegada, los expertos consideran que hay algo más que munición disparada por los grandes bancos de inversión o los temidos hedge funds. 'Gran parte de las ventas masivas de bonos las hicieron los bancos creadores de mercado para acudir en mejores condiciones a las subastas de deuda que se celebraron a lo largo de la semana', explica Joaquín Casasús, responsable de estrategia global de Abante Asesores.

La semana pasada fue intensa en emisiones de deuda pública europea. Italia, Alemania, Francia y España en dos ocasiones salieron al mercado en busca de financiación. Y todos, Alemania incluida, tuvieron dificultades para alcanzar los objetivos previstos. Sólo la locomotora europea pudo esquivar una escandalosa subida de los tipos de interés, que en el caso de los bonos a 10 años emitidos por España el jueves se disparó hasta el 7,08%, el nivel más alto desde 1997.

La razón es que los inversores internacionales huyen de la deuda europea como de la pólvora. Este activo comenzó a ser maldito tras la decisión de la Autoridad Bancaria Europea de hacer una foto a los bancos valorando estos activos a su precio de mercado. Hasta entonces, los títulos de deuda pública figuraban en los balances de la banca en el cajón de los activos seguros, sin problemas, sin tener que necesitar capital para contrarrestar algún riesgo.

El único comprador de deuda pública es el Banco Central Europeo

La crisis de Grecia y el contagio al resto de países europeos y, sobre todo, la decisión de que para salvar la economía helena se tiene que practicar un descuento del 50% a los poseedores de bonos ha descolocado a todos. 'Esto es como un cambio de reglas a mitad de un partido. Nadie sabe cómo va a terminar. Así que por si acaso todo el mundo está alineando sus defensas', asegura Casasús.

En otras palabras, ante la duda de que las autoridades regulatorias les obliguen a contabilizar esos bonos como riesgo, las entidades financieras se están deshaciendo de ellos lo más rápido que pueden. Así, Deutsche Bank, BNP, Barclays y Citi han insistido en sus últimas presentaciones de resultados en destacar el volumen de deuda pública europea del que se habían desprendido.

Esas ventas han sido mucho más agresivas en EEUU, desde que dos entidades financieras: MF Global y Jeffreys se hundieran por su exposición a la deuda europea. Para colmo, la agencia de calificación de riesgos Fitch lanzó una advertencia a los bancos estadounidenses el miércoles al advertirles que podría bajarles la calificación por su exposición a esos activos. 'El impacto de esta recomendación fue muy alto en el mercado. Todo el que pudo vendió', explica un operador de renta fija. No fue fácil, sólo el Banco Central Europeo está dispuesto a comprar.

El problema se agrava cuando, como sucedió esta semana, los países emiten deuda en el mercado primario. El BCE no puede comprar y son los llamados bancos colocadores (aquellos que tienen un acuerdo especial con los bancos centrales, normalmente las principales entidades financieras de cada país y del mundo) los que por ley están obligados a quedarse con una parte de las emisiones lanzadas por el Estado para asegurarse la liquidez. En el caso de España, hay 22 entidades que, al menos, deben comprar el 3% cada una. 'Para acudir a esta obligación, ineludible, sin dañar en exceso su posición financiera, lo que han hecho los bancos ha sido vender deuda que ya tenían en cartera y compensar lo que iban a tener que adquirir en las subastas', explica Javier Flores, analista de Asinver. Es decir, que fueron los mismos bancos españoles los que con sus ventas presionaron la subida de la prima de riesgo hasta máximos históricos, en previsión de lo que luego ocurrió. 'Se tuvieron que quedar con más del 66% de la emisión de bonos a 10 años del Tesoro español', asegura Flores.

Pero que nadie se llame a engaño, aquí de altruismo hay poco. 'A cambio de esas compras también se llevan una comisión', explican los expertos. Eso sin olvidar el suculento negocio que supone pedir prestado el dinero en la barra libre del BCE por poco más de un 1% y comprar con ese dinero unos activos por los que recibirán más de un 7%.

El problema es que este juego, a priori ganador, se está convirtiendo en una bomba de relojería. La presión vendedora dispara las primas de riesgo y cuando estas pasan el nivel de los 450 puntos, las cámaras de compensación, como LCH Clearnet, cambian sus requisitos y exigen más garantías. Es decir, o se ponen más bonos para cubrir el riesgo, o se rebaja el riesgo. Los inversores, según se vio cuando Clearnet hizo esto con Italia, optaron por la venta masiva de bonos; lo que a su vez disparó aún más la prima de riesgo y nuevamente obligó a vender más bonos porque valían menos generando un grave círculo vicioso.

Sólo el BCE consiguió pararlo con compras algo más masivas y esporádicas, pero, a juicio de la mayoría de los expertos, todavía insuficientes. 'Sólo si se definen unas reglas claras y contundentes podremos solucionar esto', advierte Casasús.