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Una exposición en Londres muestra conexiones entre surrealismo y arquitectura

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Con copias de los relojes derretidos o de las jirafas en llamas de Dalí en cualquier ciudad del mundo o los hombres con sombrero hongo de Magritte utilizados para decorar todo tipo de objetos, resulta hoy difícil hacer una exposición interesante en torno al surrealismo.

La galería de arte del centro Barbican lo ha logrado plenamente, sin embargo, con la titulada "The Surreal House" - hasta el 12 de septiembre-, que intenta explorar "el misterio de la casa en la imaginación colectiva".

La exposición busca asimismo establecer el papel de la arquitectura en la imaginación surrealista y a la inversa, indagar cómo el surrealismo ha influido a su vez en la arquitectura.

En principio, arquitectura y surrealismo parecen antagónicos: la primera, sobre todo después de Le Corbusier, tiene que ver sobre todo con la función; el segundo es una cuestión de fantasía. La arquitectura existe en el mundo real y el surrealismo es la puerta de entrada en el de los sueños.

A pesar de esa aparente incompatibilidad hay muchos puntos de contactos entre ambos, y así los surrealistas se inspiraron en las extrañas construcciones de Piranesi, un predecesor de M.C. Escher, y admiraron a Gaudí o al cartero francés Ferdinand Cheval, que invirtió 33 años de su vida en construir su "palacio ideal".

El pope del surrealismo, André Breton, se imaginaba la casa como un laberinto que refleja la estructura del inconsciente mientras que otros han visto en ella el escenario de todo tipo de sueños.

Con ayuda del bufete de arquitectos Carmody Groarke, la Barbican ha convertido su galería en una especie de casa laberíntica con cada una de sus salas dedicadas a un tema concreto.

Nada más entrar en la exposición, el visitante se topa con la conocida obra de Marcel Duchamp firmada por su alter ego Rrose Sélavy "Fresh Widow", réplica de una típica ventana francesa con los cristales de un negro reluciente, y que juega con las palabras inglesas "window" (ventana) y "widow" (viuda).

Como contraste aparece a su lado una minúscula casa que Donald Roney elaboró en una cama de hospital con la propia piel extraída en algunas de las múltiples operaciones a que fue sometido, diminuta construcción que se sostiene con papel celo y un simple alfiler.

En la sala siguiente Sigmund Freud, sorprende el "Baño Negro", con apariencia de sarcófago, de la escultora británica Rachel Whitehead, junto a un dibujo, casi fotográfico, de dos fragmentos de la puerta de la casa de Viena donde vivió el fundador del psicoanálisis.

Poco más adelante, el sillón de Freud, del museo homónimo de Londres, colocado sobre un pedestal de madera, parece la escultura de un animal totémico.

De Georges Malkine se exhiben varias de las imágenes de casas fantásticas que, a modo de retratos metafóricos, dedicó a los artistas por él admirados, entre ellos Lewis Carroll, el creador de Alicia, André Breton o el poeta francés Guillaume Apollinaire.

Hay también grabados de Nicolas de Larmessin (1640-1725), una especie de protosurrealista, que representa a distintas figuras con vestidos grotescos formados por los útiles de sus particulares oficios, un poco como los rostros que pintó Arcimboldo con frutas y hortalizas.

La artista alemana Rebecca Horn ha colgado del techo un gran piano con las patas arriba y provisto de un mecanismo que cada pocos minutos hace que el instrumento entre en acción al abrirse de pronto la caja y dispararse hacia fuera el teclado, todo ello con un estruendo cacofónico.

Hay por supuesto cuadros emblemáticos, venidos de museos de todo el mundo, de las grandes figuras del surrealismo, como Dalí, Magritte, Max Ernst o Giacometti, así como creaciones de protosurrealistas como El Bosco pero también de otros muchos artistas del siglo XX: Francis Bacon, Edward Hoipper, Edward Kienholz, Gordon Matta-Clark, el matrimonio ruso Kabakov o la recientemente fallecida Louise Bourgeois.

Varias salas están dedicadas al diálogo entre piezas surrealistas y el arte y la arquitectura contemporáneas con obras como la titulada "Sueño" (1937), de Dalí, que inspiró al arquitecto Rem Koolhaas su casa de Villa dall' Alva".

Asimismo se exhiben películas de autores que van desde Buster Keaton o Jean Cocteau hasta Tarkovsky ("El Sacrificio"), pasando por Godard, del que se proyecta una escena de "Le Mépris", situada en la casa con forma de sarcófago que se hizo construir sobre un acantilado de Capri el escritor Curzio Malaparte.

Joaquín Rábago