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El G-20 pacta in extremis una tregua en la guerra de divisas

Los países más desarrollados ceden poder a los emergentes en el FMI en una reforma "histórica"

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El G-20 descubrió ayer los beneficios de cambiar el palo por la zanahoria. Después de semanas de veladas amenazas contra China para intentar frenar las devaluaciones artificiales de sus monedas, ha sido la cesión de una mayor cuota de poder en el FMI lo que ha llevado a los emergentes a abandonar el uso de sus monedas como armas para ganar competitividad.

En un inesperado giro de los acontecimientos, los ministros de Finanzas de los países del G-20, reunidos en Gyenongju, (Corea del Sur) lograron pactar un comunicado final en el que sus miembros (entre los que se encuentra como invitado España) se comprometen a 'abstenerse de hacer devaluaciones competitivas de sus divisas'. En el mismo párrafo de este texto final, pactado in extremis en la jornada del viernes fuentes próximas a la negociación indicaban que la reunión estaba abocada al fracaso, las 20 mayores economías del mundo dicen que actuarán para que sus políticas cambiarias estén determinadas por 'el mercado' y que 'reflejen los fundamentos de su economía'. Esta es la principal petición que los banqueros centrales de los países desarrollados habían hecho a China en diversas ocasiones. El gigante asiático ha atado en corto su moneda, el yuan, para que no se aprecie y lograr así que sus exportaciones sean más competitivas. Como respuesta, el resto de las economías emergentes que luchan por exportar barato, como Brasil o India, han contenido el precio de sus monedas.

El foro dice que se 'abstendrá' de usar sus monedas para competir

A cambio de esta tregua o incipiente proceso de paz, las economías más desarrolladas acordaron ayer ceder poder a los países emergentes en el Foro Económico Internacional (FMI). Este punto llevaba coleando en la agenda del FMI un par de años y no había una previsión de que fuera a cerrarse durante este fin de semana. Europa accedió a dar dos de sus 24 asientos a estos países y transferir un 6% extra de sus votos, por encima de la última propuesta. Esta operación convierte a China en el tercer país más poderoso del FMI, pero también le obliga a ser más 'corresponsable' en la gobernanza económica global, como le recordaron sus contrapartes occidentales.

El director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, calificó esta reforma de 'histórica' ya que, en su opinión, 'pone fin a un debate de décadas sobre la legitimidad del Fondo'. Además, el G-20 ha pedido al FMI que sea el 'vigilante' de los miembros del foro.

El principal perjudicado por el uso interesado de las divisas, o al menos el que más ha protestado, ha sido EEUU, ya que el dólar sirve como referencia internacional para medir el valor de otras monedas. El billete verde se ha encarecido frente a las divisas emergentes, mermando su capacidad exportadora. Pero las quejas de EEUU también han tenido su contestación, ya que los emergentes le acusan de crear burbujas inflacionistas en Latinoamérica al inundar el mercado de dinero que se escapa a otros países, en especial Brasil, para buscar más rentabilidad gracias a los altos tipos de interés.

China pasa a ser el tercer país con más poder en el mapa económico

La situación llegó a tal punto que Brasil decidió, hace un par de semanas, subir las tasas a las inversiones extranjeras para enfriar el calentamiento de su economía. Este malestar ha llevado a que su ministro de Finanzas, Guido Mantega, el mismo que acuñó el término 'guerra de divisas', haya preferido no asistir este fin de semana a la reunión ministerial.

Con este panorama de creciente disensión internacional, el secretario de Estado del Tesoro, Timothy Geithner, decidió dar un golpe encima de la mesa y llegó a Gyeongju con una propuesta inusitada: pactar un déficit y un superávit en la balanza por cuenta corriente (que incluye el saldo comercial y también el flujo de inversiones) de cada país. Geithner pretendía que para 2015 ninguno de estos 20 grandes países tuviera más de un 4% de déficit o superávit en la balanza de pagos, de forma que la economía internacional volviera a un relativo punto de equilibrio. Paradójicamente, en la cumbre de Bretton Woods, en 1944, fue Reino Unido quién propuso esta medida que rechazaron los estadounidenses.

Las principales potencias exportadoras como China, pero también Japón o Alemania, desestimaron el viernes esta idea. EEUU pretendía que las grandes economías impulsaran el consumo interno. De la misma forma, países como España deberían mejorar su capacidad exportadora.

Precisamente, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, presente en el foro, aseguró que España terminará el año con un déficit corriente 'un poco por encima del 4%' cuando el FMI augura un 5,2%'y por debajo el año próximo'.

El 11 y 12 de noviembre, el G-20 volverá a reunirse en Corea, en una cumbre de jefes de Estado, que intentará fortalecer más la coordinación económica global.