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"Mezclamos acrílico y pánico en el escenario"

El artista Liniers dibuja la música de Kevin Johansen en un concierto-performance

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Lo del músico argentino-estadounidense Kevin Johansen (Alaska, 1964) y del dibujante Liniers (Buenos Aires, 1973) es una historia de admiración mutua. 'Tuve que hacer una historieta en Página 12 sobre la música de Kevin y me hice fan. Ese nombre nibelungo me llevó a cachondearme de él... Seguro que en realidad se llamaba Jorge Pérez', dice Liniers. Johansen está sentado a su lado y se ríe, como si se estuviera viendo en una tira cómica de su compañero. E interviene: 'Lo invité a un concierto, porque yo era fan suyo antes que él mío'.

Desde esos comienzos, Liniers el dibujante y Johansen el músico empezaron a forjar la idea de un concierto-performance que derivó en el espectáculo que hoy presentan en la Sala Apolo de Barcelona, el miércoles en Murcia y los días 12 y 13 en Madrid. Uno canta y el otro dibuja.

'Este espectáculo es un desafío a los cansautores', dice el músico

Johansen y Liniers aún recuerdan cuando se conocieron por primera vez. 'Me imaginaba a un vikingo, con una caja torácica brutal, de metro noventa. ¡Y me encontré al Piojo López!', lanza el dibujante. De repente, uno se da cuenta de que Johansen podría ser el hermano del futbolista argentino. 'Siempre me han confundido con él', admite el músico, pero enseguida matiza: 'El Piojo ha dicho que ahora a él que ya está mayor para el fútbol lo empiezan a confundir conmigo'.

Los registros de Johansen son muy amplios: rock, pop, tango, cumbia... ¿Cómo se pinta eso sobre un escenario? 'Es una técnica mixta de acrílico y pánico', reconoce Liniers. 'Es algo así como fast painting, ¿no? A mí me vino bárbaro, porque no soporto a los músicos', añade Johansen. Hay algo de broma, porque la banda The Nada acompaña a Kevin desde su primer disco, The Nada, publicado en 2000. Luego vinieron Sur o no Sur (2002), City Zen (2005) y Logo (2007)

'Cuesta más mentir con el humor que con la solemnidad', asegura Liniers

El concierto ofrece pinceladas de cada disco. Y, con un particular sentido del humor 'un estado de ánimo, pero en formato de canción', dice el músico, dan rienda suelta a unas ideas que comparten: denuncia, crítica, burla, ironía. Todo con el filtro del humor. 'Lo interesante es que en el trasfondo siempre hay una observación', reflexiona Johansen. 'El humor requiere algo de verdad, en lo que el oyente/lector se sienta identificado', apunta el dibujante. 'Es más difícil mentir con el humor que con la solemnidad. Pregúntele a los políticos', prosigue.

Huyen, con evidente éxito, del aburrimiento. Johansen lo tiene claro: 'El cantante uruguayo Rubén Rada me advierte: ¡No te conviertas en cansautor! Pues lo que representamos aquí es precisamente un desafío a los cansautores'.

Es difícil cansar a la concurrencia con unas letras inteligentes que llegan a todo aquel que tenga un mínimo de interés por los temas. Temas plurales: desde críticas descaradas, como la de McGuevaras o CheDonalds, o Logo, hasta canciones de amor. 'Siempre está el trasfondo social, es inevitable', insiste el músico.

Liniers y Kevin Johansen reconocen influencias ineludibles. 'Miles Davis decía que las suyas eran Sinatra y Orson Welles... Las mías trascienden el mundo del cómic: Quino, Fontanarrosa, y también los Monthy Pyton, Woody Allen, y Bob Dylan, y Les Luthiers...', enumera el dibujante argentino. 'Yo he mamado desde Atahualpa Yupanqui hasta Joan Baez, pero ya ves, hasta un antihéroe como el Piojo López me ha influido', concluye.