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The Prodigy muestra sus mil caras en Chile

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La banda inglesa de música electrónica The Prodigy mostró ayer en Chile sus mil caras musicales con un ruidoso espectáculo donde mezclaron ritmos rave y techno con pinceladas de rock y punk.

Pocos días antes de la actuación en la capital chilena, el histriónico Keith Flint, uno de los vocalistas del grupo, avisó que "nada de lo que hayan oído antes los dejará tan sordos", y, a la vista de lo ocurrido, no estaba muy equivocado.

Fue un espectáculo breve -una hora y cuarto- pero intenso, durante el cual las más de 3.000 personas que acudieron al teatro Caupolicán se hartaron de bailar y saltar con las melodías y los redobles de tambor de los ingleses.

El público estaba compuesto por gente de entre 25 y 40 años, muchos de ellos con camisetas negras y, en medio del bullicio, alguna que otra cresta de un grupito de punks.

Después de que un DJ local calentara a los espectadores con una buena sesión de música electrónica, empezó el espectáculo con el tema "World's on fire", incluido en su último álbum "Invaders must die", editado este 2009 tras un parón de cinco años.

Keith Flint y Maxim, los dos vocalistas, brincaban febrilmente mientras el batería aporreaba los platos y los tambores y un guitarrista pellizcaba con ímpetu las cuerdas de su instrumento.

Atrás, entre varias pantallas de ordenador, teclados y una mesa de mezclas y platos para pinchar, estaba Liam Howlett, fundador de la banda.

La fiesta arrancó con ritmos rave, género del cual tienen el honor de ser pioneros, y que pegó muy fuerte en la escena británica a principios de los noventa.

Los artistas andaban descontrolados, hiperactivos e incapaces de cesar de saltar, acompañados constantemente por los fanáticos que copaban la zona de la cancha del teatro.

Sonaron entonces "Poison", editada en 1995, y "Spitfire", del álbum "Always Outnumbered, Never Outgunned", grabado en 2005, con lo que el escenario varió hacia ritmos teñidos de punk y de rock.

La contundencia de sus genes electrónicos regresó con "Firestarter" y con su canción más conocida, "Smack my bitch up", que desató la locura entre el público, sofocado por el calor del recinto y los agitados movimientos.

Tras una hora de acción incombustible, los británicos amagaron con finalizar el concierto, pero rápidamente regresaron al escenario lanzando agua al público para seguir cantando.

No fue mucho más, un cuarto de hora que dio para tres canciones, una de ellas "Take me to the hospital", una de las destacadas de su último trabajo.

En su tercera visita a Chile, The Prodigy no decepcionó a sus fieles seguidores, en un país donde aún existe poco tirón por la música electrónica.

El próximo concierto los llevará el 30 de octubre a Buenos Aires. Que se preparen los argentinos porque el ruido está asegurado.