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La Universidad del sábado noche

Más allá de Río de Janeiro, Venecia o Tenerife, en estas fechas todos se preparan para el Carnaval. En Cayena, la capital de la Guayana Francesa, llevan ya un mes de fiesta.

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La Guayana Francesa es un lugar peculiar. Es parte integrante de la Unión Europea, como las islas Canarias o las Azores, y el euro es la moneda de curso legal, pero gran parte de su territorio es la selva tropical. Para muchos es sólo el lugar desde donde la Agencia Espacial Europea lanza sus misiones. Tal vez alguien recuerde las aventuras de Papillon, que fueron llevadas al cine en 1973 con Steve McQueen y Dustin Hoffman, que se desarrollaban en estas tierras.

Situada entre Brasil y Surinam, es una curiosa mezcla de Francia y la América ecuatorial, a la que no le faltan toques africanos y asiáticos. La capital, Cayena -que da nombre a la picante pimienta roja- es un puñado de calles tiradas a cordel que parecen llevarte sin querer a la place des Palmistes, la plaza central poblada de grandes palmeras, verdaderos monumentos vegetales. Fort Cépérou, el Musée des Cultures Guyanaises y los mercados son algunas de las etapas de un recorrido por esta sorprendente capital departamental francesa.

Salvo que sea la noche de cualquier fin de semana de enero o febrero, cuando el destino preferido por todos, locales o visitantes, es la Universidad. Con este nombre se conocen los locales -que sólo funcionan en estas ocasiones- donde se organizan los bailes de Carnaval. Hay varios: Chez Nana en Cayena y Chez Polina y Chez Kalinana en la cercana Matoury, todos con un ambiente caldeado por las mejores bandas musicales de la Guayana, verdaderas maestras de la mazurka, el biguine y la rumba. Hasta aquí, música y fiesta como en muchos lugares del mundo.

Entonces aparecen en escena los touloulous, los personajes propios del carnaval guayanés. Los touloulous son mujeres disfrazadas a las que es imposible identificar. Para ello no hablan, o lo hacen en falsete. Ellas sacan a bailar a los hombres y, protegidas por el anonimato, pasan a la acción. El ambiente se va calentando a medida que transcurre el baile, aumenta la temperatura y con los mimbres de la música, el ron y el anonimato los touloulous tejen el cesto que quieren. A los hombres sólo les queda dejarse llevar, ser corteses -está estrictamente prohibido intentar desenmascarar a las damas- y pagar las copas.

La tradición sugiere que las mujeres creen sus propios trajes, que deben cambiar de semana en semana y de año en año. En la Universidad, si una mujer que no va disfrazada sale a la pista, la música se detiene. Por otra parte, nadie puede estar seguro de que todos los touloulous sean mujeres. Y los hombres siempre tendrán la duda de quién sería esa persona que le abrazaba tan apasionadamente al bailar ¿una completa desconocida, la vecina, la jefa?

El Carnaval culmina con los desfiles del lunes y el martes. Más de cincuenta grupos toman las calles a la caída de la tarde. En ellos hay personajes tradicionales, como las cortadoras de caña, los cabezudos, los zombi baréyo (los zombis de las leyendas criollas), los nèg marrons (que representan a los esclavos), los vidangeurs (personajes que se originaron durante la época del penal), los jé farin, los bobis, el Bef Volo Bef y tantos otros. El lunes se celebran los matrimonios burlescos, que tienen la peculiaridad de que los hombres van disfrazados de mujeres y viceversa. El martes, los diablos toman las calles, y el color rojo es el dueño de Cayena. Queda la apoteosis final, con orquestas montadas en camiones que van reagrupando a los últimos que han desfilado. Y después llorar la muerte del Carnaval.



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