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"Añoro el tiempo que pasé sola en la selva"

Un documental retrata a la veterana primatóloga Jane Goodall

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Jane Goodall (Londres, 1934) siempre ha apuntado alto. Su temprano enamoramiento de Tarzán forjó su sueñode niñez: descubrir por sí misma los secretos de África. 'Era un momento difícil. Acababa de terminar la Segunda GuerraMundial. Y yo tenía el sexo equivocado. Todo el mundo se reía de mí, claro', explicó ayer. A más de uno se le atragantaría la carcajada cuando Goodall se convirtió en la primatóloga más conocida del mundo tras descubrir en el Parque Nacional de Gombe, en Tanzania, que los chimpancés no sólo utilizan herramientas, sino que las fabrican. Ahora en realidad desde hace 25 años su sueño es otro. Y no tiene previsto rendirse. En sus propias palabras, algo mesiánicas: 'Me retiraré cuando el mundo se haya salvado'.

Goodall acudió ayer al Festival de Cine Europeo de Sevilla a presentar El viaje de Jane, un documental del director Lorenzo Knauer que muestra el día a día de la primatóloga, consagrado a divulgar por todo el mundo mensajes conservacionistas desde su fundación. La científica se presentó portando un chimpancé de peluche, Mr. H, del que dijo que 'ha viajado por más de cien países y al que han tocado cuatro millones de personas', lo que da idea de un frenesí que deja al ex vicepresidente Al Gore en mero ecologista de salón.

La popular científica vive dedicada a divulgar mensajes conservacionistas

'Me preocupa el alarmante crecimiento de la población mundial, que lleva parejo un enorme deterioro del planeta por el aumento de la pobreza y obliga a la población a destruir su propio ecosistema para sobrevivir. Hemos robado el futuro de los niños', dijo como síntesis de su mensaje.

Goodall confesó que la emoción que pone en su defensa de los animales le valió al inicio de su carrera, incluso, el descrédito frente a otros colegas científicos, que desconfiaban además de su tardía formación universitaria. 'Me decían que lo hacía todo mal porque hablaba de la personalidad de los chimpancés o les ponía nombre. No lo entendían. Ellos les ponían sólo números', cuenta. Luego suelta una pullita, porque hasta las heroínas irreprochables tienen su punto de vanidad: 'Los que me criticaban, eso sí, eran sobre todo los que no salían nunca de los laboratorios. Yo al final llevé adelante mis ideas'.

Goodall siente nostalgia de sus tiempos de quieta observadora de los chimpancés. 'Añoro el tiempo que pasé sola en la selva'. ¿Pasaba miedo? 'No, no creo que estar allí fuera un acto de valentía. Bueno, un leopardo me da miedo, pero más miedo me dan algunas ciudades'.