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Se busca nuevo Jobs

El fundador de Apple será difícil de reemplazar por su carisma y su olfato tecnológico, estético y comercial. Ahora existen pocos ‘innovadores de garaje'

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“Estaba valorado en más de un millón de dólares cuando tenía 23 años, en torno a diez millones de dólares cuando tenía 24, y sobre cien millones cuando tenía 25, y nunca fue importante porque nunca lo hice por dinero”. El espíritu de esta frase, que Steve Jobs pronunció en el documental El Triunfo de los nerds (1996) es una de las trabas principales a las que deben enfrentarse aquellos que sueñan en convertirse en su sucesor. Silicon Valley, el centro neurálgico californiano de empresas tecnológicas, busca nuevo rey, alguien carismático, visionario y creativo que pueda tomar el relevo de Jobs, que murió el pasado jueves a los 56 años. Muchos de los candidatos son personas de éxito que han construido su imperio a partir de una idea brillante y, sin embargo, parece que no hay nadie que pueda atraer a las masas como él lo hacía.

El creador de Facebook, los fundadores de Google o el propietario de Amazon son los primeros nombres que aparecen en todas las quinielas. Pese a ser creativos y tener talento para los negocios, cada uno de ellos tiene un defecto o una virtud que le aparta de la carrera. Unos son demasiado pragmáticos, otros carecen del magnetismo necesario y todos consideran que tienen mucho que perder ante una verdadera innovación.

Pero hay un lugar de búsqueda de talentos adicional, aquellos creadores que conciben nuevas ideas en garajes y universidades de todo el mundo. Jobs no terminó la universidad ni fue a una escuela de negocios. Incumpliendo además estos principios, no parece difícil a priori que surja un nuevo genio que sustituya a Jobs. Falso. Estudiantes y creadores no lo tienen nada fácil. David Cuartielles es un ingeniero español fundador de Arduino, estandarte del hardware libre. En su análisis para encontrar un heredero de Jobs, reconoce que se trata de una ardua tarea. “En algún momento pensé que la gente de Bambuser [para la transmisión de vídeos en directo], y en concreto su fundador, Mans Adler, tenían posibilidades. También Polar Rose [compañía sueca de reconocimiento facial en imágenes].

El problema es que estas empresas no parecen tener continuidad por sí mismas y buscan venderse a mejores inversores”, apunta Cuartielles para referirse a las dificultades de convertir hoy en día una idea innovadora en un negocio millonario. Polar Rose, de hecho, fue adquirido por Apple el año pasado. Compra-venta de empresas Este camino de la creación no rentable a corto plazo cuyo producto es adquirido por una de las grandes de Silicon Valley es una de las prácticas que Jobs nunca practicó y que, sin embargo, su empresa sí ha puesto en marcha con otros. “Hay momentos tan ásperos que mucha gente renuncia. No los culpo. Consumen tu vida”, reconoció Jobs en algún momento.

Él lo sabía bien: los enfrentamientos personales y profesionales con una de las personas a las que contrató para Apple, John Sculley, le llevaron a tener que abandonar su propia empresa. Jobs regresó como un héroe con dos proyectos exitosos bajo el brazo once años después y habiendo convertido en millonarias empresas creadas desde cero. La responsabilidad de convertirse en el nuevo Jobs no es sólo de los creadores. Las grandes compañías tampoco se lo ponen fácil. Ellas saben que el próximo Jobs podría estar en cualquier rincón del mundo trabajando sobre un nuevo proyecto y empresas como Google o la propia Apple, conscientes de que ahí es donde reside su verdadera competencia, compran con cifras millonarias productos ya creados e incorporan a los genios a sus plantillas. Todos ganan, porque unas adquieren productos innovadores y otros dan viabilidad a sus proyectos al calor de una empresa que les protege. Jobs no trabajó nunca para otros en su vida adulta.

“Ahora mismo hay pocas empresas donde haya gente dedicada a la creación de un producto, y sí proliferan las empresas a la caza de múltiples productos creando catalogos o ecosistemas de producto y servicios”, describe Cuartielles. Pese a que alguno de ellos consiga convulsionar la industria de la forma en la que lo hiciera Jobs, aún resta por lograr el carisma de este. Y eso es algo que también se escapa por el momento incluso a los fundadores de las compañías de mayor éxito en la red. Zuckerberg, que incluso cuenta con película propia (la popular La red social), empezó a practicar en el evento que realizó hace unas semanas en San Francisco. Al contrario que Jobs, en el que incluso sus detractores admiraban su capacidad de seducción en un escenario, los expertos coinciden en que Zuckerberg aún tiene que trabajar su magnetismo.