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Caza furtiva al calor de la paella

El parany, una práctica ilegal, pervive en Castellón con gran aceptación social

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Existe un lugar en España en el que se practica la caza furtiva con la misma tranquilidad y en el mismo espacio con la que se hace la paella de los domingos. Se trata de la provincia de Castellón, donde cazadores, ecologistas y administraciones mantienen desde hace una década un conflicto a cuenta del parany, una modalidad tan tradicional como prohibida de cazar pájaros. Su práctica es ilegal desde el año 2002, pero es difícil topar con alguien en la provincia que no conozca a un paranyer en activo. Las estructuras que se usan para ello son, además, fácilmente visibles desde multitud de carreteras comarcales.

Esta variedad cinegética consiste en moldear varios árboles mediante su poda para conseguir que formen una suerte de recinto cerrado. En las ramas se colocan varillas impregnadas de pegamento. Se atrae a los pájaros mediante grabaciones que imitan sus cantos. Estos quedan impregnados de cola y caen al suelo, donde el cazador los remata con la mano.

Tres sentencias judiciales afirman que es un tipo de caza no selectivo

Tres tribunales el Superior de Justicia valenciano, el Supremo y el de la Unión Europea han declarado ilegal el parany. El principal argumento que esgrimen es que es un tipo de caza no selectivo, en el que, además de las aves que los cazadores buscan los zorzales mueren otros muchos pájaros, entre ellos animales protegidos de especies migratorias. Debido a esta característica, viola la directiva europea relativa a la conservación de las aves silvestres, así como a las leyes españolas que se derivan de ella.

La Asociación de Paranyers (Apaval) afirma que hay en torno a 1.500 paranys construidos, aunque asegura que prácticamente nadie los usa para cazar desde que es ilegal hacerlo. Una afirmación con la que los grupos ecologistas están en radical desacuerdo.

Estos colectivos luchan desde hace 15 años para erradicar la práctica del parany. Han ganado, de momento, la batalla de los tribunales. Pero, afirman, no consiguen que las sentencias judiciales se conviertan en realidad ya que cada otoño mueren entre uno y tres millones de aves migratorias enredadas en el parany. Por eso, a la pelea jurídica han sumado una campaña pedagógica para concienciar a la población de los perjuicios que este tipo de caza provoca.

Los ecologistas acusan a las autoridades de pasividad

Su última acción de denuncia tuvo lugar el pasado lunes, cuando varios activistas del Comité contra la Matanza de Aves Silvestres acudieron a Castellón invitados por el grupo ecologista provincial Gecen. Después de recorrer la provincia durante dos días, se mostraron asombrados. Según Andrea Rutigliano, coordinador de las actividades contra el furtivismo de la asociación, 'en ningún lugar se practica la caza furtiva de una forma tan numerosa y evidente'.

Francisco González, de Gecen, denunció además la pasividad de las autoridades. La Guardia Civil, dijo, sanciona al 1% de los cazadores, y la Generalitat a entre el 3% y el 4%. Además de las comparecencias públicas, los ecologistas mantienen varias herramientas de denuncia. La más llamativa es 'parany maps', una aplicación informática en la que se señala la ubicación de cada parany.

Ecología versus tradición

Los partidarios del parany afirman que las capturas son selectivas, ya que es posible librar al pájaro de pegamento y devolverlo a la naturaleza. Miguel Ángel Bayurri, presidente de la asociación de paranyers Apaval, recuerda que las sentencias judiciales se basan en la inexistencia de estudios científicos que avalen este carácter selectivo del parany. Por ello, desde 2004 la asociación realiza un estudio anual con tres paranys experimentales. Afirman que han comprobado que pájaros liberados y anillados durante una temporada vuelven al parany al año siguiente, lo que muestra que no sufren daño alguno.

Los cazadores y la Generalitat defienden su carácter tradicional  Basándose en estos estudios, la Generalitat Valenciana intenta desde hace años abrir una vía legal para autorizar el parany. Su último intento fue en 2009, con una modificación de su ley autonómica de caza. Sin embargo, el Gobierno la recurrió y consiguió que el Tribunal Constitucional la paralizara cautelarmente.

Además de sus argumentos legales, los partidarios del parany enarbolan su carácter tradicional y su raigambre en la sociedad castellonense. En torno a estos árboles se reúnen las familias de los cazadores a pasar el fin de semana. Según concluye Bayurri, 'los que nos dedicamos a esto lo hemos aprendido de los abuelos y los padres, esto es algo que se mama'.