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Los cinco tsunamis ibéricos

Varios equipos de geólogos realizan un catálogo de las olas gigantes que impactaron en la Península en los últimos 7.000 años

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El 1 de noviembre de 1755, el suelo de Lisboa se estremeció. Frente al cabo de San Vicente, en el Algarve portugués, la placa tectónica africana chocó con la euroasiática a lo largo de la zona de fractura de Azores-Gibraltar provocando un violentísimo terremoto. Tras el temblor, una masa de agua ahogó la ciudad.

Este es el último gran tsunami que afectó a la Península Ibérica del que se posee información. Desde hace 7.000 años, sin embargo, han existido al menos otros cuatro tsunamis en la zona del golfo de Cádiz, según revela un estudio desarrollado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) junto con científicos de diversas universidades españolas. Los investigadores han elaborado un catálogo en el que se recogen las olas gigantes que impactaron el suroeste de la Península desde el Holoceno (hace unos 11.000 años). El inventario, que se ha publicado en la revista Quaternary International, forma parte del proyecto europeo Nearest cuyo objetivo es identificar las fuentes de seísmos y tsunamis y establecer un sistema de alerta para ambos fenómenos en el Atlántico europeo.

Uno de los eventos fue cercano a un terremoto sucedido en la época romana

Javier Lario, profesor titular de Geología de la Uned, coordinó el estudio. Con sus compañeros, trabaja en la búsqueda de evidencias geológicas que confirmen el impacto de tsunamis. El lugar más estudiado ha sido el litoral de Cádiz, por su alta actividad sísmica. La investigación concluye que, aparte del tsunami de Lisboa, hubo al menos otros cuatro distribuidos entre 7.000 y 6.800 años atrás, 5.500 y 5.000, 3.900 y 3.600 y entre 2.200 y 2.000 años.

La última de estas fechas es cercana a la de un conocido terremoto que sucedió en la época romana en el golfo de Cádiz, entre los años año 40 y 60 de nuestra era. Baelo Claudia, una antigua ciudad romana situada a 12 kilómetros de Tarifa, fue afectada por ese terremoto. Los seísmos del poblado han sido estudiados por el equipo de Pablo Silva, de la Universidad de Salamanca. Miguel Ángel Rodríguez, investigador del Instituto Geológico y Minero de España y colaborador puntual del equipo de Silva, cuenta que aunque se sabe con seguridad que hubo un terremoto, no pueden confirmar que hubiera inundación, porque 'la ciudad se repobló más tarde y sus tierras no están intactas'.

Los expertos analizan el tipo de sedimento y los restos de fauna

El equipo de geólogos quería reconstruir el pasado geológico y para ello escudriñó la costa gaditana, hallando variaciones en los sedimentos e impactos en el litoral lo suficientemente grandes como para concluir que fueron causados por un fenómeno de oleaje extremo, como un tsunami. El investigador explica que para saber si ha habido movimiento del lecho marino, miran si hay sedimentos 'atípicos en la costa', su morfología y si hay restos de fauna 'típicos de las áreas marinas'.

El mayor problema, según explica Lario, reside en conseguir diferenciar si el fenómeno que ha provocado el gran oleaje es un tsunami o una tormenta. Para asociarlo a lo primero, deben dar con los impactos y con sedimentos 'atípicos' que afecten a gran parte de la costa. 'Si encontramos este patrón repetido en distintas zonas es posible que sea un tsunami, pues el impacto suele ser mayor que el de una tormenta', cuenta Lario.

Los resultados del equipo de Lario se contrastaron con los obtenidos por el equipo de Eulàlia Gràcia, investigadora de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. El grupo de Gràcia trabaja en el suroeste ibérico, buscando unos sedimentos submarinos llamados turbiditas 'formados principalmente por arenas que viajan centenares de kilómetros', explica la geóloga. Las turbiditas del golfo gaditano han viajado, en su mayoría, por sacudidas de terremotos. Al datarlas se observó una correlación con las fechas en que ocurrieron grandes terremotos, así como con las de los tsunamis.

La coincidencia de datos entre Gràcia y Lario da solidez a sus estudios. La recurrencia para el suceso de terremotos y tsunamis se ha establecido entre los 1.200 y los 1.800 años. Pero el estudio del pasado no siempre predice el futuro. De hecho, Lario destaca que 'no significa que en los próximos 1.500 años haya uno. Los resultados que tenemos son números, estadísticas'.