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Cuatro maneras de evaluar cómo funciona la mente

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Ante una cuestión difícil, pensar en la red

A 46 estudiantes de Harvard se les sometió a dos bloques de 16 preguntas, unas fáciles y otras difíciles. Tras las respuestas, a cada grupo se le sometió a una versión modificada de la prueba de Stroop. Esta tarea mide el tiempo de reacción ante una tarea provocada por la interferencia semántica entre una palabra y su significado. Por ejemplo, cuando se pregunta en qué color (en este caso negro) está escrita la palabra blanco. En este experimento se mostró en colores diferentes términos relacionados con la tecnología, como Google, Yahoo o ratón, junto a otros no relacionados con internet. Los investigadores comprobaron que los estudiantes tardaban más en decir el color de las primeras palabras que el de las segundas, lo que indicaría que estaban pensando en buscar las respuestas del test difícil en la red. “Parece que cuando nos enfrentamos a un vacío en nuestro conocimiento, tendemos a acudir al ordenador para corregir la situación”, escriben los investigadores.

El segundo experimento contó con la participación de 60 estudiantes. Les presentaron 40 sencillos enunciados del tipo “El transbordador espacial ‘Columbia’ se desintegró durante la reentrada sobre Texas en febrero de 2003” que tuvieron que escribir en el ordenador. Los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos. Mientras a unos les dijeron que la máquina grabaría lo que habían escrito, al resto les dijeron que la información sería borrada. Para complicar la prueba, pidieron a la mitad de cada grupo que memorizaran lo que habían escrito. Después, solicitaron a los 40 que escribieran los enunciados que recordaban. Aquellos que pensaban que la información no se había grabado fueron capaces de recordar más detalles de los enunciados que los que creían que sí se había hecho una copia. “Desde que los motores de búsqueda están a nuestra disposición, sentimos que no necesitamos codificar la información internamente. Cuando la necesitamos, la vamos a buscar”, concluyen.

A 28 estudiantes, esta vez de la Universidad de Columbia, les presentaron 30 enunciados sencillos y se les permitió tomar notas sobre ellos en el ordenador. También se les avisó de que, mientras que un tercio de las frases se guardarían en el equipo, otras aparecerían con un mensaje de que serían guardadas en una determinada carpeta mientras que el tercio restante serían borradas. Después se les volvieron a pasar las 30 frases pero con alguna palabra cambiada y se les preguntó si cada una mostraba lo que habían visto en el primer test. Aunque la capacidad de recuerdo de los enunciados fue alta en todos, recordaron mejor los enunciados que no se iban a conservar. Más sorprendente aún: las frases que sabían que habían sido guardadas se recordaban mejor. “La creencia de que uno no tendrá acceso a la información en el futuro mejora la memoria de su contenido, pero saber que fue guardada refuerza la idea de que se puede recuperar”, dice el estudio.

En una variación del tercer experimento, en el último de los test que se realizaron, 34 alumnos de la Universidad de Columbia leyeron otros 30 enunciados, pudiendo tomar notas que guardarían en determinadas carpetas del ordenador. Después se les dio diez minutos para escribir a mano tantas frases como recordaran. Por último, se les fue preguntando dónde habían guardado cada enunciado. Al comparar esto con lo que habían anotado, los investigadores comprobaron que los participantes recordaban mejor dónde estaban los enunciados que el contenido de los mismos. “Esta es una de las primeras evidencias de que cuando las personas esperan que la información permanecerá accesible de forma continua (por ejemplo, gracias a tener un acceso a internet ), son más propensas a recordar dónde se encuentra [la información] que a recordar los detalles de la información”, dicen.