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El dengue llama a la puerta

Los expertos descartan que la malaria pueda resurgir en la Península, pero no así otras dolencias

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Por mucho que les pese a los llamados negacionistas del cambio climático, entre los que figura el ex presidente José María Aznar, existe un amplio consenso científico sobre la realidad del cambio climático. No obstante, los expertos no terminan de ponerse de acuerdo acerca de los efectos concretos que tendrá este fenómeno sobre la salud humana en cada área geográfica. Más allá de los fallecimientos vinculados a las olas de calor, las inundaciones o la contaminación, las enfermedades infecciosas transmitidas por vectores, como la malaria, el dengue o la fiebre amarilla, y las zoonosis, que se transmiten de animales vertebrados al hombre, llegarán a zonas donde actualmente las condiciones climáticas impiden su desarrollo porque se facilitará su transmisión.

Sin embargo, tal como pusieron de manifiesto la semana pasada varios expertos convocados en la Real Academia de Medicina de Madrid por el Instituto Novartis, la llegada de estas enfermedades reemergentes a los países industrializados, debido al cambio climático, no será tan dura como aseguran algunos, y dependerá en todo caso de las condiciones de cada área geográfica. Según el jefe de la Unidad de Sanidad Ambiental de la Comunidad Valenciana, José Vicente Martí, 'ubicar en el tiempo y el lugar cómo va a afectar el cambio climático a la salud es complejo y tampoco se puede predecir, por eso hay que hacer detección de los vectores que transmiten estas patologías cuanto antes porque no podemos esperar a detectar las enfermedades; hay que anticiparse'.

'Una de las mentiras sobre el cambio climático es que va a ser terrible y nos van a reinvadir todas las enfermedades emergentes habidas y por haber', explica por su parte el director del Institut Català de Ciències del Clima, Xavier Rodó, que cree que 'no es verdad el mensaje de que van a llegar la malaria o el cólera'. 'No estamos en Bangladesh; nuestro sistema sanitario es potente y las condiciones no se pueden extrapolar', agrega.

En el caso de la malaria, erradicada en España a mediados del siglo pasado, Rodó no cree que deba ser un motivo importante de preocupación porque 'es fácilmente tratable en una zona como la nuestra', donde se pueden realizar actuaciones sobre los humedales donde vive el mosquito que transmite la enfermedad, del género Anopheles. Además, es necesaria una relación estrecha entre los mosquitos y las personas para que se propague la enfermedad, lo que es 'extraordinariamente difícil' que se dé en Europa.

Otra cosa es lo que puede ocurrir con el dengue y la fiebre amarilla, enfermedades que presentan un mayor riesgo para los países desarrollados como España porque, en este caso, el mosquito que sirve de vector, del género Aedes, puede vivir también en núcleos urbanos y es mucho más difícil de controlar.

Al mismo tiempo, el cambio climático puede conllevar otra amenaza para los países industrializados: el auge de las patologías zoonóticas, el grupo de enfermedades que, como la brucelosis, la leishmaniasis o la rabia, son transmitidas a los humanos por animales vertebrados como los roedores, cuyas poblaciones pueden aumentar exponencialmente por el calentamiento. 'Las zoonóticas, que son las grandes olvidadas, representan un peligro muy importante a nivel continental porque es muy difícil incidir en los huéspedes intermedios, que son extraordinariamente difíciles de tratar', advierte Rodó. En cualquier caso, resulta evidente, según este científico, que faltan datos y estudios, por lo que los gobiernos deben destinar más recursos a investigar esta problemática.

Ese será precisamente uno de los objetivos del Observatorio de Cambio Climático y Salud, una iniciativa que prepara el Gobierno para conocer el impacto del calentamiento global en la salud y anticiparse a sus consecuencias. Según indicó el subdirector general de Sanidad Ambiental del Ministerio, Fernando Carreras, se está trabajando en los últimos detalles legales para llevar el proyecto al Consejo de Ministros, que aprobará la puesta en marcha del Observatorio de forma 'inminente'. Entre otras cuestiones, el Observatorio abordará las posibles consecuencias de la estacionalidad y la movilidad geográfica de determinadas patologías, sobre todo de aquellas asociadas a vectores.