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EEUU aprende del 'Prestige' para estudiar el vertido de BP

El Gobierno de Obama lanza el mayor estudio realizado hasta el momento sobre los efectos del crudo en la salud de los operarios, y utiliza como referente el trabajo científico hecho en España con los marineros que recogieron el chapapote

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El golfo de México mira hacia la Costa da Morte porque España es, por desgracia, referente mundial en chapapote. Y los trabajos científicos que se realizaron entre los afectados por la catástrofe del Prestige se han convertido en una pauta que EEUU quiere seguir en sus propios estudios sobre el vertido de BP. Esta semana, el Gobierno de Barack Obama ha lanzado un macroestudio, el mayor que se ha realizado hasta el momento, para analizar la salud de los habitantes de la zona afectada por los casi cinco millones de barriles de crudo que se vertieron al mar tras la explosión de la plataforma Deepwater Horizon. Un proyecto científico que examinará a más de 50.000 personas, con la mirada puesta en lo que sucedió en España en 2001.

'Hemos estado examinando los resultados del vertido del Prestige para guiar nuestros esfuerzos', asegura la jefa del proyecto Gulf Study, Dale Sandler . La investigadora, de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU (NIH, por sus siglas en inglés), se refiere a un estudio del grupo de trabajo SEPAR Prestige que mostró por primera vez efectos a largo plazo sobre la salud respiratoria y alteraciones en el ADN de los trabajadores que se expusieron a los compuestos volátiles del petróleo, y que implican un mayor riesgo de desarrollar un cáncer.

El estudio español detectó alteraciones genéticas en los marineros

En concreto, la responsable del estudio en el golfo de México orientará su proyecto hacia la búsqueda de muestras de 'posibles evidencias de genotoxicidad, siguiendo los hallazgos del vertido del Prestige'. La genotoxicidad de la que habla Sandler, detectada en los marineros españoles, se produce cuando un agente externo como inhalaciones químicas provoca daños en los cromosomas, afectando a la información genética contenida en el ADN.

El contacto en España de los investigadores del Gulf Study es Jan-Paul Zock, responsable junto a Gema Rodríguez-Trigo del estudio español que les servirá como modelo. La colaboración científica es fluida a estas alturas, a través de ideas y experiencias compartidas por correo electrónico, y el grupo de Sandler y el equipo español tienen previsto encontrarse en septiembre para 'poner en común el trabajo', según explica Zock.

Este investigador del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de Barcelona (CREAL), que todavía sigue trabajando sobre los efectos del Prestige en la población afectada, cree que es 'difícil' adelantar si los habitantes de EEUU habrán sufrido daños tan agudos y tan a largo plazo como los demostrados en España. 'No me atrevo a asegurar nada, pero es probable que los efectos en la salud de los trabajadores del golfo no hayan sido tan graves como los del Prestige', explica. A su entender, los operarios que limpiaron el vertido de BP no estuvieron tan expuestos como los del chapapote español.

«Es probable que los efectos en el golfo no hayan sido tan graves»

Primero, porque lo que allí se vertió al mar era crudo, y no un compuesto refinado como el que propagó el Prestige. Además, Zock supone que el impacto 'tuvo que ser menor en el golfo' porque llegaba a la superficie tras ascender cuatro kilómetros desde las profundidades marinas, mientras que en la costa cantábrica golpeó directamente. El ambientólogo cree que cada vertido acarrea variables impredecibles, pero tiene la 'sensación de que aquí los marineros improvisaron mucho más y estuvieron muy expuestos a compuestos volátiles'.

El estudio que acaba de arrancar en EEUU, por las gigantescas proporciones del proyecto, llegará mucho más lejos de lo que lo hicieron los estudios sobre el Prestige. Cuenta con 19 millones de dólares de financiación, de los que seis parten de una donación de diez millones que hizo la petrolera BP al NIH para que estudiara los efectos del vertido en la población. Aunque se usará el dinero donado por BP, la petrolera es completamente ajena a la investigación y sus resultados, recuerdan desde el Gulf Study.

Durante dos años se analizará el estado de 55.000 trabajadores

El abogado de los damnificados, Stuart Smith, lamenta que este esfuerzo por investigar el estado de los trabajadores 'es escaso y tardío. Había estudios previos que fueron ignorados por las autoridades', denuncia a través de un correo electrónico. Zock coincide en que estos trabajos científicos tienen que 'servir para que se establezcan protocolos internacionales para concienciar y proteger a los voluntarios en próximas catástrofes'.

En esta fase del trabajo científico se pretende entrevistar a 100.000 personas, dos tercios de los trabajadores que se calcula que participaron en las tareas de reparación de la catástrofe. Esta semana ha comenzado la campaña de difusión del proyecto, con un carteo masivo a todos aquellos que cogieron una pala y un rastrillo para hacer frente al crudo.

De las entrevistas saldrán los 55.000 individuos que serán analizados concienzudamente para observar toda clase de daños en su salud: desde el funcionamiento de sus pulmones hasta depresiones y ansiedad, pasando por daños en sus genes, aumento de las tasas de cáncer y condiciones de su piel.

La recopilación de los datos llevará al equipo científico dos años, tras los cuales se procederá a su estudio detallado, un proceso que llevará 'aún más tiempo', según Sandler. Eso sí, la responsable del proyecto anuncia que ofrecerán algunas conclusiones cuando hayan reunido la mitad de los datos.

'Son muy ambiciosos. Con esa muestra serán capaces de detectar efectos mucho más pequeños y muchas más enfermedades', asegura Zock, quien espera poder tener acceso en el futuro a tan jugosa fuente documental. Para su estudio, Zock y Rodríguez-Trigo contaron con 600 marineros.

La investigadora de la Universidad de A Coruña Blanca Laffon, que firmó otro trabajo sobre los daños genéticos sufridos por los recogedores de chapapote, también puso su granito de arena en el Gulf Study. Su aportación llegó a través de los seminarios previos al lanzamiento del proyecto, en el que se definieron los derroteros por los que circularía la investigación.

Psicología: Ansiedad y depresión

Un grupo de investigadores estadounidenses publicó recientemente un trabajo en la revista ‘Enviromental Health' en el que asegura que los ciudadanos de Florida y Alabama están sufriendo efectos psicológicos, además de físicos, tras el vertido de BP. Entre los síntomas observados, los científicos diagnosticaron altas tasas de depresión y ansiedad, y no sólo en los ciudadanos afectados directamente por el incidente.

Niños: peligros físicos y morales

El pediatra John S. Murray ha publicado un informe en la revista ‘Pediatric Nursing' alertando sobre la vulnerabilidad de los niños ante tragedias como esta. Según el experto, los niños están menos preparados psicológicamente para comprender accidentes que afectan a su entorno y, desde el punto de vista físico, suelen respirar más rápido que los adultos, por lo que pueden llegar a inhalar mayor número de toxinas.

Especies: delfines y cangrejos

Un total de 28 delfines han sido encontrados muertos este año en la zona del golfo, según denuncia Greenpeace. Los ecologistas aseguran que las muertes se deben al vertido y, aunque las autoridades no lo han confirmado, sí han asegurado que el número de muertes es excepcionalmente alto. También se han documentado descensos inusuales en las poblaciones de gambas y cangrejos.

Plancton: los efectos que no se ven

Un estudio del Instituto Harte de la Universidad A&M de Texas alerta de los efectos del vertido en el plancton, alimento de larvas e invertebrados, 'que aún son desconocidos y puede que nunca se conozcan'.