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La nueva era de la exploración espacial

El Instituto Tecnológico de Massachusetts llama a aumentar las inversiones e investigaciones de EEUU en el espacio

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En 2004, el presidente de EEUU, George Bush, anunció su “visión espacial” para regresar a la Luna y llegar por primera vez a Marte con una misión tripulada.

Aquel plan llegó en un momento de crisis para el programa espacial tripulado estadounidense. Un año antes, el accidente del Columbia había provocado la suspensión del programa de transbordadores, y era necesario un nuevo impulso.

Sin embargo, después de presentar su “visión”, Bush nunca volvió a hablar de ella y ni su Administración ni el Congreso aprobaron los incrementos presupuestarios necesarios para acercarla a la realidad.

El nuevo presidente, Barack Obama, traerá cambios a la NASA (por el momento es casi seguro que sustituirá a su director, Michael Griffin) y por eso arrecian las opiniones de los expertos sobre la dirección que deberá seguir la principal potencia espacial del mundo.

Uno de los puntos de vista más relevantes es el publicado recientemente por el grupo de investigación Espacio, Política y Sociedad del Massachusetts Instute of Technology (MIT). En este informe, titulado El Futuro del Vuelo Espacial Tripulado, se afirma que en los próximos meses “la nueva Administración tomará las decisiones más importantes respecto al vuelo espacial tripulado de EEUU en una generación”.

En tiempos de crisis, el grupo del MIT se pregunta por qué debería un país mantener un esfuerzo importante para seguir enviando astronautas al espacio.

Pese a que la institución estadounidense habla del “umbral de una nueva era”, el sustento ideológico que ofrece a Obama para seguir inyectando dólares en la empresa espacial no difiere demasiado del que impulsó a Kennedy en los 60 para meter a su país en la costosa carrera hacia la Luna.

Junto a la exploración, los expertos hablan del orgullo nacional y el liderazgo internacional como objetivos que “solo pueden alcanzarse a través de la presencia física de humanos en el espacio”. En 1962, Kennedy aseguraba: “Ninguna nación que espere ser el líder de otras naciones puede esperar mantenerse atrasada en la carrera por el espacio”.

Los autores del informe recomiendan, no obstante, que no vuelva a repetirse el modelo de carrera espacial que enfrentó a EEUU contra la URSS durante la Guerra Fría y, en una afirmación que no casa con los tópicos del espíritu americano animan a que “Estados Unidos aproveche el orgullo y el prestigio de los vuelos espaciales tripulados para realzar su liderazgo y promover la cooperación más que para alentar la competencia”.

En este sentido, creen que el liderazgo del país, al contrario de lo que las actuales políticas determinan, no solo debería definirse con el leitmotiv “los primeros, los más grandes y al mando”.

También debería tratar de construir nuevas formas de colaboración. Entre ellas, el MIT recomienda que cambie la actual política frente a China, con la que EEUU ha tratado de aislar en el ámbito espacial al país asiático. “Continuar con esta política podría alimentar la percepción pública en los dos países de que existe otra carrera por llegar a la luna, creando así presiones políticas sobre el programa espacial estadounidense y proporcionando a China, posiblemente, un prestigio adicional, poder blando e influencia geopolítica por competir en una carrera que EEUU ganó hace cuarenta años”, afirma el informe.

Por el contrario, un programa de colaboración, aseguran desde el MIT, animaría a una apertura del programa espacial chino y desactivaría los incentivos para lanzar un programa espacial secreto.

No han faltado los críticos con el informe. El fundador de SkyCorp, Dennis Wingo, ha lamentado la ausencia en el documento de otros incentivos en la empresa espacial como es la explotación de los recursos ultraterrenos. En pocas semanas, Obama decidirá si el orgullo nacional aún puede propulsar la conquista de las estrellas o si será necesario agregar al combustible una chispa de codicia.

Retirada del sistema de transbordadores a partir de 2010

Una de las cuestiones a las que se enfrentará la nueva Administración estadounidense será la retirada de los transbordadores a partir de 2010. El actual director de la NASA tenía previsto sustituirlos por el programa ‘Constellation’, un sistema que recupera muchas de las características de las cápsulas ‘Apollo’, a partir de 2015. Las críticas a este programa, plagado de contratiempos, han sido numerosas y se ha llegado a plantear descartarlo y comenzar a desarrollar uno nuevo. Además, ha habido propuestas para que los shuttle sigan volando hasta que se cuente con un nuevo sistema de transporte espacial.

Los expertos del MIT discrepan. Frente a quienes alertan del peligro de una ausencia de medio de acceso al espacio propio para EEUU, ellos recuerdan que el país ha mantenido su liderazgo en paréntesis similares de hasta seis años, como el que se produjo antes del primer vuelo de los shuttle en 1981. Sobre el mantenimiento de los transbordadores, el informe indica que entorpecería el desarrollo de una nueva generación de transporte de astronautas que “promete renovar el orgullo estadounidense en el programa espacial y apoyar el objetivo primario del liderazgo en la exploración espacial con humanos por parte de EEUU”.

Alargar la vida de la Estación Espacial hasta 2020

La visión de Bush indicaba que EEUU se retiraría de la Estación Espacial Internacional en 2016. En opinión de los expertos del MIT utilizar el laboratorio orbital durante solo seis años tras completar su construcción no permitiría desarrollar experimentos durante el tiempo suficiente para aportar datos significativos que facilitasen la exploración humana posterior. Para conseguir información que facilitase la creación de colonias en la Luna y los viajes de larga duración que permitiesen llegar a Marte, EEUU debería trabajar con el resto de socios en la estación con el fin de posibilitar economicamente alargar su vida útil hasta 2020.

Una financiación realista para evitar desgracias

Los ambiciosos planes espaciales de Bush no fueron correspondidos por una financiación igualmente ambiciosa. La NASA sigue una política que consiste en alcanzar sus objetivos por medio de pequeños incrementos de presupuesto durante un largo periodo y lanzar las misiones cuando los fondos estén disponibles (y restrasándolas si no llegan) en lugar de planificar grandes incrementos por adelantado. Un informe del Consejo Nacional de Investigación de 2006 afirmaba que “a la NASA se le está pidiendo lograr mucho con demasiado poco”. El grupo de investigación creado para analizar el accidente del ‘Columbia’ de 2003 apuntó a este planteamiento como una de las principales causas de la muerte de los astronautas. El MIT llama a investigar qué problemas podría estar causando esta mentalidad en el diseño del programa ‘Constellation’ y apela al Congreso y la Casa Blanca para que reduzcan la presión del “demasiado con demasiado poco” asegurando que los recursos que se le proporcionan a la NASA se ajustan a lo que se espera de la agencia.

Regreso a la Luna y primer viaje a Marte

En la presentación de su visión en 2004, George Bush anunció planes para que la NASA regresase a la Luna en 2020. No especificó, sin embargo, durante cuánto tiempo permanecerían allí. La ambigüedad del plan generó un debate entre quienes consideran que sería positivo crear un laboratorio lunar para estudiar efectos como la gravedad del satélite o la radiación sobre la salud humana y quienes creen que este tipo de instalaciones se convertirían en un sumidero para los fondos que se deberían dedicar a preparar un viaje a Marte. El plan Bush era aún más ambiguo respecto a sus planes de exploración del planeta rojo.

El panel del MIT reclama que la nueva Administración concrete sus objetivos en la Luna y Marte. “Las decisiones que se tomen tienen implicaciones inmediatas para la investigación y el desarrollo que se lleva a cabo en la Tierra y en la Estación Espacial Internacional”, se lee en el informe. “En investigación biomédica, por ejemplo, entre los problemas a los que se debe hacer frente durante una misión lunar que dure meses se encuentran la exposición a la radiación y el cuidado de astronautas heridos o enfermos. Por el contrario, planificar una misión de larga duración a Marte requiere el estudio de la pérdida de hueso, el debilitamiento muscular, la nutrición y otros asuntos como la respuesta del sistema inmunológico a las condiciones de Marte. En este sentido, se advierte que la NASA no está investigando en la actualidad las tecnologías que permitirían una presencia prolongada sobre el planeta rojo. La agencia espacial estadounidense se centra en tecnologías maduras (se están volviendo a utilizar tecnologías de los 60) y las ideas nuevas no están recibiendo el apoyo suficiente”, advierte el informe.