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Ni revoluciones ni olas migratorias en la lenta evolución del 'Homo sapiens' en África

El registro de 78.000 años de ocupación en una cueva en Kenia descarta saltos en el desarrollo cultural y la tecnología

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Entrada de la cueva de Panga ya Saidi, en Kenia. /MOHAMMAD SHOAEE

Ni revoluciones culturales ni autopistas migratorias. El retrato de los humanos que habitaron ininterrumpidamente una cueva en la costa de Kenia desde hace 78.000 años es el de una especie, la nuestra, de cazadores recolectores con capacidad para adaptarse al medio ambiente y sobrevivir. Lo hacían sin cambios bruscos en su desarrollo cultural, lento desde nuestra perspectiva, pero no inexistente. Aunque para entonces el Homo sapiens ya había empezado a salir de África, la costa este africana no parece haber sido el escenario de los grandes y dramáticos desplazamientos hacia el Levante en los que algunos especialistas creen.

Si nos sentimos tan lejanos de los principios de nuestra era, hace poco más de 2.000 años, por los grandes cambios que nos constan que se han dado en la manera de vivir desde entonces, nos puede resultar inimaginable que nuestros antepasados lejanos se desarrollaran de forma muy gradual durante un periodo 40 veces mayor. Sin embargo, eso es lo que muestra el registro arqueológico más extenso hasta la fecha en esa zona del mundo, obtenido en la cueva Panga ya Saidi de Kenia (en realidad un conjunto de cuevas de alrededor de un kilómetro de longitud) por un numeroso equipo de científicos dirigidos por el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana. Un registro fascinante por lo que indica sobre la evolución en paralelo de la tecnología y la flexibilidad que caracterizan al humano actual.

Aunque la cueva se empezó a ocupar de forma continuada hace 78.000 años no fue hasta 10.000 años más tarde que surgen las primeras innovaciones culturales, tecnológicas y simbólicas, señalan los investigadores. La zona era de bosque tropical y sabana, y durante toda la época estudiada –de mediados de la Edad de Piedra a la Edad del Hierro, muy cercana ya al inicio de nuestra era- se mantuvo estable climáticamente, a diferencia de zonas cercanas, lo que pareció hacerla especialmente atractiva para sus habitantes. La famosa megaerupción del volcán Toba, hace 74.000 años en Sumatra, no influyó en la ocupación de la cueva, lo que descartaría la hipótesis de que llevó a todas las poblaciones humanas de entonces a la casi extinción por la década de invierno de origen volcánico que la siguió.

En la cueva se observa una mezcla de tecnologías y no se aprecia un salto radical en el comportamiento

En la cueva, hace 67.000 años los instrumentos de piedra, incluidas puntas de flecha, empezaron a hacerse más pequeños pero se observa una mezcla de tecnologías y no se aprecia un salto radical en el comportamiento, lo que descartaría también que se dieran revoluciones culturales o cognitivas, indican los investigadores en la revista Nature Communications.

¿Pero qué han encontrado los científicos en los restos dejados por aquellos humanos y qué indica sobre su complejidad cultural? Lamentablemente no hay fósiles humanos, pero han hallado, además de más de 30.000 herramientas, huesos trabajados y tallados, cuentas y pruebas de la extracción y el uso del pigmento ocre (toda una industria desde el paleolítico). Las cuentas, tan importantes entonces, primero eran (debido a la moda o a las circunstancias) de cáscara de huevos de avestruz, luego de conchas marinas; después volvieron las de avestruz y más tarde otra vez las marinas. A pesar de que este hecho indica una conexión con la costa, ahora a 15 kilómetros de distancia de la cueva, no hay indicios de que los habitantes usaran los recursos marinos como fuente básica de alimentación.

Ocre trabajado, cuentas de conchas marinas, cuentas de huevo de avestruz, instrumento de hueso (izquierda a derecha) hallados en Panga ya Saidi./FRANCESCO D´ERRICO/AFRICA PITARCH

La complejísima investigación, que incluye medidas de paleomagnetismo, datación por diversos métodos de los niveles excavados, estudio de la fauna y la flora fósil y el análisis en laboratorio de todo lo obtenido, parte de las excavaciones realizadas entre 2010 y 2013 en este nuevo yacimiento. En los trabajos han participado los expertos españoles Julio Mercader, actualmente en la Universidad de Calgary (Canadá) y África Pitarch, en el CNRS francés.

En los niveles excavados correspondientes a hace entre 48.000 y 25.000 años se encuentran intermitentemente objetos de hueso, de colmillo y con ocre que pueden considerarse decorativos, lo que indica el desarrollo de complejidad cultural y pensamiento simbólico. Nicole Bolvin, directora de la investigación, explica que el interior costero del este de Africa se había considerado hasta ahora como un escenario marginal para la evolución humana, por lo que el descubrimiento de la cueva Panga ya Saidi cambiará con toda seguridad esta percepción. El estudio es el primero sobre la habitación humana de un ecosistema tropical, y la conclusión más general, al comparar estos resultados con los de otras zonas, es que en la época estudiada había en África diferentes poblaciones de Homo sapiens que desarrollaron a lo largo de miles y miles de años estrategias de supervivencia y nuevas formas de comunicación social adaptadas a las diversas condiciones medioambientales y climáticas a las que se enfrentaban.