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"Sólo tuve tiempo de coger a los niños y correr"

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Magela Scilnea estaba cocinando cuando la policía húngara aporreó la puerta de su casa. Eran poco más de las 12 de la mañana del pasado lunes, y una ola de lodos tóxicos de más de dos metros de alto se precipitaba sobre el pueblo en el que vive,Devecser. Los agentes le obligaron a salir de inmediato, sin concesiones.

'Sólo tuve tiempo de coger a los niños y correr', explica Scilnea en el patio de la parroquia donde ella y otras 20 personas viven desde el miércoles. 'Lo he perdido todo, no tengo ni casa, ni dinero, ni papeles', lamenta. La zona en la que vivía con su marido y sus cuatro hijos, de entre 14 y 2 años de edad, estaba cerca de las vías del tren, donde la riada causó más destrozos a su paso por este pueblo del suroeste de Hungría.

'Esta gente va a estar aquí varios meses', dice uno de los voluntarios de la Cruz Roja y Cáritas que han organizado el albergue provisional. 'Por ahora, tenemos material para mantenerlos aquí unas semanas, pero pronto vamos a necesitar más dinero si toda esta gente tiene que quedarse aquí', comenta.

Todos los realojados en esta parroquia son gitanos y, al contrario que la mayoría de la población en Devecser, no tenían a ningún familiar al que acudir.

Miedo a volver

'Mis padres no quieren que vuelva a clase porque creen que esto puede volver a pasar', comenta Ovsos, que también vive ahora en el albergue. Tuvo suerte de estar en la escuela en el momento en que llegó el lodo rojo. Cuando regresó a casa, después del colegio, el barro alcanzaba un metro y medio, a juzgar por la marca que hace con la mano en el dintel de la puerta del albergue. Ovsos cumplió 14 años dos días después de que el lodo arrasase su hogar. 'Estoy muy enfadada con la empresa que ha causado todo esto, sólo quiero volver a casa y olvidarlo todo', confiesa.

En medio de la confusión que aún rodea casi toda la vida en Devecser, los realojados tienen miedo de que el Gobierno derribe sus casas debido al vertido. Aunque aún está por determinar, es una opción probable, según Gyoryi Tottos, oficial de Protección Civil. Explica que un equipo de expertos del Gobierno analizará el estado de cada casa afectada. Si los cimientos siguen seguros y no hay riesgo para su salud, podrán volver. Si no, tendrán dos opciones: el Gobierno podría tirar la casa abajo y darles ayudas para buscar una nueva en otra zona del pueblo, o construir otra vivienda en el mismo sitio, para lo que también se otorgarían ayudas, señala Tottos.