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"Acabamos de fusilar al capitán"

El primer oficial asesinado por las tropas franquistas fue un precursor del motor a reacción

BRAULIO GARCÍA JAÉN

El 17 de julio de 1936 era viernes, los aviones de la base militar de Hidros del Atalayón, en Melilla, estaban desmontados para una revisión mecánica y la mayoría de la tropa, de permiso. El soldado Eduardo Sánchez disfrutaba del suyo en el bar que sus padres tenían en la ciudad. Pero recibió la orden de que tenía que volver al cuartel, a donde llegó en bicicleta a media mañana del día siguiente: 'La carretera estaba sembrada de muertos', recuerda su viuda, la poetisa Angelina Gatell. El soldado Sánchez encontró la base tomada por las tropas franquistas y a su mejor amigo, en un rincón de los hangares, sentado en el suelo, llorando y visiblemente 'perturbado': 'Acabamos de matar al capitán Leret', le dijo. Había empezado la Guerra Civil.

'A mi padre lo fusiló un pelotón que obligaron a formar a sus propios soldados', dice Carlota Leret O'Neill, la hija menor de Virgilio Leret Ruiz (Pamplona, 1902-Melilla, 1936), el primer oficial fusilado por los golpistas, aviador e ingeniero y uno de los precursores del motor a reacción. Algo que su hija, que vive desde finales de los años cuarenta en Caracas, Venezuela, no supo hasta hace ocho meses gracias a Gatell (Barcelona, 1926), que le escribió para contárselo. Esta semana se ha estrenado un documental (en el Círculo de Bellas Artes y en Euskal Telebista), Virgilio Leret, el caballero del Azul, que rescata la vida y la personalidad de este militar fiel a la República y pionero de la aviación.

Patentó su motor en 1935, cuatro años antes del primer vuelo a reacción

El documental enfoca, además de la lealtad republicana de Leret, que defendió la base hasta quedarse sin munición, su talla intelectual y científica. El primer avión con motor a reacción, diseñado por el alemán Hans von Ohain, voló en agosto de 1939, al filo de la Segunda Guerra Mundial. Cuatro años antes, sin embargo, el propio Leret ya había patentado su invento en España y, de no ser por que la Guerra Civil estalló ese verano, habría empezado a construirlo en septiembre de 1936. 'Azaña tenía mucho interés en que se empezaran a hacer las pruebas de lo que habría sido el primer motor a reacción del mundo', cuenta Carlota. En 2008, la Fundación Aena, que ahora ha producido el documental junto a la televisión vasca, organizó una exposición en torno a los descubrimientos de Leret. El caballero del Azul es el pseudónimo con el que firmó un libro de relatos.

Carlota Leret, que se resiste a confesar su edad: '¡Casi cien años!', dice riéndose, emprendió un viaje decidido a rescatar la memoria de su padre tras el fallecimiento de su madre, la escritora de origen mexicano Carlota O'Neill, en 2000. Después de encontrar el registro oficial de la patente, Leret O'Neill regresó a Melilla, donde la Guerra la había sorprendido junto a sus padres y su hermana mayor, para rastrear la tumba y las circunstancias de la muerte de su padre, jefe de la zona oriental de las Fuerzas Aéreas en África.

Según un informe secreto, fue fusilado «semidesnudo y con un brazo roto»

El expediente oficial que halló, donde se relata que había sido fusilado cinco días después del comienzo de la Guerra, resultó falso. Un informe secreto elevado por un teniente huido del bando nacional al Partido Comunista en 1937, y que un mando militar actualmente en activo le remitió luego a Carlota Leret, así lo revela: 'El capitán Leret fue pasado por las armas al amanecer del 18 de julio, semidesnudo y con un brazo roto.' Junto a él fueron fusilados dos alféreces: Armando González Corral y Luis Calvo Calavia.

La tumba del cementerio sobre la que años atrás ella misma había depositado un ramo de flores, tampoco alberga el cuerpo de su padre. El soldado Sánchez siempre recordó las palabras de su amigo y así lo contó a sus hijos y a su mujer: que al cadáver de Leret se lo habían llevado aquella misma mañana en un camión. 'Eso de que lo enterraron en un cementerio es mentira', asegura a Público su ahora viuda, Angelina Gatell.

Carlota O'Neill (Madrid, 1905-Caracas, 2000) fue encarcelada en Melilla y sus hijas enviadas a un colegio de huérfanas militares en Madrid. En la cárcel recibió la maleta que contenía los planos y la memoria del motor turbocompresor, consiguió sacarlos envueltos en ropa sucia y ponerlos a salvo en casa de una compañera presa. Ya en libertad, en el otoño de 1941, la autora de Una mujer en la guerra de España entregó los planos al agregado aéreo de la Embajada británica en España. 'Mi madre pensó que los planos podían ayudar a los aliados, que estaban perdiendo la guerra', cuenta Carlota, en su casa de Madrid. Él murió poco después en el frente de la II Guerra Mundial.

Carlota O'Neill, junto a sus hijas, se exilió a Venezuela en 1949. Más de 20 años después, escribió al Foreing Office británico para reclamar los planos. Murió sin obtener respuesta. El primer avión con motor a reacción británico, diseñado por Frank White,despegó en 1942. De no haber sido por la Guerra Civil, cuenta el ingeniero aeronáutico Martín Cuesta Álvarez en el documental, quizá ese 'honor' habría correspondido también al capitán Virgilio Leret.

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