Público
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Un autobús con camas y zona de fumadores, y una botella de Anís del Mono, con Mojinos Escozíos

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Siempre quedamos en el mismo sitio. La hora depende del sitio al que vayamos. Nuestra costumbre es llegar a los sitios en los que tenemos concierto a la hora de comer. Nadie tiene huevos de llegar tarde. Si lo hacen saben que tienen que vérselas conmigo, que siempre llego puntual.

El último concierto fue en Elche, así que nos vimos a eso de las 7 de la mañana. El camino en el bus lo hacemos durmiendo. La parte de abajo es una especie de salón, y la de arriba son camas. La gente se piensa que la liamos, pero no: de vez en cuando nos fumamos un cigarro en la parte de abajo (que es en la única parte en la que se puede fumar) y luego a dormir hasta que llegamos.

En el sitio, comemos. ¡Nos hinchamos a comer! No tenemos ningún tipo de problema: patatas, lentejas, judías... ¡Lo que sea! Y cuando acabamos, a dormir otra vez, mientras los técnicos se van a preparar las cosas a la sala. Luego vienen a despertamos, e intentamos salir para estar en la sala una hora antes de la actuación. Si tenemos algún colega en ese sitio aprovechamos para verle, sino pues hacemos lo normal: nos tomamos nuestras cervezas y comemos algo. Casi nunca cenamos demasiado, y suele ser un catering frío. No somos muy exigentes, pero sí se agradece que, por ejemplo, allá algo típico del lugar. Y luego, lo que sí que pedimos que haya es una botella para cada uno (que si ron, que si vodka...) y una de Anís del Mono, para echarnos nuestros tragos antes de salir al escenario.

'Pedimos que haya es una botella para cada uno (que si ron, que si vozka...) y una de Anis del Mono, para echarnos nuestros tragos antes de salir'

Cuando nos avisan de que salimos, juntamos todos las manos y damos un grito para liberar energía. El músico que diga que no está nervioso antes de salir al escenario es mentira. Por muchos años que pasen, siempre se tiene el nudo en el estómago, aunque sí es verdad que después de haber dado tanto conciertos y de tantos años pues uno va conociendo a la gente, y va sabiendo lo que la gente quiere. En Elche ya hemos actuado seis veces, entonces salir a tocar es como darse un paseo por casa. Sabemos que la gente responde bien, que les somos simpáticos y nosotros intentamos que se diviertan.

Desde que salí en el programa, siempre me piden que baile. Y yo, siguiendo la broma, pues bailo. Gracias a mi participación en Más que baile he llegado al público femenino, que eso no era algo que pasara antes. Pero también era el objetivo con el que yo fui: que no nos parase más gente por la calle preguntando si nos habíamos separado.

Cuando acaba el concierto, nos quedamos un rato a saludar a la gente que quiere que les firmemos o que nos hagamos una foto. No nos corremos grandes juergas, porque normalmente al día siguiente siempre tenemos ora actuación y yo si me pego la fiesta padre esa noche, al día siguiente no soy persona para subirme al escenario. Así que después, si hay menos de 300 kms hasta casa, nos vamos allí; sino, pues nos quedamos y dormimos en el hotel. Hasta el día siguiente, que madrugamos para ir al próximo concierto. En el autobús, más de lo mismo: nos tiramos cuatro pedos y a dormir. Eso es todo.