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"Cambié la comunión por un partido de fútbol"

Ex futbolista. Antes que delantero, se vio manguera en mano queriendo ser un superhéroe. Pero el duende se le manifestó con el balón

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Un Tango, el balón más anhelado por la generación que creció a principios de los ochenta, es lo que Kiko Narváez luce orgulloso en la parte interna del bíceps de su brazo derecho. Kiko es la voz mordiente, salà y futbolera de las retransmisiones ligueras de La Sexta, que regresan este lunes desde el Vicente Calderón. 'Quería dibujarme un andamio al lado, porque si no llega a ser por esta, ahí es donde habría acabado', dice señalando, agradecido, la pelota tatuada.

'Con 9 o 10 años, quería ser bombero. Me llevaron a la típica excursión a un parque y me cautivó la indumentaria, el casco... Y eso de salvar a la gente hacía que les viera como a superhéroes'. Kiko rememora su aspiración infantil con el mismo empeño con el que pretendió concretarla. La perra de la manguera y el uniforme la estiró hasta la mismísima iglesia: 'Quise hacer la comunión vestido de bombero. Al final fue en chándal porque el día que la tenía que hacer se jugaba la final del campeonato alevín de Jerez. Me dieron a elegir y la cambié por el partido de fútbol. En casa estaba la típica foto de comunión de mi hermana, pero mía no había'.

'Si no llega a ser por la pelota, habría acabado en el andamio'

Para los que no le vieron jugar, Kiko interpretaba el fútbol con mucho duende de frente y de espaldas a la portería. Quizá porque se crió en la calle y eso obliga a tener ojos hasta en el cogote. Creció en una de esas barriadas andaluzas que filosofa en chanclas y camiseta de tirantes, que chismorrea entre sonrisas y quejíos, según pinten el día o la noche.

'En mi barrio había tres plazoletas y 18 bloques. Por las noches, mientras nosotros jugábamos al fútbol, los vecinos se sentaban en los portones. No hacía falta nada para que en cinco segundos y, de fondo, se empezaran a escuchar bulerías'. En aquellos años conoció al Tanata. 'Era mi vecino de arriba y fue mi sombra. Siempre estuvo conmigo. Me decía: Cabezón, tú vas a llegar'. Yo era un vinagre que me quejaba por todo y él me tranquilizaba. Se me murió hace un mes de cáncer, era el hermano que no tuve, estaba más pendiente de mí que de él mismo'.

Kiko, camisa blanca desabotoná, moreno y de barba Camarón, 'de Jerez, qué pasa', es uno de esos tipos que podría contar una vida entera en clave de personajes cuyas anécdotas construyen porciones de realismo andaluz . '¿Que si tuve un colega gallumbero (porteadores de fardos de hachís en la costa gaditana)? Sí, un flamenquito con mucho corazón. Un día la Guarda Civil le preguntó en la playa qué hacía allí. Se puso nervioso. Les dijo que estaba pescando. Le preguntaron por las cañas y mi colega empezó a gritar ¡uhhhh, ay, ay, ay, que me las han robado'. Dos años y medio en el talego'

'Cinco años en una pensión me sirvieron para plantar cara a los contratiempos'

Kiko narra este episodio con normalidad, acepta ese tipo de realidades sin estridencias, aunque le duelen. Las caricaturiza con sensibilidad de chico de barrio, contextualizando el hecho y personaje. Lo hace hasta con él mismo: 'Con 13 años, bajito y cabezón, me fui solo a la pensión Leo de Cádiz. Mi madre me compró una bolsa Puma enorme. Los mayores se cachondeaban, decían que hasta yo podía meterme dentro. En esa bolsa también viajaba el miedo a la soledad de un crío que dejaba su casa'.

Fueron tiempos de crecimiento físico y picarón. 'A los 16 años, ya tenía la mejor habitación. Aquellos cinco años en la pensión me sirvieron para el día a día, para encararme a los contratiempos'. El mayor de ellos se lo dieron años más tarde los tobillos, los mismos que le engrandecieron como futbolista, que le permitían ejecutar pases de espaldas que sólo el veía. Los tobillos le hicieron retorcerse de dolor hasta obligarlo a una retirada prematura con apenas 30 años.

Desde entonces, televisión, radio y hasta anuncios publicitarios. 'Me temo que esta Liga será más de lo mismo, cosa de dos', reflexiona. 'Lo que más me ilusionaría es poder comentar que este es el año de la explosión definitiva del Kun', prosigue. Ve favorito al Barça de su amigo Guardiola, a cuyos silencios en el banquillo les saca punta: 'Pep podía estar tres días sin parar de hablar, y una mañana se levantaba y ya no hablaba. Entonces, Luis Enrique y Abelardo decían: Mira el Pepino, ya está en off otra vez' . ¿Y Mourinho? 'Ese es camaleónico'.