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Cézanne sube al paraíso del crudo

La familia real de Qatar pulveriza todos los récords al pagar 191,6 millones de euros por 'Los jugadores de cartas'

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Así como lo más importante para Paul Cézanne era que el pintor se adaptara al color, no que el color se adaptara al pintor, lo esencial para el rico es que su dinero se adapte al mercado del arte, no el mercado del arte al dinero.

Se ahorraría mucho dinero si fuera al revés, pero cuando en una subasta aparecen ciertos nombres, el mercado se dispara a las nubes. En este caso nubes negras y brillantes, el color del petróleo sumergido en Qatar, donde el emir y su corte quieren colocar al país al frente de la prosperidad de la primera mitad del siglo XXI, gracias al prestigio que ofrece el arte moderno y contemporáneo.

Qatar quiere crecer al calor del prestigio que ofrece el arte moderno

Juntar en la misma venta a Cézanne (muerto hace 106 años) y a Al-Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al-Thani (de 28 años de edad), a la sazón decimocuarta hija del emir de Qatar, presidenta de la junta directiva de la Autoridad de Museos de este país y persona más poderosa en el mundo del arte, según la revista Art & Auction, hace que el dinero se multiplique sin fin.

Tal y como revelan meses después de la compra el diario The Daily Telegraph y las revistas Vanity Fair y Arts Newspaper, la pieza Los jugadores de cartas fue comprada por la familia real de Qatar por 191,6 millones de euros, superando aparatosamente los 107 millones pagados por No. 5, 1948, de Jackson Pollock. Aunque al tratarse de una venta entre particulares será más que difícil certificar la veracidad de las cifras, dada la opacidad con la que se resuelven este tipo de transacciones.

Al-Mayassa, de 28 años, es la persona más poderosa del mundo del arte

Los jugadores de cartas es una serie de cinco lienzos que Cézanne pintó entre 1890 y 1894. Era el único de los cinco que se mantenía fuera de un museo y, además, estaba considerado la obra más importante del pintor francés en manos privadas, concretamente en las del empresario naval griego George Embiricos que antes de morir el pasado año decidió ponerla en venta. Ante una pieza como esta sólo hay dos posibles compradores: la familia real de Qatar o Larry Gagosian.

Pero Al-Mayassa cuenta con todo a su favor para llenar los cuatro museos que dirige (dos de ellos sin abrir aún) con una colección de primera clase de arte moderno y contemporáneo: presupuesto ilimitado en sus previsiones de compra de arte y un mercado rendido a sus pies. Entre 2005 y 2011, las exportaciones culturales de Qatar ascendieron a más de 320 millones de euros, gracias a la adquisición de obras de Rothko o Warhol, por ejemplo.

Por supuesto, la hija del emir también ha comprado a los mejores especialistas: después de 30 años, Edward Dolman abandonaba el pasado junio la casa de subastas Christie´s para formar parte de la Autoridad de Museos de Qatar, como director ejecutivo y trabajar en el asesoramiento de adquisiciones para la red de museos, que pretenden poner en marcha antes de la celebración del campeonato del mundo de fútbol, en el año 2022.

La joven jeque Al-Mayassa, licenciada en ciencias políticas y literatura, en la Universidad de Duke (Carolina del Norte, Estados Unidos), ostenta un amplio historial filantrópico, que abarca más allá del arte y llega al apoyo de los más desfavorecidos en el continente asiático. En la página web de los museos que regenta se presenta junto a unos principios resumidos en una frase lapidaria: 'Lo que se ha logrado en el pasado, debe ser transformado en un futuro vivo'.

Después de hacerse también con el futuro, Al-Mayassa ha encargado proyectos a Richard Serra, a Jeff Koons y al artista japonés de Pop-art Takashi Murakami, que inaugura en Doha la exposición ampliada que se pudo ver el pasado otoño en Versalles, patrocinada, por supuesto, por Qatar.

La misma operación se repetirá con Damien Hirst, en la Tate Modern londinense, el próximo mes de abril, con una gran exposición del artista inglés con la que se culmina la olimpiada cultural de Londres este año.

Mucho pop da para mucha propaganda. En Qatar siguen el modelo de espectáculo de Abu Dhabi, pero nacionalizado. Siempre que las reservas de petróleo y gas natural estén llenas, la cultura estará a salvo.