Publicado: 13.07.2016 16:41 |Actualizado: 15.07.2016 07:00

“El cine sirve para decir que los gays estamos ahí, como los negros, como las mujeres…”

Olivier Ducastel y Jacques Martineau codirigen ‘Théo & Hugo, París 5.59’, una tierna historia de amor entre dos hombres que arranca con una secuencia de veinte minutos de sexo explícito, alerta sobre el tratamiento post contagio del VIH y que ganó el Teddy Award en Berlín.

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Theo and Hugo

Theo and Hugo

MADRID.- Una secuencia de casi veinte minutos de sexo explícito en un cuarto oscuro de París abre ‘Théo & Hugo, París 5.59’, la nueva película de la pareja cinematográfica formada por Olivier Ducastel y Jacques Martineau. Dejando a un lado a quienes acudan a ver el filme solo por el morbo de contemplar este arranque, el espectador se descubrirá muy pronto siguiendo mucho más el juego de miradas entre los dos protagonistas que los genitales de los actores que participan en esta coreografía.

Y es que ‘Théo & Hugo’, protagonizada por dos jóvenes casi debutantes, Geoffrey Couët y François Nambo, es una historia de amor “sin dramatismos y sin excesos”, casi documental, con la que los cineastas, de paso, alertan sobre el estado actual del tratamiento posible post contagio del VIH. Retrato también de la realidad social hoy en Francia, los personajes recorren en ‘tiempo real’ distintos lugares en una noche en París y muestran a sus pobladores. “¿Te has dado cuenta?” pregunta Hugo a Théo. “Sí, los peores trabajos se los dan a las mujeres”. “Bueno, el guardia jurado es un hombre”. “Es negro y, además, ese trabajo implica cierto poder”. El filme ganó el Teddy Award en Berlín.



Un arranque de casi veinte minutos de sexo explícito en un cuarto oscuro les iba a dar problemas con la calificación de la película…

Olivier Ducastel.- Para nosotros no era un problema, al menos no un problema mayor, porque esa era nuestra opción. El problema de este arranque estaba más allá, en la forma de financiación de la película, en la que no iban a entrar las televisiones, pero nosotros hemos aprovechado para usar bien esa libertad que nos daba esto en el cine.
Jacques Martineau.- En el cine hay una tendencia a autocensurarse en la representación de la sexualidad. Lo propio es no mostrar a los espectadores el aparato genital, siempre se para el cuadro en el mismo sitio. Es una autocensura a veces impuesta también por el propio espectador.

Es una escena donde, a pesar de todo, consiguen desviar la atención hacia el juego de miradas de los personajes. ¿No era arriesgar demasiado?

J.M.- No queríamos una secuencia que tuviera todo el enfoque en el sexo y en las pollas, lo que queríamos era subrayar un encuentro amoroso en un lugar en el que también hay sexo. La idea no era que el espectador se dedicara a buscar un pene en erección, sino que siguiera el encuentro de miradas. Teníamos cierta inquietud, es verdad, pero al final creo que lo hemos conseguido porque la secuencia no crea nada de mal rollo.

Theo and Hugo

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¿Este tipo de películas puede neutralizar de alguna manera la ola de homofobia que se extiende por el mundo?

O.D.- Bueno, las manifestaciones en Francia contra los matrimonios gays fueron tremendas. A priori, quienes van a ver esta película son convencidos, pero ya es algo que se demuestre su existencia, eso sirve para decir que los gays estamos ahí como los demás, como los negros, como las mujeres… Hacemos, por lo menos el trabajo de decir que estamos ahí. Y contamos con una virtud psicológica muy de los gays que es saber que existe la película, aunque no la vean.

Su película es, al menos para las mujeres y, seguramente, para los hombres heterosexuales, muy didáctica. ¿Era su intención?

O.D.- Es un casi documental, muy especialmente cuando nos referimos al estado actual del tratamiento posible post contagio del VIH. Queríamos que esto también lo viera la gente más joven sobre todo, quería exponer la posibilidad de tratamiento, decir lo que se puede hacer ante un posible contagio.
J.M.- Por otro lado, en cuanto a la homosexualidad, queríamos una película que fuera honesta y clara. Es una historia de amor entre dos homosexuales que queríamos contar sin dramatismos y sin excesos. Una mujer me dijo después de una proyección que no sabía que los homosexuales podían ser tan tiernos y yo me alegré mucho.

Los personajes se encuentran con un arquitecto sirio que ha huido de la guerra, con un hombre que va a urgencia del hospital para no estar solo, con una mujer mayor que limpia en un hotel para que le quede una pensión decente… ¿el posible contagio de Théo se hace menos grave?

O.D.- Sirve para quitarle hierro a ese problema, sí, pero la intención principal era que estos dos personajes vivieran su historia, pero se abriesen al mundo. Por la noche París está lleno de exiliados, de solitarios, de personas con problemas de dinero. Los infelices de la sociedad se ven más en la noche. Théo y Hugo llegan a romper esas soledades por el problema que ellos tienen.

Contar la historia en lo que se llama tiempo real en el cine ¿qué propósito tenía?

J.M.- La temporalidad era importante para provocar un sentimiento realista y dar verosimilitud al amor. Conseguimos la densificación de lo real por el uso del tiempo real.

Se conocen y están juntos unas horas y se van juntos. ¿Es posible que nazca un amor así en tres, cuatro horas?

J.M.- El amor en la película nace de hecho en el minuto 10, en ese momento los personajes se enamoran. Eso es fácil cuando estás haciendo el amor, lo difícil después es decirlo. En esta historia los personajes están obligados por las circunstancias a ir más allá, más lejos y más rápidamente. Pero sí, es tiempo suficiente para que pase eso.
O.D.- Teníamos otra versión del guion más realista que se desarrollaba en 28 días, pero era todo más tedioso cinematográficamente. El amor es cuestión de imaginación, decidido así, nos lanzamos. Hugo es de los que deciden no parar y seguir adelante y lo hace.