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El club de los expulsados

Cuatro diseñadores con experiencia en Cibeles narran las razones de su veto y lanzan propuestas de regeneración

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La optimista y necesaria apuesta que Pasarela Cibeles ha emprendido para modernizar y democratizar su modelo de gestión, ha dejado en el camino injustas –o por lo menos arbitrarias– expulsiones de su calendario. Diseñadores que de la noche a mañana han visto truncados sus sueños y esperanzas profesionales, sin saber muy bien a qué se debe tal decisión.

“Entrar en Cibeles supone un empuje muy fuerte, sobre todo a nivel mediático. Y si además tienes un background bueno, como era nuestro caso, el empuje se vuelve mucho mayor”, comenta el diseñador José Ramón Rocabert, quien un buen día, tras dos desfiles en Cibeles, se encontró compuesto y sin pasarela: “Nuestra baja nos la comunicó la directora de Cibeles, Cuca Solana. La única razón que se nos dio fue que era un tema de rotación de diseñadores. A día de hoy, ni oficial ni extraoficialmente, nadie nos ha dado otra explicación”.

Retirada sin retorno

Inés e Iván, componentes de la firma La Casita de Wendy, confirman la importancia que para una marca significa acceder al calendario de la Pasarela, ya que “genera mucha repercusión en los medios: la ropa se ve más en periódicos, telediarios y programas de corazón”. A pesar de que en reiteradas ocasiones la dirección ha declarado ser la directa responsable de su cese en el certamen, ellos corrigen esta información. “Fuimos nosotros quienes decidimos irnos, nos suponía demasiado trabajo y energía, y no nos aportaba más ventas en un momento en el que estábamos enfocados en nuestra expansión internacional. Le planteamos a la organización retomar nuestra participación una vez hubiésemos atendido la demanda exterior”.

Lo curioso es que actualmente, con más de 120 puntos de venta en España y 20 en el extranjero, dos líneas de ropa y licencias para la producción de accesorios (algo que supera con creces las cifras de otros creadores inamovibles de Cibeles). Y cuando han intentado regresar a la pasarela madrileña: “No se nos ha permitido. Actualmente llevamos cuatro temporadas enviando dossieres, llamando y pidiendo un hueco”, reconocen.

La 'peor colección'

Más inexplicable aún es lo sucedido con Roberto Diz, su primer y único desfile en Cibeles, donde se empleaban iconos de la imaginería fetichista, parece que perturbó a las conciencias bien pensantes de Cibeles. “Me enteré de mi expulsión a través de una llamada telefónica. La directora me dijo que mi propuesta había sido “la peor colección de la semana de la Pasarela Cibeles”, y que por eso no volvería a desfilar. La pregunté que quién pensaba así y aludió a un supuesto comité”, recuerda el diseñador. Un comité del que ni Diz ni nadie ha conocido nunca sus nombres.

Se busca independencia

A pesar de sus desencuentros con la organización, todos afrontan los aires de cambio de Cibeles con esperanzas renovadas. Rocabert apuesta por la creación de un comité de selección: “Necesitamos independencia y transparencia, un comité que asegure que el trabajo de los diseñadores sea el que de derecho a estar ahí y no otras razones. Ahora existen firmas que pese a tener edición tras edición criticas negativas, siguen participando”, se queja Rocabert.

Inés e Iván también ven necesario la creación de una comisión, porque “al fin y al cabo los organizadores de Cibeles actualmente no son expertos en moda”. La pareja que forma La Casita de Wendy piensa que un equipo de expertos valoraría más la creatividad y lo que los diseñadores aportan a la imagen de moda española que de ella se tiene en el mundo.

Roberto Diz pretende llegar al reflejo del sistema español en las pasarelas internacionales, lo que sería una auténtica y profunda renovación: “Habría que privatizar la pasarela. Creo que no existe ninguna fashion week importante en el mundo sustentada por dinero público y gestionada por políticos”, defiende.  

Su reflexión no es una suposición, porque no existe ni una pasarela relevante en el panorama internacional con el modelo de gestión de Cibeles. Mientras en París y Milán cada diseñador costea íntegramente los gastos de su desfile, sin subvención gubernamental alguna, en otras como Nueva York es una empresa privada(el gigante IMG) quien controla los designios económicos del certamen.

Después de que la dirección ya ha asumido que Pasarela Cibeles necesita importantes cambios y está dispuesta a escuchar la opinión de sus protagonistas (los diseñadores), los cambios ayudarán a relanzar la imagen de la moda española en todo el mundo, que de momento está del todo perdida.