Publicado: 12.12.2014 07:00 |Actualizado: 12.12.2014 07:00

Dietrich Brüggemann: "Todos los fundamentalismos comparten ADN"

El cineasta hace una rotunda denuncia de los fanatismos en 'Camino de la cruz' desde una osada apuesta visual, el personal 'vía crucis' de una niña contado en cuadros fijos. La película, vencedora en la Seminci, con

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Joseph Ratzinger rehabilitó al obispo Richard Williamson después de que éste dijera que el Holocausto no había existido y que no hubo cámaras de gas. Un episodio como aquel, de alto contenido ideológico y nacido del fundamentalismo religioso (el obispo pertenecía a la rígida congregación de Pío X), animó definitivamente el proyecto de los hermanos Dietrich y Anna Brüggemann, decididos a explorar el territorio de los fanatismos desde su propia experiencia. Director y guionista de Camino de la cruz, su película, una rotunda denuncia de esas doctrinas radicales, se alzó en el Festival de Berlín con el Premio al Mejor Guion y el Premio del Jurado Ecuménico, y con los de Mejor Película, Premio FIPRESCI y Premio del Jurado Joven en la Seminci de Valladolid.

Rodada en varios cuadros fijos, que se corresponden con las ‘estaciones del vía crucis', la película cuenta la historia de una adolescente, María, educada en una familia perteneciente a la congregación de Pío X. Las exigencias que le impone la severa fe católica en la que está creciendo la empujan más y más hacia la oscuridad. Y la niña comienza su personal 'vía crucis', un camino despiadado, bárbaro, de renuncias, sacrificios y dolor, un recorrido hacia la cruz. La joven actriz Lea Van Acken, que debuta aquí, es la protagonista. La acompañan Franciska Weisz, Florian Stetter y Lucie Aron.

¿Por qué decidió hablar del fundamentalismo religioso desde la congregación de Pío X?

Mi padre era de esa comunidad religiosa tan estricta, la congregación de Pío X, y de pequeños solíamos pensar que la religión era así. Pero aquello duró poco porque no tenía ni pies ni cabeza. No fue como el caso de la película, pero a mí me marcó para siempre y me ha llevado a pensar en estos temas religiosos y filosóficos. Quería explorar el fanatismo y no quería hacerlo desde los baptistas o los musulmanes o... Creo que hay que contar cosas de las que uno sabe y este era buen momento para esta película. Los fundamentalismos, al fin y al cabo, son todos parecidos. Todos tienen normas muy rígidas sobre sexualidad, para todos la música moderna es diabólica o demoniaca o incita al pecado, como la danza, todos dicen que hay que saber gobernar el instinto... es lo mismo, comparten ADN.

¿Por qué cree que es un buen momento para esta película?

Porque hay una especie de regreso a la religión, al menos es lo que yo percibo. Y los fundamentalismos brotan por todas partes. Tal vez es la reacción de un mundo que ve que las cosas cambian muy rápidamente, en el que parece que nada tiene sentido... En los informativos, si abres el periódico... lo ves constantemente, cristianos radicales en EE.UU., hindúes radicales, evangelistas locos, musulmanes extremistas... yo quería explorar cómo piensa toda esa gente, cómo llegan algunos a poner bombas...

Camino de la cruz cuenta también cómo unos padres pueden someter y abusar de sus hijos, en este caso, utilizando la religión. ¿Querían llegar ahí?

Sí, a la forma de ejercer el poder y el control sobre los demás. Lo que pasa es que en las familias generalmente el malvado es el padre y aquí nosotros hacemos que sea la madre, lo que ha creado cierta fascinación, seguramente porque es muchos más escabroso. Y, sí, aquí la religión es la herramienta, pero en realidad vale cualquier ideología y puede servir cualquier cosa que les venga bien a los padres.

¿Esa decisión del personaje de la madre es un elemento de provocación?

Cualquier historia buena necesita un tipo de provocación, de agitación... Siempre debe haber un ‘y si'. Hay que atreverse a hacer esa pregunta provocativa.

¿Hay en la película intención de ir un paso más allá de la crítica al fanatismo?

Sí. Creo que hay que criticar ciertas cosas, pero también hay que intentar hacer crítica de tus propias críticas. Con una película se puede ser muy propagandístico y se puede dar un mensaje machacón y simple. Y hay que intentar ser más cubista, más multifacético, más didáctico...

Camino de la cruz está rodada en cuadros fijos, ¿era una manera de reflejar el inmovilismo de la congregación de Pío X o la apuesta estética se debe a otra cosa?

No tiene nada que ver con el aspecto religioso, nada que ver con la rigidez de la religión... Técnicamente es una liberación y una experiencia maravillosa para todos, también para los actores que no tenían que repetir y repetir. Es una manera de poner el énfasis en lo que es importante y, además, se deja todo el juicio al público.

¿Cómo ha sido la reacción a la película en Alemania?

Bastante buena. Excepto algunos críticos que van a por mí desde que dije que el cine de arte y ensayo alemán de hoy era bastante aburrido, el resto ha sido muy bueno. La iglesia también la ha acogido bien, porque ellos también tienen problemas con estos extremistas.

¿A qué cine se refiere con el de arte y ensayo?

A lo que se conoce como la  ‘nueva escuela de Berlín'. Son ‘bressonianos', ‘antonianos'... no cuentan historias, sus personajes son muy vagos... les respeto, pero no les admiro. Son rígidos, previsibles. Creo que alguien tenía que levantarse y decirlo y lo hice yo en mi blog y las visitas comenzaron a subir muchísimo. La calidad no se determina por los movimientos sino por los individuos.

Al parecer lo próximo que hará sería una comedia sobre los neonazis...

Sí. Y a la pregunta de si se puede hacer comedia sobre ello, diré que sí. Ahora, a la pregunta de si será divertida, no puedo contestar. Siempre se puede hacer comedia sobre las opciones deliberadas de las personas, pero no deber hacerse sobre los rasgos definitivos, como la homosexualidad, la discapacidad...

Y si, como usted dice, hay que hablar de lo que uno conoce, ¿esa película hablará de...?

De cómo un país resulta demasiado tonto para no darse cuenta de lo que está haciendo un grupo de gente. Hay quien dice estupideces en la televisión pública y luego la gente sigue esas ideas. Eso lo conozco muy bien.

Y ¿cuál es su referente para una comedia así?

Roy Andersson. Es honesto, brutal, adora a sus personajes y nunca escoge el camino fácil. Sus personajes ofrecen un aspecto de absoluta realidad. Eso le distingue de otros ‘santos'. La gente habla de Haneke, por ejemplo, pero cuando veo sus películas no tengo la sensación de ver personas reales. Otro referente es Brazil, de Terry William.